Cariátide

Laura Álvaro

Profesora


Carta a Martina

26/02/2021

Bienvenida, pequeña. Ya estás aquí, después de un embarazo algo peculiar (por aquello del protocolo COVID) y un parto en el que nos las hemos tenido que arreglar tú y yo solitas, sin poder contar con papá. Has llegado en tiempos inciertos, mi niña. Cuando supimos de tu existencia, me las prometía felices y creía que para cuando pudiéramos verte la carita la cosa ya habría mejorado lo suficiente. Confiaba plenamente en la llegada de las vacunas, y también en que hubiéramos logrado un aprendizaje colectivo para convivir con la enfermedad de manera segura. Pero no, has venido en plena tercera ola (y, de paso, con brote en el hospital). Y, tú no lo sabes porque no puedes comparar, pero es verdad que todo ha sido muy distinto al nacimiento de tu hermana. No hemos podido recibir visitas y todos han tenido que esperar para conocerte. ¡No sabes las ganas que tenían de hacerlo! Y es que lo bueno se hace esperar…
La situación sigue pintando regular, Martina, para que te voy a engañar. Nosotros te vamos a cuidar y proteger, pero en el ambiente flota la inquietud y un cierta desazón por no verle fin a esta pandemia, que ha cambiado radicalmente nuestros hábitos de vida desde hace casi un año. También se ha extendido la desconfianza: hacia la clase política, primero (que, ciertamente, no ha salido bien parada de esta crisis sanitaria), e incluso, en cierta manera hacia los demás: nuestros vecinos, aquellos con quien compartimos espacio físico pero que no siempre cumplen las normas. Sí, hija, los ánimos están caldeados. Y tan caldeados. Sé que tú todavía no comprendes nada, pero los ratitos que encendemos la televisión para conectarnos con el mundo, esta se llena de imágenes violentas, de batallas campales confundiendo al enemigo, de incendios urbanos sin ningún sentido y de maldad injustificable. Ni siquiera tu hermana, que ya es mayor, entiende lo que ve. Bueno, realmente, tampoco yo llego a comprenderlo.  
De momento, no vas a poder conocer a tus bisabuelos, eres demasiado chiquitina y tememos porque te pueda pasar algo. Pero no te preocupes, se están guardando todos los achuchones para cuando, por fin, podamos encontrarnos. Tampoco vamos a poder viajar, de momento. Y eso, de verdad, nos toca de lleno a tu papá y a mí. A estas alturas, con tu hermana, ya estábamos planeando su primer destino. Creemos que nuestra mejor herencia es enseñaros mundo, descubriros la diversidad y la riqueza que se esconde en cada rincón. Y que, gracias a ello, vosotras dos crezcáis con una mente abierta a lo nuevo y sin prejuicios. 
Pero no te preocupes, de verdad, confía en nosotros. Merece la pena. Porque estoy segura de que pronto volverán todos los abrazos que se nos han quedado por el camino estos meses. Y podremos volver a encontrarnos como lo hacíamos antes (tenemos que presentarte a todos los amigos de tu hermana, que se mueren por conocerte). Y podremos escaparnos de nuevo, para coger aire fresco y volver renovados. Y todo el cariño que se está quedando en casa de familia y amigos solo está en stand by, reservado para ti. 
Bienvenida, pequeña. Has llegado para hacer este mundo loco un poquito mejor. Y a hacernos a todos un poquito más felices. Y no te preocupes, sé que lo de las mascarillas te tiene muy extrañada. Pero pronto nos las podremos quitar para darte todos los besos que te mereces.