Mucho más que cupones

Ana Pilar Latorre
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Carmen Pueblas y Henry Freddy Arébalo son caras ya conocidas en Soria porque permiten con su trabajo que la ONCE ayude a muchas personas

La ONCE, mucho más que cupones - Foto: Eugenio Gutierrez Martinez.

Carmen Pueblas es afiliada y vendedora de cupones de la ONCE desde hace ya casi 13 años, toda una veterana, y Henry Freddy Arébalo es una de las últimas incorporaciones, ya que llegó hace año y medio. Ambos señalan que la organización les ha aportado seguridad y estabilidad laboral y, para ellos, es la mejor opción para personas con problemas de visión, tanto para tener un trabajo como para obtener ayuda para el día a día. En cuanto a la venta, «a veces nos dicen que no damos premios, pero lo importante es el gesto de colaborar con la gran labor social de la ONCE. No es solamente el sorteo, también todo lo que conlleva detrás». Para ellos, es «el mejor trabajo», teniendo en cuenta sus circunstancias.
«Yo desde muy pequeña he llevado gafas porque tenía miopía. Cuando vine de Santander a Soria me miraron la vista para ponerme lentillas y el oftalmólogo me aconsejó que fuera a consulta médica porque tenía una enfermedad muy grave en la vista», relata Carmen, de 57 años y una discapacidad del 77%. De inmediato, le hicieron pruebas y le diagnosticaron retinosis pigmentaria, una enfermedad que se caracteriza por una pérdida lenta y progresiva de la visión y que afecta, sobre todo en las etapas iniciales, a la visión nocturna y periférica. Acudió al Centro Base de Atención a las Personas con Discapacidad para solicitar una minusvalía. Como estaba en paro y tenía tres hijos, le dijeron «que fuera al Inem porque las empresas estaban obligadas a contratar a personas con minusvalía», aunque pasó un año y no la llamaron. Entonces me hablaron de la ONCE, «hice el curso y empecé a trabajar a los tres meses y hasta hoy». «Gracias a la ONCE tengo un trabajo y puedo atender bien a mi familia», comenta Carmen, que  antes de llegar al quiosco de la plaza de Herradores, en el que lleva dos años «muy a gusto», estuvo vendiendo en el exterior, en la Colmena, Mariano Vicén o la Tarta. Tanto los quioscos más nuevos como los antiguos tienen calefacción y aire acondicionado, por lo que son muy confortables para los vendedores, que trabajan mañana y tarde. Carmen ha dado premios en Soria: dos bonos por 70.000 euros y 20 cupones de 500 euros al cupón. 
Además del trabajo, destaca otros servicios a los que tiene acceso como afiliada, como revisiones de vista, cursos de mecanografía e informática, perro guía o bastón... «En ese sentido, todo lo que necesitamos senos lo facilita», agradece la vendedora. Una amiga le ha aconsejado tener un perro guía y, aunque no le gustan tanto como los gatos, confiesa que lo está pensando, porque «sería para trabajar...».
Sobre la accesibilidad en la ciudad, cree que el Ayuntamiento de Soria «se podía esmerar un poquito más para eliminar las barreras arquitectónicas. Han hecho alguna cosilla pero falta mucho...». «Les ha dado por las calles empedradas, ya no te digo para las personas que tenemos mal resto visual, pero para la gente mayor que va con un andador o una silla de ruedas...», denuncia la vendedora de la ONCE solicitando también que haya más semáforos con sonido. Ella, que usa  bastón cuando va sola, sabe que hay un escalón pero no cómo está el semáforo... Es algo que ya ha solicitado formalmente la ONCE, nos comenta Carmen. Lo que sí elogia es la comprensión y la colaboración de la gente, «porque te ven en un momento dudando y enseguida te preguntan si necesitas algo».
tener trabajo. Por su parte, Henry, de 36 años y una discapacidad del 82%, lleva un año y nueve meses en la ONCE y está muy satisfecho, aunque todavía no haya podido dar ningún premio a los sorianos. Ahora realiza sustituciones en los puntos de venta, cubriendo las  vacaciones o bajas de los compañeros. El vendedor llegó a la organización tras apuntarse a Fadiso, donde le ofrecieron hacer el curso oficial. «Yo quería hacer cualquier actividad para poder conseguir un empleo, porque con nuestra discapacidad es complicado», apunta coincidiendo con Carmen; y a los tres meses, cuando hubo una vacante. Henry destaca que la ocupación de vendedor se ajusta más a su situación, ya que antes había trabajado como ayudante en bares o en pintura de interiores o instalador de pladur, «midiendo siempre los límites porque no podía, por ejemplo, bajar y subir a una escalera». 
Su problema visual llegó con un accidente cuando era pequeño, al golpearse con la manilla de una puerta, «y desde ese momento no volví a ver normal». Tras el percance, le operaron en Santiago de Chile y recuperó algo de vista, pero no demasiado. Como afiliado de la ONCE, destaca la ayuda y colaboración que se ofrece y está de acuerdo con su compañera en los problemas de accesibilidad y con los semáforos. Los dos se apañan bien con el móvil, con letra grande y audios, Carmen siempre va con su lupa e incluso tiene una Alexa, «la vuelvo loca». 
El deseo de ambos es, como vendedores, «dar buenos premios pero, sobre todo, ayudar a la gente que le hace falta». «Y que tengan en cuenta que, aunque se compre a otros vendedores, se ayuda a todos», apunta Henry. «Es algo que no es solo para nosotros, porque nadie está libre de que te ocurra cualquier cosa y tengas una minusvalía y puedas encontrar un puesto de trabajo en la ONCE, porque no es solo para los que tenemos trabajo de visión. Ahora en Soria hay más gente vendiendo con minusvalía que afiliados», añade Carmen, una de las veteranas. 
Los vendedores se reúnen frecuentemente y «cuando mejor nos lo pasamos es en Santa Lucía, el 13 de diciembre, porque hacemos una comida todos los trabajadores de la zona de Soria». Ahora que se va a reabrir la oficina de Soria, los afiliados lo notarán, sobre todo para hacer gestiones y solucionar problemas que puedan surgir antes, en vez de tener que viajar a Burgos.