Numantino, una celebración del patrimonio cultural de Soria

Marian Arlegui
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El museo mantiene el objetivo de alcanzar nuevos públicos y convertir al visitante en usuario

Numantino, una celebración del patrimonio cultural de Soria - Foto: Eugenio Gutierrez Martinez.

Cien años obligan a un ejercicio de memoria responsable, a la provocación de conocer la historia de esta Institución Cultural  que ha caminado junto a la sociedad que lo creó para conservar, investigar y comunicar su memoria cultural.
La creación de los museos a partir del siglo XVIII  y más notablemente entre los siglos XIX y XX,  es un hecho trascendente que señala el grado alcanzado por la civilización occidental que, no solo se recrea en la belleza de las obras de arte o se emociona ante el vértigo de los siglos pasados,  sino que sabe que la constitución de los estados nación se lograría y afianzaría a través de su cultura. 
Una sociedad que tal vez percibiera ya que la salud de un país se mide, de modo transparente, en la vitalidad de sus instituciones culturales. Y de este modo, igual que entonces, se requiere de la actividad de los poderes públicos interpelados por la sociedad y de la participación de distintos sectores de la población.
Entonces, en 1919, culminaba un proceso iniciado en 1905 cuando comenzaron las  excavaciones de Numancia.  Era un tiempo difícil. Apenas veinte años antes, España había tomado conciencia, de golpe, de las grave crisis en que estaba sumida política, social, económicamente. Un ambiente de depresión colectiva, de desesperanza, teñía el país. La memoria de las grandes gestas heroicas de España podían recordar que el país había sido grande y podía volver a serlo. Ello provocaba adhesiones afectivas a Sagunto, Numancia, Carlos V, Felipe II, los Reyes Católicos, Covadonga…
Como en todos los periodos críticos de nuestra historia, Numancia formaba parte de la memoria colectiva del país y lo hacía con fuerza.
En Soria, un grupo de intelectuales trabajaba en Numancia o participaba de la vida cultural soriana del momento, sin duda excepcional. Un gran mecenas, Ramón Benito Aceña, costeó el edificio y el mobiliario del Museo Numantino, M. Aníbal Álvarez proyectó el edificio y B. Taracena Aguirre creó la Institución dándole una gran proyección científica; detrás de ellos, menos visibles, otras personas de diversas procedencias sociales y laborales, intelectualmente relevantes, fueron también decisivas para la creación del Museo.  Con el tiempo el Museo se convirtió en Museo Provincial conservando los objetos arqueológicos, paleontológicos y etnográficos de la provincia de Soria con los que se reconstruye el relato histórico.
El museo evolucionó adaptándose o deteniéndose según lo hacían la política y la sociedad pero siempre conservando los objetos patrimoniales para las generaciones del futuro, verdadero imperativo legal irrenunciable de los museos. Desde 1989 hasta estas fechas de 2019, casi 6.000.000 de usuarios y visitantes han recorrido el Museo y sus centros dependientes, San Juan de Duero, el Museo de Tiermes, Numancia, San Baudelio y el Museo de Ambrona.
Hoy el Museo se enfrenta  a nuevos requerimientos: la adaptación a una nueva generación, nativa digital, cualificada,  que no sólo utiliza diferentes herramientas de comunicación,  sino que también obtiene la información por muy diversos canales sin contraste de veracidad. Con Alexandro Baricco hay que convenir que es una nueva civilización ya presente, en que, casi paralelamente,  una realidad virtual compleja convive en igualdad funcional y conceptual con la realidad física.
Siempre  mantiene el Museo el objetivo de alcanzar nuevos públicos y convertir al visitante en usuario a través de la mejora de las instalaciones y del incremento en número y modelos de actividad cultural, actuando como mediador cultural y provocador en la reflexión de lo que somos, reintegrando y contextualizando la arqueología en el arte y la historia; de proseguir con la adaptación del Museo y sus centros dependientes a personas con minusvalías de distinto tipo; de constituir al Museo en un centro investigador, algo que ya es silenciosamente, en visible. 
Y un reto aún mayor que surge de la desesperanza del territorio despoblado, como una crisis comparable  a la sufrida en las fechas en que se creó el Museo Numantino. La obsesión por el turismo como tabla única de salvación. Ello evita considerar que el turismo es un pie de un ciempiés que promueva un desarrollo perdurable. La cultura no es un subproducto turístico. La cultura no puede convertirse en un escaparate irreflexivo de nuestra historia; como entonces, sólo la innovación, la investigación, la presentación ambiciosa de nuestros patrimonios, lejos de intereses cortoplacistas e interesados, nos permitirán situarlos, desde el gran valor que poseen, a la altura necesaria para que distintos públicos perciban que  nuestro patrimonio cultural, junto al medioambiental, no se rige desde la frivolidad oportunista o presupuestos torpemente ideológicos o mercantilistas.
Un gran reto en un periodo crítico. Hoy como hace 100 años el Museo se haya comprometido en el futuro de la sociedad de la que conserva su pasado y muestra su presente.