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Personajes con historia - Ponce de León

Fundador de Puerto Rico y descubridor de la Tierra Florida


Antonio Pérez Henares - 06/12/2021

La familia de Juan Ponce de León era de tan rancio abolengo que ya eran condes, los Ponce de Cabrera, cuando la frontera entre cristianos y musulmanes andaba por el Tajo y el Rey Alfonso VIII era todavía el rey pequeño, quien más tarde le daría tierras en la zona, entre ellas el pueblo de Almonacid de Zorita.

Eran originarios, sin embargo, del reino de León, y al casar un Ponce de Cabrera con una infanta leonesa, hija ilegítima del Rey Alfonso IX de León, consiguió de este añadir de León a su patronímico que ya conservarían siempre pero manteniéndose como muy leales súbditos del rey castellano, pues con él combatieron, y proclamaban con orgullo, en las Navas de Tolosa, aunque el rey leonés no acudiera a la contienda. Unificadas las coronas de nuevo, los Ponce de León siguieron estando en el favor de los reyes durante siglos consiguiendo gran poder y extensos territorios y mercedes en Andalucía, en especial en Cádiz, zona en la que competían en influencia con los duques de Medina Sidonia y en él se mantenían. En la gracia real permanecían, y aún más si cabe, cuando se produjo la fusión de Castilla con Aragón, pues nuestro protagonista Juan Ponce de León, nacido en Santervás de Campos (Valladolid) pero educado en casa de sus familiares en Sevilla, había sido paje en la corte del Rey Juan II de Aragón, del entonces todavía príncipe Fernando, quien le profesó siempre particular aprecio. Ingresado en los ejércitos, había participado activamente en la guerra y toma de Granada y fue seleccionado por los soberanos para acompañarlos en el cortejo triunfal que entró en la ciudad.

Allí había conocido a Cristóbal Colón y tras la vuelta del primer viaje del almirante, el del Descubrimiento, él fue uno de los notables que por indicación real embarcaron en el segundo, junto al cartógrafo amigo de la Reina Isabel, Juan de la Cosa y Alonso de Ojeda.

Fundador de Puerto Rico y descubridor de la Tierra FloridaFundador de Puerto Rico y descubridor de la Tierra FloridaFue en ese segundo viaje cuando los españoles se toparon con diferentes indios, muy distintos a los pacíficos taínos que habían hallado en La Española, eran los terribles taínos que aterrorizaban a los primeros y que para temor de los españoles no solo utilizaban flechas envenenadas sino que eran caníbales y consideraban a los enemigos un manjar exquisito, fueran estos indios o blancos. Tal gusto tenían por la carne humana que si los capturaban todavía jóvenes los capaban y los engordaban para que estuvieran más tiernos. Lo contó después el propio almirante por escrito «A todos acostumbran a cortar su miembro porque engorden, como fazen en Castilla a los capones para comer en fiesta» pero fue primer testigo de ello Ponce de León y de ello dejó recado el escribano Álvarez Chanca, quien anoto como «a los muchachos de los pacíficos que cogen cautivos lo primero que hacen es cortar a ras de la barriga sus partes, luego los mantienen a su servicio hasta que son hombres y entonces se los comen. Que también cautivan a las mujeres y buscan las más jóvenes y hermosas para llevárselas y tener placer con ellas. Cuando tienen un hijo de ellos se lo comen también recién nacido, como si fuera un ternasco, pues no quieren que los haya mezclado con la estirpe de los otros y solo crían a los que nacen de mujeres caribes».

El primer encuentro con los caníbales caribes lo tuvo Ponce de León por aguas cercanas a lo que luego sería su solar más querido de América, cerca de la isla de Puerto Rico, a cuya capital daría nombre y fundaría. Descubrió que además de caníbales, los caribes eran muy peligrosos y que los venenos de sus flechas eran mortales.

Se encontraba Ponce con el italiano Cuneo, amigo del almirante y que también gustaba de escribir y hasta lo hizo de los amores de don Cristóbal con la señora de la Gomera, Beatriz de Bobadilla la cazadora, cuando supo lo que podía esperar de ellos.

Ponce de León, en la fuente de la juventud.Ponce de León, en la fuente de la juventud.«Habíamos echado ancla y desembarcado en un batel cuando vimos venir una gran canoa india y como teníamos el batel en tierra saltaron varios a él y le dieron caza. Venían cuatro indios y dos mujeres, todos caníbales, y traían dos indios cautivos a los que no hacía mucho les habían cortado el miembro a ras de vientre». Los caníbales flecharon a los castellanos al acercarse y solo los paveses que llevaban los salvaron, pero uno que portaba una adarga se la atravesaron y le entró la punta varios dedos en la carne. Al cabo de poco, tenía ponzoña; se murió de aquello. «A los caribes los cogimos presos y también a los capados. A uno de los caníbales que se tiró al agua herido de una lanzada lo lograron enganchar con un bichero y le cortaron la cabeza con una hoz. El italiano se quedó, regalo de su amigo el almirante, con una de las caribes, pero cuando quiso cumplir su deseo, he de decir a vuestra merced que andan todas casi desnudas, se le revolvió como una gata y le dejó marcadas las uñas. Luego nos contó que le dio con una cuerda azotes hasta que consiguió, tras muchos y grandes gritos que oíamos todos, someterla. Después de ello y consumada la coyunda, ella la buscaba y el italiano decía que parecía haber sido criada en una escuela de putas».

