scorecardresearch

«La tarea pendiente de las instituciones es la salud mental"

N.Z.
-

Asolado por el asesinato de Diolimar, considera que «el fallo» es «la sociedad machista en la que estamos viviendo». Denuncia el negacionismo de la violencia de género, que considera «una estrategia machista

«La tarea pendiente de las instituciones es la salud mental" - Foto: Eugenio Gutierrez Martinez Eugenio Gutiérrez Martí

Diolimar moría asesinada por su pareja el pasado jueves en su domicilio de la plaza del Rosario. Es la tercera víctima mortal en Soria desde que hay registros. 

¿Cómo se digiere una noticia así desde la Unidad de Violencia sobre la Mujer de Soria?

Como en todas las desgracias, siempre crees que nunca te va a tocar de cerca... Cuando a las seis y media de la mañana me enteré del asesinato en Soria, me estremeció. Lo bueno que tenemos en Soria es el compañerismo. Lo primero fue soportar el 'estrés' y, luego, ya en casa, superarlo. 

No había denuncias previas, no había pedido ayuda... ¿En qué estamos fallando -la sociedad y las instituciones- para que las víctimas todavía no se atrevan a pedir ayuda?

Creo que el fallo es la sociedad machista en la que estamos viviendo. Seguimos inmersos en una sociedad donde nos cuesta identificar nuestras conductas machistas tanto a hombres como a mujeres. 

Relacionarse con un maltratador conlleva que la violencia psicológica siempre está presente antes que la física. Entonces, que una persona (hombre o mujer) pueda identificar una conducta violenta dentro de la pareja... es complicado. Por eso hay que trabajar a la hora de sensibilizar, es básico enseñar a identificar esas conductas violentas en algunos hombres. Y esos algunos hombres, y todos los hombres, tenemos que hacer una revisión de nosotros mismos, de por qué yo me comporto así, por qué no sé canalizar mi ira... 

En la experiencia que tengo, creo que la tarea pendiente de las instituciones es la psicología, la salud mental, dejar de estigmatizar ir a terapia. Hay muchos hombres que necesitan ir para aprender a relacionarse con las mujeres, y toca a los servicios sanitarios proporcionar ese tipo de ayuda para que no llegue a pasar lo que pasa de modo anónimo, desconocido, en los domicilios, sin denuncia; o que pasen cosas extremas como la que ocurrió el jueves en Soria.

Las víctimas cuentan lo que sufren a su entorno, pero las denuncias de los allegados no llegan ni al 2% de los casos y todavía cuesta que el vecino, el que ha visto, el que ha oído... dé la voz de alarma, porque se sigue pensando que es algo del ámbito privado. ¿Falta más implicación ciudadana? 

Falta bastante conciencia colectiva, hacer un poco míos los problemas de los demás, sobre todo en situaciones de vulnerabilidad como es una mujer que sufre violencia de género, que queda anulada. Además, realmente las mujeres tardan mucho tiempo en contarlo, porque avergüenza, porque quieren proteger la imagen de ese hombre que, de cara al exterior, es perfecto pero en casa es tóxico, narcisista, agresivo... Por eso es importante que todos y todas sepamos cuáles son las señales de la violencia y estemos atentos a qué quiere decir un brazo morado, una tristeza crónica, una depresión... No hay dos casos iguales y es difícil cargar de responsabilidad a los allegados, porque hay veces que se esconde mucho. 

¿Hay recursos suficiente? O, mejor dicho, ¿son suficientemente accesibles los recursos para las víctimas?

Creo que los recursos son muy accesibles y los Servicios Sociales están siempre abiertos, pero la cuestión es que, antes de la denuncia, te tienes que identificar como víctima y, para ello, hay que trabajar la sensibilización. Por eso se hizo el Pacto de Estado contra la Violencia de Género y hay una gran inversión para llegar a cada rincón de este país en sensibilización. 

Pero esos recursos del Pacto, ¿se están gastando realmente en lo que se deberían de gastar? 

El Pacto lo que ha hecho ha sido implicar a las entidades locales de forma directa a través de una transferencia directa que pueden ejecutar o no. Esa forma de implementarlo ha depositado la responsabilidad en los municipios y hay algunos que lo hacen muy bien, otros a medias, otros que no lo hacen y otros que lo hacen muy mal. Desde la Subdelegación no tenemos la responsabilidad de fiscalizarlos, pero ahora se renueva y se va a crear una mesa de trabajo para avanzar en la mejor ejecución de ese Pacto. 

Poner cifras cuando resulta demasiado frío, pero es la manera más objetiva de ver el alcance. Pongamos cifras al problema en Soria...

