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Los sorianos descubren la magia del Camino

A.P.L.
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Los jóvenes participantes iban acompañados de los párrocos de Ágreda y Ólvega, el delegado de pastoral y el formador del seminario

Los sorianos descubren la magia del Camino

Los peregrinos de la Diócesis de Osma-Soria (formaban parte de un grupo de  más de 500 personas de todas las de Castilla yLeón) llegaron exultantes este martes a la catedral de Santiago de Compostela, logrando la credencial (antiguo salvoconducto de la Edad Media) tras haber completado seis etapas del Camino de Santiago Portugués. El grupo soriano lo integraban jóvenes de 15 a 18 años de parroquias de la capital, Ólvega, Ágreda y El Burgo, junto a Óscar Carrascosa (delegado de Pastoral), Alberto Cisneros y Álvaro Chávez (párrocos de las localidades moncaínas, respectivamente) y el formador del seminario diocesano José Antonio García Izquierdo, junto a varios de los alumnos.

Los sorianos partieron el 27 de julio de la catedral burgense, donde el obispo de la diócesis, Abilio Martínez Varea, ofició la misa de 'envío diocesano'; y esa misma tarde se reunieron con los otros caminantes de la región, presentándose cada una de las diócesis y realizando dinámicas de grupo para conocerse. «Es un grupo grande pero algunos ya se conocen por el deporte, aunque donde realmente la gente entabla amistad es andando», explica Óscar Carrascosa, encargado de llevar el coche de apoyo. «Voy por delante preparando los sitios y por si hay que hacer algún traslado al médico o la farmacia. Raro es el día que no pasa algo», indica.

La organización programó los horarios de salida a caminar sobre las 7-7.30 de la mañana, para poder evitar las altas temperaturas de las horas centrales  (este año Galicia también tenía en torno a 30 grados de máxima). «Salimos juntos pero los de Soria vamos cerrando, porque en el camino y la llegada cada uno tenemos que estar pendientes de nuestro grupo. Hay algunos que enseguida llegan, pero otros no están acostumbrados a hacer deporte», añade. 

Lo importante es ir terminando cada uno de los seis trayectos que unen Vigo-Arcade-Poio-Rivadumia-Vilanova-Pontecesures-Santiago, con distancias de 20 a 28 kilómetros al día y un par de tramos en barco.  Pero, sobre todo, coinciden en señalar la oportunidad de «sentir la magia del Camino» en «una vivencia personal que marca de por vida», aseguran. 

Antes de salir, se preparaban bien la mochila, siguiendo las recomendaciones «para que pese lo menos posible, no más de siete kilos y no más del 10% del peso corporal.Es mejor ir lavando ropa que llevar de más». Buen calzado, buen ánimo y a patear mientras se charla y se conoce gente con el mismo destino, o se piensa sobre uno mismo y también en llegar cuanto antes con gran afán de superación. Cuando se completaba una etapa, sellaban el documento y acudían a los polideportivos acondicionados (baños, duchas, tomas para cargar móviles...) en cada pueblo para pasar la noche. «La verdad es que llegan agotados. Se duchan y se quedan como nuevos. Además, en cuanto entran al saco caen rendidos. El descanso es fundamental para afrontar el próximo trayecto», apunta el delegado de Pastoral. Nos cuentan, como anédcota, que se encontraron al expresidente Mariano Rajoy haciendo el Camino, «estuvo muy cercano y simpático».

En el caso de Óscar Carrascosa, había terminado el recorrido diez veces, pero era la primera vez que lo hacía así,«con tanta gente es una experiencia nueva». «El Camino es como una puesta a punto con uno mismo, hacer una parada para reflexionar sobre tu vida y la relación con los demás, como un 'plan renove', también como creyente», reflexiona. Igualmente, incide en una idea que cree importante: «No es lo mismo caminar, como una motivación más relacionada con el deporte, que peregrinar, con el fin de encontrarte a ti mismo y en relación con los demás».

una experiencia. El Día de Soria ha querido hablar con alguno de estos peregrinos de la tierra justo al acabar el trayecto en la catedral. Alberto Calavia, de Ágreda, contaba que unos amigos se lo propusieron y al final se apuntaron todos. «Pensaba que iba a ser más duro, pero se ha pasado muy rápido y lo hemos pasado muy bien, conciendo a gente de otros pueblos», además de permitirle «reflexionar para tener las ideas más claras» en los ratos de caminata en soledad, que contrastaban con las noches en polideportivos de «mucho ruido y ronquidos». Se mostraba emocionado al llegar a Santiago, como Lucía Lavilla, de Ágreda, quien decía que se iba a quedar con la «experiencia». «Los primeros días estábamos más desanimados pero ha ido a mejor y hasta el último día se nos ha hecho corto». Al llegar, aseguraba sentir «alivio» pero a la par «mucha pena» por terminarlo.

Luis Vicente Endong, seminarista guineano que estas semanas se encuentra en El Burgo, asegura que ha ido cumpliendo varios objetivos: la convivencia, la penitencia y una nueva experiencia de vida. «He conocido gente y lo he pasado muy bien. Me ha servido para afianzar mi vocación», dice. Tras tanto «sufrimiento (tiene una lesión en una pierna), sitió «paz, felicidad y mucha alegría».