Rafael Peñalver


El mazazo

10/04/2020

Una crisis mundial que pone todo patas arriba, que confina a la gente y pone a prueba al sistema. Es a la Sanidad a la que le ha tocado recibir toda la embestida y de ella depende que todo aguante. Pocas veces había recibido un golpe así, que ponga en duda su alabada resistencia.

 

Pese a ver venir el puñetazo a lo lejos, no ha podido preparar la defensa ni tampoco esquivarlo. El impacto es demoledor, en plena mandíbula, de esos en los que la visión se va a negro unos segundos y el cuerpo se tambalea, teniendo que agarrarse a las cuerdas para no caer. Y, sin embargo, se mantiene en pie.  

 

Sigue peleando pese a tener el cuerpo más lento que antes, resultado de años de no recibir los cuidados adecuados. Con la zancada limitada por tener atados entre sí los cordones de las zapatillas, trampa que le pusieron sus propios entrenadores y representantes.  Y, sin embargo, continúa luchando.

La sostienen las miles de células de su organismo, sanitarios abnegados que se niegan a darse por vencidos. Ellos, ellas, que están trabajando sobrepasando sus límites, sometidos a un estrés nunca visto, con las marcas de la mascarilla en la cara y los ojos hundidos por el cansancio. Adaptándose sobre la marcha, reinventando sus especialidades para aliviar a aquellas células, sus compañeras, que más peso soportan. Frustrados por ver cómo, pese a sus esfuerzos, no pueden ayudar a todo el mundo. Llevándose a casa nombres de pacientes que ya no están, pero sabiendo que al día siguiente habrá otros a los que sí podrán ayudar. Sacrificando su propia salud, física y mental, por la salud ajena, curiosa paradoja.

 

No todos están en primera línea. Aunque bajo mínimos, la sanidad debe seguir funcionando, porque su labor nunca cesa. Por eso hay profesionales que deben, debemos, permanecer en nuestro puesto de trabajo, pero echando una mano a los compañeros más castigados. Cada uno dentro de sus capacidades intenta reducir la carga de éstos, no sin cierta sensación de impotencia por no poder hacer más.

 

En realidad, todos podemos arrimar el hombro, sustentar a nuestra luchadora. No es el momento de buscar culpables y reprochar acciones del pasado reciente, es el momento de apoyarnos, sostenernos y querernos entre todos. Aportando cada uno lo que pueda, ya sea quedándose en casa, fabricando material, aportando cultura, trabajando en cualquiera de los servicios esenciales o simplemente ayudando a los vecinos y seres queridos. Todo sirve para intentar que esto pase rápido y con la menor repercusión posible. Pero, sobre todo, apoyando de la forma que sea al sistema sanitario. Porque ayudar a la Sanidad Pública es ayudarnos a todos, porque es parte de nosotros, somos nosotros. Porque aguantará este golpe y vencerá al final del asalto, pero de todos depende que después salga fortalecida o de lo contrario la siguiente crisis nos mandará a la lona. 

 

Rafael Peñalver es pediatra del Área de Salud de Soria



Las más vistas