Editorial

Un gran trabajo que merece ser reconocido y destacado

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Con notable frecuencia y en todos los ámbitos y lugares ocurre que, cegados por el último fogonazo, un árbol no nos deja ver el bosque. Estamos tan cerca de su tronco, ramas y hojas que no percibimos las dimensiones, distancias, características, calidades y cualidades de todo el monte. En parte, esta injusticia tiene su lógica. Pero el problema llega cuando esa miopía se practica de forma intencionada, con manipulación, visiones sesgadas y segundas intenciones. Y mucho peor cuando, además, se lleva a cabo desde las más altas instancias de poder.   
La figura y la herencia (económica y de alta gestión) del Rey emérito, Juan Carlos I, va a seguir protagonizando el debate político nacional y las conversaciones de barra y terraza. Para unos, su decisión de salir de España en secreto es otro sacrificio que hace por el bien del país, de su hijo, Felipe VI, y de la propia  Monarquía; para otros, una cobardía indigna. Les hay que ponen el foco y la afilada flecha en los asuntos judiciales que le rodean y que conectan con paraísos fiscales (Suiza y Panamá), y en algunas amistades peligrosas. Para muchos, sin defender esas presuntas prácticas poco edificantes, su legado y su contribución al progreso nacional y a la consolidación de la democracia conforman un inmenso aporte que merece respeto, reconocimiento y aplauso.
Estos y otros asuntos más técnicos o más jurídicos nos acompañarán en las próximas semanas. También voces que se alzarán para reclamar no solo su caída definitiva, sino la de la institución de la Monarquía constitucional.
En estos momentos tan sensibles, la altura de miras deseable -hacia adelante y hacia atrás- de los gobernantes, de la oposición política y de diferentes colectivos sociales y económicos aconseja dar la cara, hablar claro y poner sobre la mesa no solo los errores o tropiezos que pudiera haber cometido Don Juan Carlos, que no está imputado en ninguna causa, sino la renta, el eco, el brillo y la solidez que a lo largo de cuatro décadas ha sumado a favor de su país y de su imagen internacional. Sabido es que su presencia y buen hacer han abierto numerosas puertas a empresas españolas por todo el mundo. 
La Corona española cuenta con el respaldo mayoritario de la ciudadanía, y reconocen igualmente sus aportaciones y su trayectoria muy positivas también muchos republicanos moderados y con memoria.
El Rey Felipe VI, acertadamente, ha puesto desde el principio el acento en la ejemplaridad y ha tenido que tomar decisiones que seguro le han resultado dolorosas. Ello sirve para salvaguardar a la Monarquía. Y por ende, para ayudar al país. En el que Juan Carlos I ha sembrado y mimado un gran bosque.