José Luis Argente, decisiva renovación de los museos

Marian Arlegui
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Una figura decisiva que determinó la museología y la arqueología soriana

José Luis Argente, decisiva renovación de los museos

José Luis Argente Oliver nació en Zaragoza el 14 de marzo de 1949, siendo la ciudad donde recibió su formación académica. Entre los años 1966 y 1971 cursó la licenciatura en Historia Antigua, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Complutense de Madrid, donde el 7 de junio de 1988 presentaría su tesis doctoral sobre Las fíbulas en la Meseta. Su valoración tipológica, cultural y cronológica. 
Pronto se sintió atraído por la arqueología  celtibérica y se incorporó a los trabajos de renovación del Museo Arqueológico Nacional, que en esos años dirigía Martín Almagro Basch, con quien realizó su memoria de licenciatura Aportación al estudio de los materiales prehistóricos de la necrópolis de Aguilar de Anguita (Guadalajara), en el Museo Arqueológico Nacional, leída el 31 de septiembre de 1971. En esas fechas participó en numerosas excavaciones arqueológicas, en su mayoría yacimientos celtibéricos y romanos.
El 17 de septiembre de 1974, José Luis Argente Oliver se incorporó al Museo Numantino como conservador interino y, posteriormente, en noviembre de 1976 y una vez aprobada la oposición de ingreso en el recientemente creado Cuerpo Facultativo de Conservadores de Museos, tomó posesión de su puesto de conservador como director del Museo Numantino. 
En 1974 el Museo Numantino mantenía la misma apariencia museística y museográfica, tanto en la exposición como en la distribución de áreas funcionales que se trazaron en su fundación, con alguna remodelación realizada por Ricardo de Apraiz y Juan Zozaya, anteriores directores. 
En esas fechas la teoría museológica y las prácticas museográficas europeas se habían filtrado en España, también incentivadas por las recomendaciones de la UNESCO a través del Consejo Internacional de Museos (ICOM), de ella dependiente. Comenzaba a bullir entre los profesionales la necesidad de una profunda renovación de los museos que durante el franquismo no habían formado parte de la política cultural.
Inmediatamente, en 1977, Argente acometió una reforma discreta exponiendo en una sala la historia provincial con un planteamiento más avanzado. Parte de las salas hubieron de convertirse en almacén del que se carecía hasta entonces. La situación era precaria y se prolongó hasta 1981, cuando finalmente se iniciaron las obras de renovación integral del museo. 
A la vez, en 1978, abordó la renovación expositiva de San Juan de Duero, sección medieval de Museo Numantino. Tras la realización de los trabajos de restauración del edificio e instalación de nuevos expositores y carteles informativos. Los mosaicos y restos epigráficos se trasladaron al Museo Numantino, implantando en el monasterio medieval una estrecha relación entre el contenido y el continente.
En 1979 Argente logró que la Subdirección General de Museos del Ministerio de Cultura encargara el proyecto concreto de remodelación integral del Museo Numantino. El proyecto realizado por los arquitectos F. de Gracia y F. Ceña se concibió con todas las dependencias y servicios internos necesarios para el funcionamiento del museo, cumpliendo con las obligaciones que el ICOM había incluido en la definición de museo: almacenaje, conservación, restauración, biblioteca, laboratorios de restauración y fotografía, áreas de administración y archivo documental, departamento educativo y una ampliación considerable de la superficie de las salas de exposición permanente así como una sala de actividades múltiples en donde acoger conferencias, conciertos, exposiciones temporales…  El museo comenzaba a ser un lugar de conservación, investigación y comunicación cultural. 
Arquitectónicamente el proyecto fue respetuoso con el edifico de Aníbal Álvarez y hubo de superar numerosas dificultades en la contratación y ejecución de las obras. El edificio resultante, de alta calidad, sigue siendo hoy una referencia de la arquitectura de aquel momento y de los modos de intervenir en edificios antiguos dotados de valores patrimoniales. El diseño interno de mobiliario expositivo fue coherente con una modernidad consolidada de intervención sin estridencias. Ello ha permitido que el museo envejezca con la misma calidad. La idea original de Argente era que se edificara también una nave de servicios internos simétrica a la que queda en el lateral Este del Museo. Ello no se consiguió y hoy en día, con la ampliación de los nuevos servicios que el museo presta, resulta aun más necesaria que entonces. 