Fue poco después cuando Ponce de León vería por primera vez la isla donde luego haría su fortuna. Unos indios pacíficos pidieron ayuda al almirante contra los caribes y fueron con ellos hasta su costa, una bahía que llamaron Boquerón. Los indios al verla se tiraron a nado sin esperar que atracaran y Colón la bautizó como San Juan. Pasado el tiempo, Ponce de León que no regresó a España, la utilizó como puerto de atraque y lo llamó Puerto Rico, nombre por el que acabaría conociéndose a la isla entera. Ciertamente fue en aquel lugar donde hizo su fama y su fortuna.

La causa de que Ponce de León no volviera, tras haber participado de manera muy intensa en toda la expedición y en la batalla de la Vega Real, donde se acabó con la resistencia indígena, y se encumbró la figura de Alonso de Ojeda, tuvo que ver con Puerto Rico pero también, o más si cabe, con el amor, pues al igual que después Ojeda él también caería hechizado por una indígena y como el anterior, haría de ella su esposa, antes incluso que lo recomendase la Reina Isabel y lo sancionara legalmente después su viudo Fernando, otorgando a sus vástagos, la exacta y misma condición de herederos que un matrimonio entre españoles

Ponce de León se casó con una mujer taína a la que bautizó como Leonor, de gran belleza, que le dio mucho amor y cuatro hijos, y a la que conoció sirviendo esta de mesonera en la ciudad de Santo Domingo, que se había construido después de haber fracasado también en la segunda fundación, la de La Isabela, un lugar muy golpeado por los huracanes. Al linajudo Ponce de León, más antiguo y noble de todos los que de estirpe presumían, el que Leonor fuera india no le importó en absoluto y no quiso tenerla, como otros solían, de barragana un tiempo y luego buscar y traerse una mujer de España para casar con ella.

Se instaló en Santo Domingo y tras los tropiezos de Colón con Bobadilla se convirtió en la mano derecha del nuevo Gobernador, Nicolás de Ovando. Su ayuda fue esencial para sofocar la rebelión taína que de nuevo había incendiado La Española y fue recompensado con el gobierno de toda la parte occidental de la isla, la provincia de Higüey. Ponce no lo quiso fiar todo a buscar oro, sino que puso a los indios a cultivar yuca en ingentes cantidades y a hacer pan con ella. Con ello se hizo rico, pues todos los barcos españoles tenían que aprovisionarse del pan que se hacía con la yuca, en especial cuando los viajes eran muy largos como el de regreso a España.

 

Las riquezas de San Juan

Fueron los indios a los que daba mejor trato Ponce de León quienes le hablaron de las riquezas de Borinquen, que no era otra que la isla de San Juan en la que ya había estado con el almirante Colón. Decidió partir e hizo alianza con el viejo cacique taíno al que habían ayudado. Se estableció, hizo asentamiento y cultivó, nuevamente yuca, y consiguió ser nombrado gobernador en 1509. Pero Diego Colón, muerto su padre, pleiteó contra él alegando que ese derecho le correspondía por herencia al haber sido otorgado a su progenitor junto a todos sus descubrimientos. Al fin, el Rey Fernando hubo de otorgar al hijo de Colón su derecho, pero quiso mostrar su favor a su antiguo paje enviándole 30 hombres de guerra, varios religiosos sevillanos, ganado y caballos y concedió a la isla escudo de armas propio.

Los soldados no le vinieron nada mal, pues el viejo cacique arahuaco murió y lo sucedió su belicoso sobrino que se confabuló con sus anteriores enemigos, los caribes, y atacó a los españoles matando a la mitad de ellos y paralizando toda la producción de yuca y las minas de oro. Ponce de León contraatacó y logró vencerlo y matarlo. Pero los problemas seguían. La sentencia de que la gobernación de San Juan de Puerto Rico pertenecía a Diego Colón fue confirmada por la Justicia y Ponce decidió que no estaba dispuesto a servirle en un lugar que consideraba suyo por derecho. La contienda con los indios había mermado la población, la enfermedad aún más y los yacimientos de oro ya no daban más de sí. Pidió a su valedor el Rey Fernando que le dejara explorar lugares que pudiera hallar al norte de Cuba. Le fue concedido con el beneplácito en esta ocasión no de Diego Colón sino de su tío Bartolomé, el hermano del almirante, con quien había congeniado desde siempre más, y partió con tres barcos y un timonel muy ducho, Antón de Alaminos, por ser natural de un pueblo de Guadalajara de tal nombre, quien había ido en el cuarto viaje de Colón y era considerado el mejor conocedor de aquellas aguas.

