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'Tío zarrón, tío malagón. Las sopas de leche ¡qué ricas son!'

Ana Pilar Latorre
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Es lo que volverá a escucharse este año durante las danzas y entre las carreras

‘Tío zarrón, tío malagón. las sopas de leche ¡qué ricas son!’ - Foto: Eugenio Gutierrez Martinez

Ya llega San Pascual Bailón, después de dos años sin danzas, soparra, zambombazos...La 'bicentenaria' cofradía, con 1.200 socios de todas las edades, tiene todo listo para que adnamantinos y visitantes disfruten de esta fiesta de Interés Turístico de Castilla y León. El presidente, Andrés Esteban, y su mujer, Mª Jesús García, muy vinculados a esta tradición desde recién nacidos, igual que sus hijos, nos cuentan todos los detalles de la misma. En esta familia han pasado por distintas funciones en la cofradía: mayordomos, danzantes, zarrones...

Cobran especial protagonismo en San Pascual Bailón los mayordomos, las 12 parejas de danzantes, los tres zarrones y los mayordomos. Además de numerosos niños que también actúan de danzantes y zarrones infantiles y que, gracias a ellos, continuará la tradición. A la cita acuden con los palos y castañuelas (la de gran tamaño la lleva el palillero) que se usan en las danzas para chocar y marcar los pasos, aunque también se guían por la música. «Tío Zarrón, Tío Maragón, las sopas de leche ¡qué ricas son!» es la canción volverá a escucharse con emoción este año en las actuaciones.   Un espectáculo que merece la pena presenciar en la plaza Mayor.

Los danzantes principales no ensayan, tienen los pasos muy pero que muy sabidos. Tan solo se juntan la víspera de San Pascual en la casa del mayordomo «para saber con quién se va de pareja y quién tiene que cambiar». Los pequeños sí que aprenden a bailar San Pascual cuatro o cinco días en la semana anterior. Como curiosidad de las danzas, el Milanazo se recuperó para el bicentenario, «pero realmente no se toca». 

Continuamos ahondando en esta tradición. La soparra es un ingrediente imprescindible en San Pascual Bailón, la  preparan los mayordomos con vino, pan y azúcar antes de la misa y la danza, así se va ablandando el pan antes de probarla todos. Además, los zarrones la llevan en la colodra, una especie de cuerno  decorado, y la reparten en la puerta de la iglesia. Nos enseñan el más antiguo, del abuelo de Andrés, que sí que era pastor.Vemos que está grabado con curiosas imágenes religiosas y de animales. Mª Jesús nos muestra el gorro del zarrón, con las plumas y los rabos de zorro «porque su origen es pastoril y se hacía con lo que tenían a mano». Al hilo, nos cuenta que el último pastor que hubo en Almazán, ya retirado, es Pedro Poza. «Es quien lleva el pendón de la cofradía», detalla.  Y vemos que la zambomba del zarrón «solo lleva por dentro lana de oveja, nada más. Es duro hasta cierto punto. No es serrín mojado como se dice...».

Otra de las curiosidades de San Pascual es que «siempre se sale y se entra de casa del mayordomo». Además, el segundo día se hace allí la verbena y se cobran recibos a los socios, a tan solo 30 céntimos. Y se mantiene la tradición de la rifa de corderos y las papeletas son a 25 céntimos. Otra curiosidad es que el santo se saca el primer día de espaldas, para mirarlo; y los mayordomos entrantes y salientes le colocan un rosco, mientras que los vecinos lo adornan con flores. El primer libro de la cofradía, en el que se constata su origen en 1816, se conserva en el Archivo Diocesano de El Burgo de Osma. Otro dato es que se reparten 200 kilos de caramelos, que la gente quiere recoger del suelo osando a los zarrones.

Para los responsables de la cofradía, «mantener la fiesta no supone ningún esfuerzo, porque forma parte de los adnamantinos». Estos días tienen nervios, sobre todo porque hay que cuadrar horarios, hacer los programas... «Buscar mayordomo habitualmente no cuesta», aseguran, por lo que la continuidad de la tradición está asegurada. 

los mayordomos. El mayordomo es este año, Longinos Morón, quería serlo en 2022, porque le pilla justo «de descanso en el trabajo» y «hay que aprovechar». Antes vivía con su familia en Cobertelada (pedanía), donde también se celebraba San Pascual, y no conocía esta tradición. Pero cuando se trasladaron a Almazán se apuntaron todos a la cofradía y tuvieron la oportunidad de descubrirla. Fue entonces cuando se dijo: «Yo quiero bailar San Pascual», lo que consiguió. Con el tiempo, le llamaba ser mayordomo y se lo propuso a su «amiga de toda la vida» Olga Salvachúa. Ella vive en Córdoba, pero se organizan a la perfección a pesar de la distancia. Para el mayordomo, «es una sensación bonita y buena, más aún este año. Se echaba ya de menos dar la vuelta por la plaza con las castañuelas, pero bueno, ya estamos de nuevo». Tienen muchos cometidos y deben responder. Y claro que le gusta la soparra: «¿A quién no le gusta la soparra?».

Olga repite «la experiencia y la ilusión» de ser mayordoma después de 16 años, «lo que sumado a poder cumplir el sueño de mi mejor amigo Longinos multiplica la emoción». «Me siento muy orgullosa de ser adnamantina y pertenecer a la familia Salvachúa, que ha sabido mantener viva la tradición en varias generaciones. Mi abuelo Gonzalo fue uno de los primeros pastores de la cofradía», explica.

los zarrones. Álvaro Esteban es uno de los tres zarrones, junto a Mario Salvachúa y Arturo Esteban. «Ya he estado unos años antes, pero siempre hace ilusión», comenta reconociendo que «siempre hay nervios» y más este año después de dos años. «Hay muchas ganas» entre los zarrones, cuya misión es «guardar la danza» y «organizar el transcurso de la fiesta». En el momento de las carreras, sobre todo, velan para que «no haya ningún altercado» y «no pase nada a ninguna persona dentro de la plaza, tanto danzantes, como gente que corre y público que asiste». Sin duda, ofrecen una de las imágenes más vistosas de las fiestas, con ese atuendo típico e interactuando con el público junto a los danzantes.

Álvaro ha mamado las fiestas de San Pascual Bailón desde que era niño, por lo que «es una ilusión» cada año cuando llegan las fechas. «Y así se lo transmitimos a las nuevas generaciones», comenta. De momento, no ha sido mayordomo, «pero en un futuro habrá que apuntarse». A él le bautizaron ya de zarroncillo y a su hermana de piñorrita, algo que hacen las familias con mucha tradición 'sanpascualina'.