TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Canterano

Hace unos días, el Manchester United presumió de cantera con una cifra: 4008. Ésos son los partidos consecutivos en los que ha jugado con al menos un jugador salido de su academia, desde que Manley o Walsall debutaron en 1937 hasta el día de hoy, en el que Rashford o Greenwood son habituales con Solskjaer. Hasta el reventón de la Ley Bosman ver a canteranos en los clubes grandes era lo más habitual… pero la cosa se torció entonces. Ignoro quién fue el primero que se ciscó en academias, fábricas, masías y todo tipo de equipos inferiores, pero el efecto contagio fue brutal: «¿Cómo voy a hacer frente a Fulanito si ha fichado a 10 jugadores top?». Y poco a poco, la palabra cantera perdió el significado en las elites. Con honrosas excepciones, como la clase del 92 del propio United (campeones de Europa en el 99 con Beckham, Giggs, los hermanos Neville, Butt y Scholes) o el Barça del triplete Guardiola (campeón de Europa en 2009 con siete canteranos en el once inicial: Valdés, Piqué, Puyol, Busquets, Xavi, Iniesta y Messi). Rarezas en un mundo tan competitivo y feroz en el que talentos juveniles se quedan por el camino porque nadie abrió la puerta… por eso se ha popularizado la idea de que «tienen que derribarla». ¿Injusto? A todas luces: por coger un ejemplo de uno de los mejores medio de la historia de nuestro fútbol, Busquets, hubo un técnico que se atrevió a quitar a Touré Yaya y a poner a un absoluto desconocido que venía de Segunda B. Escribo este 'memorando' porque, siguiendo con el ADN Barça, se está hablando mucho de la sonrisa que esbozan los Riqui Puig, Carles Pérez y compañía con la llegada de Quique Setién, un técnico que «sí cuenta con la cantera». Todos contamos con ella, sin duda, pero para que entre un niño tiene que salir un 'mayor' con galones y peso en el vestuario. Con eso ya contamos un poco menos, ¿verdad?



Las más vistas

Opinión

Negacionistas

Si van a tener razón los psicólogos cuando dicen que estos individuos niegan la realidad para evadir una verdad incómoda que, en este caso, es que el machismo mata