Lo más realista a la hora de hablar de violencia de género son los casos activos en VioGén porque son los casos con una orden judicial activa. Hay 156 casos activos en la provincia, 3.200 en Castilla y León. De estos, cinco son menores de 18 años y cuatro en mayores de 65. Unos 90 son de la capital. 

Los datos del Observatorio alertan de un incremento de las denuncias en el primer trimestre del año. 

En verdad es una buena noticia cuando suben las denuncias porque la violencia de género siempre existe, pero pasa en la intimidad de las casas, de las parejas y, lamentablemente, no siempre se denuncia. Esto no quiere decir que las instituciones deseemos que pongan denuncias, quiere decir que eso que no se denunciaba se está denunciando. El problema es que sigue pasando, se denuncie o no.

¿Más denuncias no puede significar también que hay más casos?

No tiene por qué. Sabemos que la prevalencia de la violencia de género no está en las denuncias, es desconocida. Cuando se interponen las denuncias tenemos datos de cómo se está reflejando algo que pasa en la intimidad y tenemos un dato objetivo probado. Y si se denuncia es evidente que es porque hay violencia de género, pero violencia de género ha habido durante la historia de la humanidad y sigue habiéndola y va a seguir habiéndola, sobre todo con los discursos negacionistas que hay...

La violencia de género llega a todas las edades, a todos los rincones... pero, ¿existe un perfil más común?

Yo llevo ya dos años en el cargo y no veo un perfil dominante ni de agresor, ni de víctima. Toca a todas las capas sociales. No me gusta hablar de perfiles, pero lo que tienen en común el cien por cien de los agresores es que son machistas.

Los datos dejan en evidencia que estamos ante generaciones que siguen reproduciendo patrones discriminatorios. ¿Estamos dando pasos atrás?

Creo que el machismo va tomando diferentes formas en función de cómo avanza la sociedad. Doy las charlas del Plan Director de Violencia sobre la Mujer en quinto y sexto de Primaria y en cuarto de la ESO, y estoy escandalizado con que haya niños que jueguen a un videojuego que se llama GTA y que los padres no se lo prohíban. Porque es misógino y debería estar prohibida su distribución. Hay un informe de Save the Children que dice que la edad con la que se está empezando a ver el primero contenido pornográfico es a los ocho años. ¿Por qué? Por los dispositivos. Las relaciones íntimas, sexuales, se están aprendiendo desde un punto de vista vejatorio y violento hacia las mujeres. Se está cosificando a las mujeres. Y no es que no termine, es que va a peor.

La posesividad, los celos y el control son las tres patas de la violencia de género y, si no enseñamos a los jóvenes a que no hay que relacionarse de esa forma, estamos yendo para atrás. Pero hoy es muy difícil contrarrestar la fuerza que podamos hacer desde la Educación, servicios sanitarios, sociales, judiciales... con lo que hacen las pantallas, los videojuegos, los youtuber, instagramers, influencers... Estamos metidos en un lodazal de fomento de la violencia. 

No hay un perfil pero el CGPJ ya alertaba en un informe en 2020 que la tasa media en mujeres extranjeras era de 223 víctimas por cada 10.000 mujeres, frente al 48,6 en españolas. En Soria, los tres casos han sido en mujeres de origen extranjero...

Desde mi punto de vista, lo que puede determinar que la balanza tienda hacia ahí es la vulnerabilidad social, que hace que una mujer aguante situaciones inaguantables. Cuanta más vulnerabilidad hay, más posibilidad hay de controlar a una mujer... y a sus hijos. Convivir con el miedo a la adaptación, el miedo a la expulsión, donde el sostén económico es el marido... hace que aguanten más. 

La violencia no termina con la denuncia. Y, después, ¿qué?

Hay diferencias. Cuando una víctima ha tomado conciencia de que su relación es de violencia de género y quiere salir de ahí, se apoya en todos los recursos y su único objetivo es salir. Pero, cuando no hay colaboración de la víctima, cuando la víctima se arrepiente y no testifica, es muy complicado, y pasa mucho en víctimas mayores. Las mayores de 65 años que denuncian tienen una media de 20 años aguantando malos tratos...

Hay que reconocer que ahora en España estamos muy avanzados una vez puesta la denuncia. Se ofrece orientación a la víctima en sede policial, apoyo jurídico y psicológico, acompañamiento... El policía y la coordinadora de caso son siempre los mismos en todo el proceso... Pero, sin duda, siempre hay que mejorar.

