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Tera, dinamismo y unión en la entrada al Valle

Ana Pilar Latorre
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Es la puerta de entrada a la comarca de El Valle y la presentación no puede ser mejor, con un entorno natural y cultural de gran riqueza y curiosidades que El Día de Soria tiene la oportunidad de descubrir

Dinamismo y unión en la entrada al Valle - Foto: Eugenio Gutierrez Martinez

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Tera (Soria)

Es la puerta de entrada a la comarca de El Valle y la presentación no puede ser mejor, con un entorno natural y cultural de gran riqueza y curiosidades que El Día de Soria tiene la oportunidad de descubrir. La alcaldesa pedánea desde 1999, Laura Díez Romera, es la gran responsable de la unidad que hay en el pueblo y de los servicios que tiene. Se muestra satisfecha porque, a pesar de que muchos vecinos emigraron hace décadas a Barcelona y San Sebastián, principalmente, se está manteniendo la población en el centenar de vecinos. En el pueblo se rehabilitan casas, pero la urbanización El Estanque de Tera y La Rañe Alta (hay tres parcelas disponibles de VPO) siguen atrayendo a familias de muy diversa procedencia.

Cuando ella llegó recuerda que se creó el CRA de Almarza y se puso en marcha la guardería de Tera, que da servicio a toda la zona (Almarza, San Andrés, Arguijo, Sotillo, Valdeavellano...) y a la que acuden ahora siete niños de un año a tres (el centro ya se ha adherido a la gratuidad de dos a tres años). 

Es un poco antes de las cuatro de la tarde y Natalia -una de las dos profesoras que, además, es de la zona- espera que los últimos papás recojan a los niños mientras hacen puzzles entretenidos. 

«Estamos en un entorno privilegiado, salimos todos los días a dar paseos, vemos gallinas, vacas... y hablamos con los abuelitos», destaca haciendo referencia a la «satisfacción personal» por poder  estar allí. Es un servicio «imprescindible» para conciliar, sostiene Laura. Igualmente, el transporte escolar lleva a niños y adolescentes al cole de Almarza y al IES Politécnico de la capital. La juventud también está muy unida y hay una veintena de chavales que se siguen juntando, como se hacía antes, en la plaza, Los Castaños... y que están deseando que las fiestas, con su popular gallofa, vuelvan (se han hecho actos de manera responsable).Entre ellos, Gonzalo (pasea al perro con sus primos) y Natalia y Olivia (charlan en el frontón), que coinciden en hablarnos de la «tranquilidad» del pueblo y en el gran ambiente que hay en verano. 

Tera tiene consultorio médico (ahora es a demanda y antes abría una hora a la semana), pero el «centro base» está en Almarza, donde también hay oficina bancaria. En cuanto a la cobertura, los vecinos están satisfechos por la llegada de la fibra a través de un proyecto europeo. «En época de pandemia ha tocado a muchos teletrabajar», como los últimos vecinos que han llegado al pueblo desde Madrid tras decidirlo en el confinamiento. En este paseo por el pueblo contemplamos originales carteles de calles y escudos, que son obra de Alfredo, de Rollamienta. 

Una familia de origen brasileño y portugués gestiona desde hace dos años el bar-tienda multiservicio (ofrecen almuerzos, comidas y cenas) y la casa rural en la antigua casa del médico (edificio municipal) «que funciona de maravilla». Además, hay otras dos casas rurales que «tienen gente todos los fines de semana». En el edificio de usos múltiples hay también un salón, donde se hacen reuniones y conciertos; y el bar antiguo se presta para encuentros de grupos y, por ejemplo, clases de yoga. También estos meses hay talleres de informática y de memoria y gimnasia en Almarza. Las mujeres suelen juntarse en el bar para jugar a las cartas. «Procuramos que haya mucha convivencia, hay actividades durante todo el año. Es la base fundamental, hay que mantener el estar juntos y hacer cosas», explica Laura haciendo referencia al Día del Árbol, vermuts de fines de semana, Carnaval, Halloween, Navidad... La AsociaciónAmigos de Tera es muy dinámica y el bar es punto de encuentro.

PALACIO DE LOS MARQUESES LOS ORÍGENES DE LA LOCALIDAD

Cerca del palacio de los Marqueses de Vadillo contemplamos las vistas: el cerro San Juan, la sierra Garagüeta, la sierra de Cebollera, el puerto de Oncala...«Hay muy buenas vistas», comenta Laura. Esta casa solariega histórica, ligada como toda la localidad con la trashumancia, está muy bien conservada por los descendientes, y los ganaderos que allí viven cuidan las vacas en las fincas privadas y reparten la carne. Dentro está la ermita de Santa Constanza (se venera allí la reliquia de su cráneo), que se celebra en septiembre, mientras que las fiestas del Carmen son en julio. Se mantiene el pedir la gallofa, que es lo mejor de las fiestas. «Los orígenes del pueblo están relacionados con los marqueses y muchos vecinos trabajaban en el palacio», comenta destacando que siga vinculado a la ganadería.

