Judíos en Soria

Marian Arlegui
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Aparecieron indicios de enterramientos en labores forestales del Castillo

Judíos en Soria

En unas labores de reforestación realizadas en 1955 en la ladera Sur del Castillo de Soria aparecieron indicios de enterramientos. Por ello y ante la sospecha de que la necrópolis judía de Soria pudiera hallarse en ese lugar, se realizaron excavaciones arqueológicas dirigidas por T. Ortego.  
Se descubrieron diversas tumbas antropomorfas con orientación oeste-este, delimitadas en sus laterales por lajas regulares y cubiertas con losas desbastadas colocadas transversalmente, la cabecera monolítica tenía forma casi circular. El lecho de las tumbas era la propia tierra.
El cementerio era de  gran importancia para la comunidad Judía, llegándose a adquirir los terrenos destinados a este fin antes que los dedicados a construir la sinagoga. Es el lugar sagrado donde descansará el cuerpo  hasta la resurrección. Al exterior era habitual señalizar la tumba mediante una lápida, pero una vez concluyera el primer año del sepelio y nunca antes. Durante algún tiempo las autoridades cristianas prohibieron las inscripciones en las piedras funerarias, pero tampoco era extraño que existieran epitafios sobre materiales perecederos, como madera.
Esta lápida de arenisca, que hubo de ser restaurada por las fuertes concreciones arcillosas que presentaba, se talló a dos aguas. Lo conservado mide 72 centímetros de longitud.  La leyenda se inscribió en dos líneas con caracteres hebreo-caldaicos de tipo cuadrado. La epigrafía se encuentra enmarcada por unas gruesas molduras en bocel y ha sido traducida como: 

En aquel momento la visión cesó [...] / al morir un sabio, un hombre [...] // [...] un rabí lleno de, [...] / [...] Abraham Satabi

El profesor  Francisco Cantera, en su obra Sinagogas españolas señaló que «cobijada en la espaciosa Plaza de Armas y en las inmediaciones del Castillo vivió apiñada la población judía, y fue tan numerosa, que era considerada la aljama de Soria, como una de las principales de Castilla». Añadió a ello  que no se había conservado resto alguno de su Sinagoga y que en general podía decirse que esta judería había sido poco estudiada. Este profesor creyó que si la lectura era Setevi ello podría interpretarse por el origen de Abraham como de Játiva. En cualquier caso fue una figura relevante de la comunidad judía en el s. XV.   
Se acepta efectivamente que una comunidad judía se asentara junto a la muralla del Castillo de Soria, en su lado este, siendo responsable del mantenimiento de las mismas, en una fase inicial de la instalación de población en Soria una vez conquistada la zona. En poco tiempo, debió crecer la población judía quedando escaso el espacio inicialmente asignado  a esta población, espacio que debió estar amurallado o cercado y cerrarse por las noches. La población se extendió hasta las proximidades de la Plaza Mayor por la calle que se denominaba de la Judería  y después calle Teatro e incluso tal vez ocupara alguna calle en el arrabal. En el s. XV la aljama judía de Soria era una de las diez aljamas mayores, por población, del reino de Castilla 
La necrópolis debía ser visible desde la judería y las normas de la ciudad, cristiana, obligaban a la separación de los recintos cristiano y hebreo, prohibían los matrimonios mixtos pero en caso de ser necesaria la celebración de un juicio asistirían un juez cristiano y otro hebreo. Las actividades económicas eran muy variadas: comerciantes de paños, lanas y telas, zapateros, orfebres, médicos, poseyeron tenerías y curtidurías, fueron comerciantes, arrendadores y cobradores de  rentas, prestamistas…
Sin embargo la convivencia entre ambas comunidades religiosas no siempre fue pacífica siendo frecuentes los litigios y juicios cuando no las revueltas cristianas, violentas, contra los judíos así como la variable actitud mantenida por los reyes hasta la definitiva expulsión de los judíos en 1492. 
Gracias a diversos documentos  conocemos los nombres de algunos de los judíos que habitaron en Soria: Abraham  e  Isaac Bienveniste, de importante y enriquecida familia, Abraham Abadix que debió pasar temporadas en Soria aun siendo natural de Valencia de Don Juan, YaÇo Gaen, Abraham Avenerga, ambos jueces de la aljama soriana, YuÇa y Ferrian el Leví hijos de Ysagre el Leví, Mayr Levi, Samuel Abanamias, Lasar Cavallero que casó primero con Doña Sol y después con Daza quien pleiteo con los hijos de la primera por la herencia, Mose Açerol y su mujer Clara, Mose Abolafia, el rabino Samuel y su yerno Zulema Barchillón, Merien, judía convertida al islam para poder casarse con Brahin Caballete… Y por supuesto aunque no naciera en Soria debe citarse a Joseph Albo que residió en Soria alrededor de treinta años hasta su muerte sucedida según algunos investigadores poco después de 1433, fecha en la que se le menciona como predicador con ocasión de una circuncisión y según otros en 1444. También es controvertido su origen: se creyó que pudo nacer alrededor de 1380 en Daroca o en Monreal del Campo aunque también se ha sospechado, con menor fuerza, que naciera en Soria.
Fue médico, rabino, teólogo y talmudista.  La profesión médica, como es sabido, era muy frecuente entre los rabinos y eran muy valorados entre la población cristiana aunque los medicamentos que recetaran debieran ser elaborados por cristianos. Como teólogo rabino  fue destacable su participación en la más famosa controversia judeo-cristiana de la España Medieval conocida como la Disputa de Tortosa celebrada entre los años 1413 y 1414. A él se debe la obra Sepher Hikarim sobre los fundamentos del judaísmo,  escrita en Soria, felizmente conservada,  que fue en su tiempo la obra filosófica más popular escrita por un sabio judío.  Al comienzo de esta obra el propio autor dice: «Yo, el mínimo José Albo, residente en la ciudad de Soria, adonde me trajo la voluntad de la divina Providencia».
Vivió en una época en que las conversiones masivas y  las presiones sociales y políticas amenazaban al judaísmo. Su obra, pasada ya la época dorada del judaísmo en la Península sirvió de esperanza en la incertidumbre.