UN MINUTO MIO

Jesús Quijano

Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Valladolid


Diada

Todas las informaciones que he podido consultar sobre la celebración de la Diada el pasado 11 de septiembre en Cataluña, coinciden en que este fue el año de menor seguimiento desde que el proceso independentista tomó cuerpo. Lo fue, además, con diferencia: en años anteriores, la participación se había movido entre 1 y 2 millones de personas; esta vez los cálculos efectuados ofrecían una cifra entre 500 y 600.000. Al dato cuantitativo se añadía también el clima de divergencia entre las fuerzas políticas que han venido impulsando el proceso.
Es obvio que tal situación tiene significado y merece análisis. Lo más probable es que un número creciente de ciudadanos allá hayan ido transitando desde la adhesión apasionada hacia la desconfianza realista, pensando que las vías utilizadas no van a producir fruto, ni a corto ni a largo plazo. Si ha ocurrido algo de eso, el efecto es bien previsible; los estudiosos de los movimientos sociales lo llaman “cansancio reivindicativo”, y es esa una definición bien sugerente. Ocurre que hay causas que se impulsan activando mecanismos emocionales; suele ser útil para que tales causas salgan a la luz con potencia inicial y progresen con rapidez y con amplitud sociológica. Pero no es nada fácil sostener la emotividad durante mucho tiempo, especialmente si en el día a día se va percibiendo que no habrá avances ni en su desarrollo ni en su consecución.
Todo ello tal vez no quiere decir aún que el retroceso en la presencia activa suponga abjuración o renuncia de lo que se había convertido en un ideal con componentes sentimentales, además de los políticos. Conviene tener esto presente para no caer en alardes fáciles. Yo me conformo, al menos por el momento, con pensar que hay muchas personas que, aunque no hayan abandonado el ideal, estén evolucionando hacia una posición más reflexiva, en la que el objetivo de la secesión, por imposible, empiece a ponerse en duda como objetivo alcanzable. Tal como se ha venido configurando el tema, y en previsión de nuevos acontecimientos, cuando recaiga sentencia, sería suficiente con eso. Porque este va a ser un pulso largo y no cabe esperar victorias, ni derrotas, por goleada.


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