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Personajes con historia - Magón

El pequeño de los Barca, fundador de Mahón


Antonio Pérez Henares - 22/11/2021

No he visto, y en este caso hasta he tenido el lujo de adentrarme en él con un llaud, puerto más hermoso, abrigado y seguro, cuando estás dentro, que el de Mahón, la capital de Menorca. Esa isla de las Baleares, una gema verde durante muchos meses del año rodeada de un mar azul turquesa, que sus habitantes han sabido salvaguardar como ningunos otros de la Pitiusas. Se nota que la quiero y guardo añoranzas marinas de ella, yo que soy hombre de mucho secano.

Mahón, su capital, la nombro así, en castellano, pues su nombre en catalán, Maó se aleja un poco de lo que quiero contarles. ¿Porque saben a quién debe su nombre? No muchos, ni siquiera en la isla, conocen la razón ni al poderoso guerrero que se lo dio y que no es otro que un Barca, un hijo de Amílcar, el hermano pequeño del gran Aníbal: Magón.

Magón, aunque un tanto ensombrecido por el genio militar y la inmensa fama de su hermano mayor, fue, sin embargo, un figura clave y muy relevante en aquella dinastía iniciada por su padre y completada por su hermano Asdrúbal: los Bárcidas, los cartagineses hispanos, pues por tal apodo eran también conocidos que se las tuvo tiesas con los romanos a los que tuvieron, por momentos, acogotados.

Hispania, a la que tantos dicen que les debe el nombre, pues los de Cartago no eran sino fenicios, fue más que un territorio que conquistaron en buena parte y en el que fundaron ciudades del rango de Cádiz (Gades), Cartagena, claro, y Barcelona, que aunque esto se sepa todavía menos que lo de Mahón, es la ciudad del Barca, de Amílcar, del Rayo, pues el apodo Barca significa en su lengua eso. Muy bonito, vamos.

Pero supongo que a los separatistas catalanes no les gustara mucho esto de ser la ciudad de quien casi primero llamó Hispania a nuestra nación. Les escocerá un poquito. Aunque de aquí a nada puede salir un historiador diciendo que Amílcar era de pura raza catalana y con los ocho apellidos del Penedés.

Amílcar no nació a orillas del Llobregat, sino al otro lado del Mediterráneo, pero desde luego vivió mucho por aquí e incluso aquí murió. Curtido y exitoso general, que salvó a su propia ciudad Cartago del ataque de los mercenarios sublevados y obtuvo importantes éxitos contra los romanos, ante los que, eso sí, la final hubo de doblegarse, y de pedir la paz, expandió el dominio cartaginés por gran parte de la península. En la que vino a perecer en una batalla menor en la que no contó con el arrojo de los íberos, en este caso de las tribus oretanas, que lo derrotaron en el combate de Illice, en las cercanías del actual Elche. Soltaron contra sus tropas toros con haces de sarmientos encendidos en su testuz que le rompieron las líneas y él acabó por ser muerto en la confusión al atravesar un riachuelo cercano.

Su hijo Aníbal tenía ya entonces 19 años y el pequeño, Magón, el más querido por su madre, considerada la mujer más bella de aquel mundo, apenas 15. Y sobre su lugar de nacimiento hay ya más que hablar. Incluso del de Aníbal, que se viene a dar también a Cartago como lugar, pero que hay quienes afirman que lo hizo en otra de las islas Baleares, tan visitadas y queridas por aquellos grandes marineros cartagineses, Cabrera. Leyenda o no, los isleños lo dan por hecho y no voy yo a meterme con su tradición. Lo de Magón, sin embargo, es más posible y desde luego ya desde muy niño estaba en la península y en ella iba a desarrollarse toda su peripecia vital.

Desde ella salió junto a su hermano hacia Italia, con él y sus elefantes cruzó los Alpes y con su infantería y caballería ibera y sus honderos baleáricos combatió en las batallas de Trebia y desempeñó un papel trascendental en la de Cannas, maravilla de la estrategia militar que hoy sigue siendo objeto de estudio, y en la que Aníbal infligió a Roma la peor de sus derrotas y puso Italia a su merced. El joven Magón formó junto a su hermano, en el centro, junto a sus tropas más débiles, la infantería gala, y que debían de soportar el empuje de los legionarios romanos, para así poderlos envolver por los flancos. Magón consiguió mantener sus formaciones y eso propicio el aplastamiento final de la infantería romana.

