TRIGO LIMPIO

Luis Miguel de Dios

Escritor y periodista


¡Ay, la PAC!

Pintan bastos en Bruselas. Y aumentan, aun más, los temblores entre los agricultores y ganaderos españoles. El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, ha presentado una propuesta de presupuesto para el periodo 2021-2027 que implica recortes serios, un 14%, para los fondo agrícolas, es decir menos dinero a repartir entre los países. O sea, mermas en la PAC y en otros apartados. La noticia ha motivado la correspondiente alarma, aunque todavía es pronto para echar cuentas. Y lo es, especialmente, porque tanto el presidente del Parlamento Europeo, David Sassoli, como los negociadores de la Eurocámara y los miembros de la Comisión (especie de Gobierno europeo) se oponen al documento de Charles Michel. Piden más euros. Entienden que, en estos tiempos, con la idea de Europa tiritando y atacada desde muchos frentes, no es el momento de recortar y menos en el agónico sector agrario. También rechazan la merma en un 12% de los fondos de cohesión, otro de los bastiones de la solidaridad europea como apoyo a las naciones más pobres. Pero, claro, no corren buenos tiempos para la lírica. El Brexit ha dejado al erario europeo sin 10.000 millones y los países contribuyentes netos no quieren cubrir ese hueco. Además, el tal Michel quiere relegar a la agricultura y a la cohesión en beneficio de soltar más dinero para luchar contra el cambio climático, para avanzar en una agenda digital propia y para cuestiones de seguridad e inmigración. La batalla está servida. Y de quien venza dependerá un futuro más halagüeño para el campo u otra navajada de la que le será difícil recuperarse. Y todo ello cuando Bruselas desea (o eso dicen) frenar la despoblación y atender como se merece al mundo rural. Desde luego, con recortes como los previstos por el señor Michel se va a mejorar muy poquito en tal terreno. Es una de esas contradicciones que uno jamás comprenderá. Creo que tampoco lo entienden los jefes de Estado y de Gobierno que el jueves se reunirán en la capital belga. Y son los que tienen que decidir. ¡Virgencita, que me quede como estoy!