La corrupción desde la psicología

María Jesús Álava
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Siempre ha habido personas sobornables y las seguirá habiendo si las consecuencias no son suficientemente disuasorias

La corrupción desde la psicología - Foto: Imagen de storyset en Freepik

Muchas personas pensarán que la corrupción ha existido desde el principio de los tiempos. Y es cierto, puede haber corrupción en cualquier ámbito.  En este artículo, vamos a tratar de aproximarnos al perfil de la persona corrupta, a través de la psicología.

¿Hay un perfil característico de las personas corruptas?

Sí, hay una serie de predisposiciones que hacen más probable que alguien pueda caer en la corrupción. En general, las características que suelen acompañar a estas personas son:

- Ambición desmedida. De poder, de dinero, de riquezas, de ostentación externa de signos de triunfo.

- Inflexibilidad con los demás y laxitud con ellos. Siempre disculpan y justifican lo que ellos hacen. No se sienten culpables por sus conductas.

- Egoísmo y falta de empatía. Solo piensan en ellos y se muestran indiferentes e insensibles hacia las circunstancias o dificultades de los demás.

- Cierto resentimiento, incluso afán de venganza. En el fondo, son personas inseguras e inmaduras, que tratan de reafirmarse comprando bienes, poder o todo aquello que son incapaces de conseguir por medios lícitos.

- Se consideran más listos que los demás y son muy manipuladores.

Desde la psicología, ¿cómo una persona llega hasta ahí?

Cuando reúne las características que acabamos de describir y cuando se encuentra en una situación donde ve la posibilidad de poder llevar a efecto sus actos de corrupción.

Hay que tener una escala de valores muy clara para que, aunque las circunstancias sean favorables, no caer en la «tentación»; pero estas personas, si ven la oportunidad, les resulta irresistible y se lanzan a por todas; y lo hacen especialmente cuando las consecuencias a corto plazo son muy satisfactorias.

¿Son más importantes los antecedentes o las consecuencias?

Las conductas dependen básicamente de tres factores:  de los antecedentes (circunstancias que ocurre en ese momento), de nuestra forma de ser y enfocar la vida (cómo pensamos cada uno de nosotros) y de las consecuencias que siguen a nuestras conductas.

El cóctel para la corrupción se da cuando la persona carece de valores y de ética, y es capaz de justificar cualquier actuación por su parte.

Los tres factores son claves, siempre ha habido y habrá personas corruptas, pero los actos de corrupción se incrementarán cuando las consecuencias no son suficientemente disuasorias y cuando su aplicación no es inmediata.  

¿Cómo puede actuar la sociedad para evitar la corrupción?

No facilitando los mecanismos que la permitan y actuando en lo que sí depende de la sociedad. En definitiva, siendo más previsora para evitar un exceso de poder o de capacidad de influencia o manipulación, en función del cargo o de la posición; pero, muy especialmente, haciendo que las consecuencias sean acordes con el hecho de corrupción que se ha cometido. Es decir, que no salga gratis, que la persona devuelva lo que ha sustraído o lo repare convenientemente, que nunca resulte barata la corrupción y que la pérdida de prestigio, poder, bienes y valoración sea inmediata. 

El corrupto solo se lo piensa y es capaz de controlar su impulso cuando siente el peligro real de que le descubran rápidamente y caigan todas las consecuencias de inmediato; de tal forma que le impidan enriquecerse o lucharse con lo que pudiera hacer. 

La sociedad debería velar porque las consecuencias fueran inmediatas y la persona o personas corruptas tuvieran que restituir siempre lo que hubieran hecho; de lo contrario, con frecuencia pueden pensar que, si les cogen, el precio que tienen que pagar, les compensa. 

 

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