En paralelo al proyecto de remodelación arquitectónica  del Museo Numantino, se procedió a la redacción del proyecto museológico, narrativo, de lo que sería el contenido de la exposición permanente de un Museo Provincial. De acuerdo siempre a las colecciones conservadas, se trazó un recorrido expositivo que desde el Paleolítico de Ambrona y Torralba concluyera en la Edad Moderna, dejando una sala, la superior, dedicada monográficamente a Numancia. 
El 17 de abril de 1989 se inauguró la  obra de constitución del museo en un museo de s.XX, uno de los primeros museos provinciales en ser remodelado en profundidad. Este esfuerzo titánico de gestión y coordinación de la ejecución arquitectónica y dirección del proyecto museológico lo realizó Argente a la vez que se creaba y construía  el Museo de Tiermes, inaugurado el 9 de junio de 1986, el mismo día que se hacía pública la transferencia de competencias en materia de museos a al Comunidad Autónoma de Castilla y León. 
José Luis Argente había iniciado un proyecto de excavación arqueológica en el yacimiento de Tiermes con un equipo de arqueólogos, Alfredo Jimeno, Carlos de la Casa, Elías Terés…, proyecto que tendría continuidad en solitario hasta 1998, año de su muerte.
Desde muy pronto, asoció este proyecto a un desarrollo territorial  en una zona en la que ya era evidente el camino de la despoblación. Era un compromiso entonces novedoso que otros prosiguieron con desigual fortuna en otros lugares. El edificio construido, de sutil evocación de la arquitectura romana, tenía una área expositiva, otra de trabajo de investigación y un área de habitación para los investigadores. Se siguió el modelo de museo in situ que Europa había consolidado hacia años.
En los años 90 se construyó un edificio complementario dotado de áreas de trabajo, conservación, restauración, biblioteca y un pequeño salón de actos para conferencias y reuniones científicas.  La intención del proyecto arquitectónico de crear con ambos edificios una plaza a modo de ágora quedó inconcluso.
Sin ninguna duda, fue un concepto novedoso, ambicioso acorde a la filosofía que desarrollo más tarde de contextualizar cultura y paisaje, museos y desarrollo económico, museos y educación. Cada año en el museo se realizaba una exposición temporal mostrando los resultados de la última campaña como una obligación hacia el entorno próximo y la sociedad, acompañado de un pequeño libro a modo de catálogo. 
Igualmente, promovió, de modo pionero, la participación de la sociedad civil y empresarial en los proyectos. En Europa, nuestro escenario más próximo, pocos yacimientos cuentan con una estructura tan ambiciosa para la conservación, la investigación y la difusión cultural en su propio entorno contextual. Abordó también, en 1992, la construcción de un edificio complementario al museo in situ de Ambrona, con escasos medios.
A partir de 1998 colaboró, dirigiendo el tratamiento museológico, en los proyectos de los Museos de Arte Sacro de San Miguel, en San Esteban de Gormaz; de la iglesia de La Peña, en Ágreda; y del Museo Etnológico de Matamala; haciendo de Soria un ejemplo en la compleja política de museos locales. Colaboró decisivamente con exposiciones para difundir la riqueza arqueológica y el Patrimonio Cultural de Soria, como Soria en Zaragoza (Palacio de la Lonja, 1980), y en el Museo Numantino desplegó un amplísimo programa de exposiciones temporales  y publicaciones. Siempre tuvo un particular empeño en el desarrollo de programas educativos para el público escolarizado. E inició de un modo más lúdico las representaciones teatrales de carácter clásico en el graderío de Tiermes, un modelo seguido después por muchos yacimientos.
Estas escasas líneas son solo una breve aproximación a una figura que determinó no solo la museología soriana de una manera excepcional sino también la arqueológía cuando estas empezaban despegar con el impulso de la democracia y la necesidad social de mayor número y más variados servicios culturales. Su trabajo fue avanzado y señaló direcciones que después se consolidaron.
Falleció, demasiado pronto, a los 49 años, el 31 de agosto de 1998. Enfermó de gravedad estando en el yacimiento de Tiermes, sin duda, uno de sus proyectos vitales. Quedó en idea su intención de conseguir que la colección etnográfica del Museo Numantino, que se había incrementado notablemente bajo su dirección, pudiera instalarse en el Colegio Universitario de Soria (CUS), creando una relación a través del parque de ambas áreas, la arqueológica y la etnográfica. Dejó inconclusa la señalización que ya se había iniciado de los yacimientos en las vías de comunicación, una reforma ambiciosa del Museo de Ambrona y, sobre todo, el desarrollo en profundidad  de la red de museos dependientes del Numantino como un modelo eficaz de gestión.