Fue él quien llevó al senado de Cartago la noticia, junto con los anillos de oro de los équites romanos caídos en el combate y quien pidió refuerzos para Aníbal, que consiguió, a pesar de la oposición de los enemigos de los Bárcidas, encabezados por Hannón el Grande, que se los negaba una y otra vez. Esta vez el impacto de la victoria lo permitió y un ejército se aprestaba a salir para Italia bajo su mando. 12.000 infantes, 1.500 de caballería y 20 elefantes iban a partir cuando llegó la mala nueva de que su hermano Asdrúbal, el mediano, había sido derrotado en Hispania por los Escipiones, Publio y Cneo, al sur del Ebro, la ruta de llegada de posibles refuerzos por vía terrestre cortada por ello y el dominio cartaginés en la península en serio peligro.

Ello supuso ahora que este ejército con Magón al frente se dirigiera con urgencia hacia allí. Magón aún logró que, por mar y con la escolta de la flota púnica de Bomílcar, se enviaran a su hermano por mar 4.000 jinetes númidas y 40 elefantes. Nada más iba a recibir Aníbal, a pesar de sus éxitos, de los sufetes de Cartago, que se la tenían jurada.

La llegada de Magón en el año 215 a. de C., que compartió el mando en Hispania con su hermano Asdrúbal, resultó decisiva. Fue una guerra de dos hermanos púnicos contra dos hermanos romanos, dos Barca contra dos Escipión.

La primera gran victoria de Magón en Akra Leuké, una hábil emboscada donde aplastó a la caballería del cónsul Publio Cornelio que perdió 2.000 hombres, permitió restablecer el equilibrio y la lealtad a los púnicos de las tribus iberas aliadas. Pero siguieron sin poder enviar refuerzos a Aníbal y, además Asdrúbal, hubo de retornar a África para combatir una rebelión de Sifax, el rey númida.

Eso dejaba a los Escipiones con ventaja pero no se atrevieron a explotarla y Magón, junto con un general cartaginés, Asdrúbal Giscón, los mantuvo a raya hasta la vuelta de su hermano.

 

Tres ejércitos púnicos

Corría ya el año 211 a. de C. cuando los Escipiones se lanzaron al ataque, sabiendo que los tres ejércitos púnicos estaba separados. Asdrúbal Giscón estaba cerca de Gadir (Cádiz), Magón al lado de Cástulo (cerca de Linares de donde era natural la princesa Imilce con la que se había casado Aníbal), cada uno con unos 10.000 hombres, y Asdrúbal Barca con 15.000 en Amtorgis.

Los Escipiones consideraron llegada su oportunidad y se dividieron también. Sus fuerzas eran, a priori, muy superiores. Publio con 20.000 soldados, el doble que el pequeño de los Barca, se dirigió a Cástulo contra Magón. Pero entonces, a gran velocidad, Asdrúbal Giscón saliendo de Cádiz logró unírsele antes de que llegara el romano y juntos, con la ayuda, además, del caudillo íbero Indíbil y del númida Masinisa destrozaron a sus legiones del cónsul y le dieron muerte a él.

Sin perder el tiempo en celebraciones, se pusieron de nuevo en marcha para ir en ayuda de Asdrúbal Barca, contra quien venía el otro Escipión, con 35.000 hombres. Magón era un excelente general de caballería y supo sacarle el mayor de los partidos. Concentrado a la postre toda la fuerza cartaginesa trabó batalla con los romanos, les infligió una tremenda derrota y mató también su jefe, Cneo. Los dos hermanos Escipiones habían perecido y de sus tropas tan solo quedaron 8.000 hombres que huyeron al norte del Ebro.

Todo parecía pintar bien para los púnicos, pero iba a aparecer otro Escipión, que nada tenía que ver como estratega con su familiares derrotados y muertos. Este que acabaría de pasar a la historia como El Africano les devolvería la pelota, vengaría a su linaje y acabaría por convertirse en la Némesis de los Barca.

