TRIGO LIMPIO

Luis Miguel de Dios

Escritor y periodista


Agravios

12/05/2020

Este es el país de los agravios comparativos. Hagas lo que hagas, siempre hay alguien que protesta porque cree, o dice creer, que existen favoritismos, enchufes y discriminaciones. Y porque, claro, a él no se le reconocen sus innegables méritos mientras que otros obtienen recompensas que no han ganado en buena lid. El agravio comparativo suele ir acompañado por algo parecido a la manía persecutoria. Me miran mal, no me pueden ni ver, la plaza ya está dada, los que somos de tal o cual sitio lo tenemos crudo, etcétera, etc. Y, oiga, es imposible convencer a quien se siente agraviado. Argumentes lo que argumentes, mostrará recelos, desconfianza y la seguridad de que hay gato encerrado y de que a él lo han suspendido por razones que nada tienen que ver con lo bien que hizo el examen. En su cabeza, la objetividad no existe. Siempre se equivoca quien decide, sobre todo si le perjudica. Si aprueba es por lo mucho que vale; el tribunal se limita a reconocerlo. Esta tendencia secular se pone de manifiesto a diario. Por ejemplo, ahora con el cambio de fase en la desescalada. Algunas comunidades que no han pasado totalmente la prueba juran en arameo y culpan, ¡cómo no! al Gobierno central de la inminente ruina de negocios y del hundimiento del turismo. Y ahí tienen a Madrid, que ni siquiera presentó en tiempo y forma los estudios para ir a la fase 1, quejándose de que unas sí y ella no. No importa que acumule el mayor número de contagiados y fallecidos. Lo primordial es abrir las tiendas. Y ahí tienen a Andalucía protestando porque se queden fuera Málaga y Granada, aunque las otras seis provincias sí avancen. Y ahí tienen a Valencia. Me es difícil entenderlo. ¿No habíamos quedado en que lo vital era la salud, atajar la pandemia? Ahí, miren por dónde, hay que aplaudir al ínclito Torra, más prudente de lo habitual. Y ahí, a mi juicio, hay que alabar a la Junta de Castilla y León, cuya consejera de Sanidad, Verónica Casado, ha tenido, y tiene, muy claro, que el derecho a la vida debe de imperar sobre todos los demás. ¿Qué diríamos si por adelantar unos días retrocediéramos unos meses? Vísteme despacio que tengo prisa.