Paseando por el pueblo nos encontramos con Anamari Moreno, compañera de clase en la «escuela mixta» de Tera de Laura junto a otros 15 alumnos. Ambas están muy orgullosas de haber estudiado en un colegio rural. «El pueblo ha cambiado  mucho, la gente se ha ido y se ha dejado de vivir de la agricultura y la ganadería», apunta esta vecina, aunque aún quedan siete personas que se dedican al sector. El padrón aumenta, pero sobre todo porque allí vive gente que trabaja en la capital, a tan solo a 21 kilómetros y con muy buena carretera (la alcaldesa trabaja en Soria y nunca se ha tenido que quedar por la nieve). Ambas tereñas hablan de ese arraigo al pueblo -viven allí y trabajan en Soria- y recuerdan momentos de su juventud en la plaza y bajo los castaños (en las comidas de la asociación se juntan bajo los mismos 170 personas). El rincón preferido de Anamari es «la iglesia del Carmen con vistas al río» y su padre decía que «debajo de los castaños se aguanta cien años» porque dan mucha sombra. Quiere destacar la rápida actuación en el incendio de la casa de su madre, se siente muy agradecida.

De pequeñas se bañaban en el río, que estos días lleva mucha agua, pero ahora no se puede porque no dejan que se limpie, por lo que en verano se suele ir a la piscina de Almarza. «Yo me escapaba a la presa a bañarme cuando mi madre se dormía», recuerda Anamari.  

Muy cerca visitamos a Julio García, que nació en el molino. Tras trabajar de carpintero en Barcelona durante muchos años, ahora disfruta de su jubilación en su pueblo junto a su mujer. «El uno de julio me jubilé y el diez ya estaba aquí», comenta mientras nos muestra cada detalle del huerto (con tomates, calabacines, pimientos, lechugas, cebollas...) y el jardín. El vecino ha arreglado las campanas y las melenas con madera de bolondo. Ahora el reloj se le está resistiendo, pero «hace una labor increíble». Lo que más le gusta del pueblo, bromea, es que «aunque vayas a misa al final, la oyes entera».

Inés, la madre de Laura, nos cuenta que llegó a Tera desde Pedraza cuando se casó con Felipe, que de joven emigró a Barcelona pero pronto regresó al pueblo. Llevaron el bar y la tienda y la venta ambulante de ultramarinos por toda la comarca -también tenían vacas de leche- y destacan la «tranquilidad». 

Se dice que los orígenes del pueblo están en el monasterio de Santa María de Tera, para repoblar la zona en el año 800. Hay en las casas muchas estelas funerarias y piedras de molino y el pueblo conserva restos de un dinosaurio y del despoblado de la época de Numancia. 

Rubén Duro empezó de cero como ganadero tras estudiar Sanidad animal y lleva cuatro años criando unas 30 cabezas  de raza pura Blonda de Aquitania, apostando por «la selección genética». Dio el paso porque «es de lo que siempre se ha vivido aquí» a pesar de no ser de familia ganadera. Un valiente, le gusta y lo vive. Junto a los prados en los que pastan, salen los caminos de paseo habitual hacia Espejo de Tera y San Andrés de Soria. Otro punto de interés, además de la iglesia, es el lavadero, donde se celebró una boda. 

Tera es parte de la Reserva de Caza de Urbión y tiene su coto para los vecinos. La alcaldesa reflexiona sobre la despoblación y las soluciones, cree que el medio rural te tiene que gustar y que no se puede imponer. Lo principal, los servicios y apoyar a los habitantes.

áreas residenciales DESDE HACE 30 AÑOS

Sobre las urbanizaciones, la del Estanque la promovió el descendiente del Marqués de Tera hace 30 años y allí hay empadronadas 40 personas, y la de la Rañe Alta se puso en marcha en lo que era un prado de vacas hace ocho años, con familias también viviendo durante todo el año y otra casa a punto de estrenarse. Mariola Melendo y su familia fueron los primeros en llegar alEstanque en el año 2000, vieron varias casas pero finalmente se decidieron por Tera, «con la fibra hemos subido de nivel». Rubén Fernández llegó de Asturias porque buscaban «un entorno rural» y habla de la calidad de vida y de la labor de la alcaldesa por hacer «unidad de pueblo». Junto al estanque, con patos y comadrejas, garzas, viven otras familias llegadas de lugares como Burgos, Alcalá, México, California...

Nuestro recorrido termina en la tienda y fábrica de embutidos La Matanza, un negocio de mucha tradición con encargos de toda España y clientes que vienen de todos los rincones. Ilu Llorente nos habla del chorizo y la cabecera de lomo, del secadero natural. Poca producción pero de gran calidad con una trayectoria de más de 40 años.