CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Illa, el primer revés

16/01/2021

A Salvador Illa se le acaba de torcer su aventura catalana. Al rechazo generalizado que provocó su decisión de no dimitir como ministro tras ser designado candidato del PSC a la Generalitat, se suma ahora el acuerdo del Govern con los partidos parlamentarios para aplazar las elecciones del 14 de febrero al 30 de mayo.

Una contrariedad para el ministro de Sanidad, que debía sospechar que podía sufrir este revés, este indeseado retraso. Solo eso explica que no dimitiera de su cargo, no dimitía porque no las tenía todas consigo sobre la fecha de las elecciones. Una no dimisión que ha afectado a su imagen de político serio y coherente aunque no acertó mucho en la gestión contra el covid.

Para que no hubiera un aplazamiento que no conviene al PSC, los socialistas amenazaron con acudir al Tribunal Constitucional. País Vasco y Cataluña tienen su propia ley electoral, que permitió retrasar aplazar, por la pandemia, sus elecciones de la pasada primavera; pero no la tiene Cataluña, que se rige por la Ley Electoral General, que no recoge la posibilidad de suspender o aplazar elecciones. Ese no pronunciamiento, más la pandemia, hace difícil que pueda prosperar el recurso al TC, así que al PSC el único recurso que le queda es tragarse el disgusto y trabajar a destajo para lograr su objetivo de que el gobierno catalán sea tripartito, PSC, ERC y En Comú, a ser posible con Illa como presidente.

Los socialistas catalanes han jugado mal sus cartas, porque no hay nada peor que iniciar una campaña electoral, o una precampaña, con una derrota. Y el retraso electoral es una derrota para los socialistas por su empeño desmesurado en tratar de impedirlo. Manejan datos que indican que Illa podría ganar las elecciones si se celebraran ahora, pero la tercera ola, tan fuerte, tan letal, puede provocar que su figura, hoy atractiva, dentro de unos meses sufra un desgaste si la vacuna no acaba con la pandemia o la deja maltrecha.

Para Pedro Sánchez el aplazamiento electoral es también una contrariedad, por no decir una preocupación. Ha jugado muy fuerte al apostar por Illa, como le pedía Miqel Iceta, y le va a ser difícil mantener en su puesto a su ministro de Sanidad durante cuatro meses más en las que se escucharán múltiples voces exigiendo su dimisión, por no mencionar que los independentistas volverán a exigir el indulto a los presos. Por otra parte quedaría aparcada la crisis de gobierno que pensaba hacer para sustituir a Illa y, probablemente, incorporar a Iceta al equipo.

Tiene Sánchez una fórmula en su mano: pedir a Illa que dimita y se dedique a trabajar en Cataluña para conseguir el mayor número de votos posibles. Y hacer los cambios previstos en su gobierno. Que lo haga está por ver. Sobre todo porque se está lamiendo la herida de asumir que no se cumple el calendario que le convenía.