DE SIETE EN SIETE

Rafael Monje

Periodista


El verdadero artífice del éxito democrático

24/02/2021

Nunca está de más recordar lo que puedo ser y no fue aquel 23 de febrero de 1981, cuando el general Antonio Tejero irrumpió en el Congreso de los Diputados pistola en mano con el objetivo de convertir a Alfonso Armada en el nuevo presidente del Gobierno. Por eso, 40 años después, conviene remarcar la fortaleza de la democracia española, a pesar de los intentos vanos del independentismo y la izquierda más radical por hacernos pensar que vivimos en un país amordazado.

Recuerdo perfectamente aquel lejano día de febrero, porque nos sorprendió a toda la clase de BUP de excursión en Santo Domingo de Silos, en Burgos. Aún resuena aquella voz radiofónica en el autobús que nos llevaba de vuelta a Bilbao y al compañero de pupitre, Imanol, perjurando que él se llamaba Manuel, y punto. El miedo se adueñó pronto de nosotros y el silencio acabó por destrozar lo que había sido una extraordinaria jornada didáctica en la abadía benedictina que preside uno de los pueblos más bonitos e históricos de España.

Sensaciones y recuerdos aparte, lo triste es que aún hoy en día haya algunos que se empeñen en minusvalorar el esfuerzo de todo un país que, pese a sus sombras, es una democracia consolidada y ejemplar, con un Ejército profesional y sabedor de sus obligaciones constitucionales. Cuarenta años en los que, por supuesto, nada ha sido gratuito para llegar hasta aquí. Basta recordar a las víctimas del terrorismo para darnos cuenta del sacrificio que ha supuesto la consolidación del régimen de libertades que nos hemos dado. También, con sus debilidades, la España de las autonomías ha reforzado un sistema descentralizador que nos sitúa en los puestos de cabeza en cuanto a bienestar y desarrollo social.

España es una de las 25 democracias más fuertes del mundo, por delante de países de nuestro entorno como Francia o Portugal, según un reciente informe de The Economist. Pero a los empeñados en defenestrar nuestro sistema de libertades no les interesan esas conclusiones. Lo suyo, como martillo pilón, es golpear en la misma piedra sin darse cuenta de que no hay algarada callejera ni instigación de parte que pueda borrar lo conseguido por el pueblo español, el verdadero artífice del éxito democrático.



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