Los 8.000 supervivientes romanos aguantaron las embestidas cartaginesas amparados por el gran río y pronto se vieron reforzados por 20.000 hombres más enviados por el senado romano en el año 210 a. de C. Fue entonces cuando el nuevo Escipión les demostró quién era y cómo hacer la guerra a los dos Asdrúbal y a Magón.

Aprovechando la mala relación entre los tres y su descoordinación, Giscón estaba en la desembocadura del Tajo, Asdrúbal en el centro peninsular y Magón por Gibraltar, se lanzó por mar contra su capital, Cartagena. Solo Magón tras una marcha infernal, con muy pocas tropas y agotadas intentó llegar a defenderla y consiguió con sus avanzadas entrar en ella cuando ya los romanos habían tomado parte de la muralla que daba al mar. Tras una última resistencia en la ciudadela, ya conquistada casi por completo la ciudad y sin esperanza de socorro, pactó la capitulación. Escipión, que había hecho gala de humanidad, impidiendo el saqueo, la hizo también de generosidad con Magón, al que dejó partir y zarpar con sus hombres. El joven Barca se dirigió entonces a Gadir (Cádiz) donde estableció su base.

Escipión marchó entonces contra Asdrúbal Barca al que derrotó en Baecula el año después y este se retiró ya de Iberia rumbo a Italia donde intento reforzar a Aníbal, pero los romanos lo vencieron y mataron en Metauro.

 

Regreso a África

En Hispania, Magón logró volver a levantar un ejército aliándose tanto con tribus íberas como celtas y avanzar por encima del Tajo hasta llegar a orillas del Duero. Parecía poder volver a presentar batalla pero la mejor organización romana y la indisciplina de los contingentes nativos hizo que la aventura acabara con sus campamentos asaltados y el joven Barca, que consiguió huir con parte de sus tropas, de nuevo refugiado en Gadir donde se le unió, con las suyas, Asdrúbal Giscón.

Magón movió entonces su caballería y se empleó en conseguir aliados, pero Escipión ya tenía la sartén por el mango y no la soltó. Antes de que pudieran reorganizarse obligó a Giscón a una batalla campal (206 a. de C) y acabó con lo que quedaba de su ejército. El hermano pequeño de Aníbal se limitó, entonces, a una última y desesperada ofensiva. Aprovechando la rebelión ibera contra los romanos encabezada por su viejo aliado y amigo Indíbil, intentó la reconquista de Cartagena.

Fue un desastre y fue casi aún peor la postrera amargura de encontrarse al volver a Gadir, las puertas cerradas para él. Furioso las hizo derribar y crucificó a los magistrados de la ciudad por traición. Luego embargo con sus tropas y tristemente se dirigió a las islas Baleares para invernar.

Al llegar a Menorca se adentró por el hermoso y protegido puerto que hoy lleva su nombre y allí se estableció. Dicen los marinos que Magón eligió muy bien, pues no hay puerto mejor, si acaso el de Malta, en todo el Mediterráneo que pueda equipararse a él. A Nelson y Collingwood, también así se lo pareció. Los cartagineses, fenicios al cabo, de navegación sabían más que nadie aunque su mar acabaría siendo romano. El Mare Nostrum se llamó.

Pero Magón no iba a quedarse en su refugió balear. Decidió atacar a Roma en su propio territorio. A principios del verano de 205 a. de C. zarpó de Menorca rumbo a la Liguria con 30 naves, las quiquirremes púnicas. Logró apoderarse de Génova y controlar buena parte del norte de Italia durante más de tres años, poniendo en jaque a nada menos que siete legiones que enviaron contra él y que no consiguieron desalojarle a pesar de haberle conseguido herir en la batalla de Galia Cisalpina.

Al cabo se vio obligado a reembarcar, llamado como su hermano Aníbal, a defender Cartago, la ciudad que no había consentido en apoyarles, y que ahora se encontraba a merced de Escipión quien había derrotado a todos los generales y aliados de la otrora poderosa ciudad. Embarcó con sus tropas rumbo a África en el año 202 pero no llegó a su destino, pues, aunque no trabó combate alguno con la flota romana, pereció en alta mar. En la definitiva batalla de Zama, en octubre de 202, de Aníbal contra Escipión, el pequeño de los Barca no pudo estar, esta vez en la derrota, al lado de su hermano mayor.