TRIGO LIMPIO

Luis Miguel de Dios

Escritor y periodista


500 años

20/04/2021

La pandemia nos impedirá celebrar como se merece el 500 aniversario de la derrota de los comuneros en Villalar. Será el segundo año consecutivo sin concentraciones multitudinarias (sí, sigue habiéndolas aunque muchos lo nieguen o le quiten importancia), pero no faltará el recuerdo de lo que aquello supuso para esta tierra ni el homenaje de miles de castellano-leoneses al 23 de abril y a su simbología. Una simbología que está directamente relacionada con la llegada de la autonomía para Castilla y León. Sin Villalar, sin aquellos actos de finales de los 70 y primeros de los 80, sin aquellas reivindicaciones, seguro que el Estatuto de Autonomía y el autogobierno habrían tardado aun más en aterrizar por estos pagos, y eso que fuimos los últimos de  España en alcanzarlos. Las concentraciones en las eras del pueblo comunero fueron el aglutinante, la levadura, de un sentimiento escaso pero existente, difuso pero real pese al peso del provincianismo y de los esfuerzos y las zancadillas de la derecha para frenar lo que Villalar impulsaba. Ese juego sucio ha continuado hasta nuestros días. No se trata ahora de negar legitimidad al Día de Castilla y León, a Villalar, pero sí de poner sordina a su carácter reivindicativo. Hay quien continúa diciendo, o pensando, «estamos bien así; id a Villalar a cantar, bailar y merendar, pero no paséis de ahí». Y, a mi juicio, de ahí sí hay que pasar, al menos para seguir exigiendo justicia para esta tierra, el fin de su discriminación, el apoyo y las ayudas de todo tipo que precisa, y merece, para dejar de ser carne de emigración, envejecimiento y pérdida de población. Y es necesario llevar Villalar muy dentro para mantener el orgullo de pertenecer a esta comunidad y de luchar por ella. Por eso, el 23 de abril de 2021 tiene que ser el día de vivir Castilla y León con más intensidad y fuerza que nunca, de sentirse plenamente de aquí, de confiar en el futuro de esta tierra, de nuestra tierra, sin pesimismo, sin resignación, sin tirar la toalla. Hagamos entre todos que este  Villalar sin concentraciones sea el principio de un nuevo tiempo, el de la ilusión, el de  ese optimismo que necesitamos, en definitiva el de la esperanza.



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