Tras navegar por el mar Caribe con rumbo norte, avistaron lo que creyeron era una gran isla, pero en la que les costó días de búsqueda costeando hasta que encontraron un lugar donde atracar las naves. Llegado a la playa en un bote, Ponce de León ascendió a lo más alto de una de las dunas más grandes y lo que divisaron sus ojos le asombró. Una inmensa planicie cubierta de bosque se extendía hasta donde la vista se perdía en el horizonte. La exuberante vegetación era una sinfonía de flores, extrañas fragancias y aves de plumas de gran colorido con armoniosas voces. Reclamó aquellas tierras para España y su Rey, y la llamó Tierra Florida. Luego volvieron a las naos.

 

La corriente del Golfo

Navegaron muchos días por aquellas costas, bordeando los cayos y bajando a veces a tierra, pero unos nativos eran amistosos y los invitaban a desembarcar y otros los recibían a flechazos. Pronto descubrieron que aquellas flechas eran muy peligrosas pues iban emponzoñadas. En uno de sus desplazamientos con rumbo sur les cogió una corriente que, a pesar de tener viento a favor, no les permitía avanzar y cuando se acercaban a tierra y echaban anclas, la corriente era tan potente que les hacía garrear.

Los marineros tomaron buena nota y le dijeron a su capitán que aquello sería de mucha utilidad para los navíos. No lo sabían pero acababan de entrar en la corriente del Golfo, algo que también Colón había aprovechado.

Siguieron costeando y acercándose a tierra cuando entendían que era factible y tomando todas las precauciones con los indígenas. En una de aquellas aproximaciones se acercaron canoas a sus barcos fondeados y Ponce se llevó la sorpresa de que un indio hablaba algo de español. Quizá algunos españoles de los que no había noticia y se suponía muertos habían ido a parar allí, aunque también era posible que el viaje lo hubiera hecho el indio y luego hubiese vuelto a su tierra. Sabía de ellos y de sus ansias, pues les dijo que si desembarcaban su jefe tenía mucho oro y comerciaría con ellos. Lo hicieron, pero los indios no acudieron a ellos con oro sino con los arcos dispuestos. Enseguida comenzaron a lanzarles sus mortíferas flechas, por lo que tuvieron que regresar a las naves a todo lo que les daban sus remos.

Ponce de León ordenó entonces el regreso definitivo, por La Habana hasta Santo Domingo, desde donde emprendió viaje a España en 1514. Recibió autorización del Rey Fernando para una expedición cuyo propósito era conquistar toda aquella tierra que había descubierto y se puso a preparar el viaje para retornar, pero aquello le demoró durante cinco años hasta que logró partir con 200 hombres, entre los que no solo había soldados sino también labradores, herreros, artesanos y sacerdotes con sus aperos e instrumental para sus labores y oficios. Los acompañaba una cincuentena de caballerías entre mulas y caballos.

Buscó y creyó encontrar en la costa suroeste un lugar idóneo cerca de un gran campamento indígena, y allí comenzó a construir una colonia. Todo parecía ir bien con los indígenas y se mantuvo una cierta tranquilidad durante cerca de medio año. Hasta que de golpe sucedió que toda la tribu, los del poblado vecino y los venidos de otros muchos, todos ellos de un mismo clan, los calusa, les atacaron con sus mortíferas flechas y una de ellas alcanzó a Ponce de León en una pierna. Lograron rechazar el primer ataque, pero la ofensiva no tardó en recrudecerse. Cuando la resistencia se hizo imposible, muy ordenadamente mientras los indios incendiaban su colonia, el capitán logró llegar a La Habana y poner a su gente a salvo. Si bien Juan Ponce de León expiró, nada más poner el pie en tierra cubana. Sus hombres se llevaron después sus restos a Puerto Rico, donde quisieron darle sepultura. Su tumba se encuentra actualmente en la catedral de Viejo San Juan, Puerto Rico, en el interior de un monumento tras haber sido exhumados de la Iglesia de San José en San Juan donde estaban enterrados.

Su nombre ha quedado unido a la quimérica idea de la búsqueda de la fuente de la eterna juventud que se suponía que se hallaba en aquella Tierra Florida, pero tal cosa parece más bien ensoñación romántica, aumentada hasta el delirio por los escritores alemanes que la difundieron.