A menudo vemos casos en los que falló la protección a las víctimas. Soria es de las provincias de España donde, proporcionalmente, más órdenes de protección se aceptan. ¿Esto se nota?

Eso depende de la autoridad judicial y en Soria es verdad que tenemos una tasa alta. También es verdad que tenemos menos casos. No sé si esa proporción se debe a la diligencia, a las precauciones que se toman... 

La Audiencia Provincial alertó de que el Juzgado número 3, que a su vez es de violencia sobre la mujer, presenta una «situación desbordada» y necesita un refuerzo. ¿Esto supone un bloqueo a nivel judicial para las víctimas? ¿O no se da el caso?

No se da el caso por el esfuerzo que hace el propio Juzgado y su personal, acabando con jornadas maratonianas a veces. Hay que reconocérselo porque, gracias a su propio sacrificio, hace que los juicios rápidos salgan adelante siempre antes de cumplirse las 24 horas.

 

¿Sería importante que hubiese un Juzgado específico?

No me considero competente para contestar con rigor a eso... 

Los menores siguen siendo las víctimas invisibles, ¿cómo se les protege? ¿Queda también camino por avanzar?

El Punto de Encuentro hace un trabajo estupendo en las visitas supervisadas. Y el Instituto de Medicina Legal también tiene un buen equipo y, cuando hay menores implicados, hacen un trabajo impecable. No quiero ser injusto pero, si hay que apuntar hacia algún sitio, quizá sería hacia los centros educativos. Debemos ser capaces de detectarlo en los centros, como víctimas que son. En la Consejería de Educación hay protocolos específicos  para detectar situaciones de violencia de género en los colegios, pero creo que, respecto a los menores, nos falta que los centros se impliquen también desde el punto de vista psicológico y social. 

Desde ciertos sectores se alude continuamente a las denuncias falsas. Según la Memoria de la Fiscalía General del Estado, de las 168.057 denuncias que se presentaron en España en 2019,  solo siete fueron denuncias falsas. ¿Cómo afecta este bulo?

El negacionismo de la violencia de género es una estrategia machista, partidista, mal intencionada, que lo que hace una y otra vez es estigmatizar a la mujer. No estigmatiza a la violencia de género, estigmatiza a las mujeres, y es muy grave lo que se hace con el negacionismo de las cifras oficiales, objetivas, estadísticas. Todo está dentro de una estrategia más del patriarcado, de hacer daño y de dejar a las mujeres en un segundo plano a efectos políticos y sociales. 

La emergencia de ese negacionismo, de querer equiparar la violencia que sufren las mujeres con otros tipos de violencia... ¿preocupa a quienes, como usted, trabajan para combatirla?

Totalmente. Me preocupa porque escuchas en algunas clases argumentos de forma literal como han salido en la tele tachando al feminismo, a las feministas, incluso a las mujeres. Incluso hablando de nacionalidades de agresores. Todo va en una estrategia que, por supuesto, preocupa, porque sintoniza con la parte donde está el subconjunto de agresores, y se pueden sentir legitimados. Están legitimando el discurso machista, violento, proxeneta... que lo que hacen es ir en contra de las mujeres. 

Casos televisivos como los de Rocío Carrasco, Juana Rivas…. ¿provocan un efecto positivo en las víctimas?

Creo que algo que tienen en común todos los agresores es que aíslan mucho a las víctimas, y muchas veces la tele, una revista, una farmacia… pueden ser una fuente de luz o de información. Que a nivel social y político se emplee como arma arrojadiza, ya es un problema de discurso, de debate, pero si a una mujer, en su casa, ver ese programa en la tele le ha hecho darse cuenta de que tiene que salir de esa relación… ya me parece que ha hecho un buen trabajo ese documental. Porque a veces necesitamos ejemplos, referentes… Marina Marroqui, por ejemplo, cuenta su historia y creo que llega mucho más que otras acciones que intentamos llevar a cabo. 

El hecho de que Soria sea una provincia pequeña ¿ayuda a que haya mayor coordinación entre todos los que trabajan por combatir esta lacra?

En Soria estoy muy contento porque la coordinación es estupenda y trabajamos persona a persona, caso a caso. Tenemos nuestras mesas de coordinación (semestrales), el trabajo de todos es exquisito y excelente.

La dispersión y despoblación, ¿hace que cueste más llegar a los casos que se registran en el medio rural ?

En el entorno rural creo que lo que pesa a veces es «el qué dirán». El entorno de la víctima y del agresor es compartido, y eso puede hacer dilatar más en el tiempo la situación. 

En violencia de género un freno siempre es visualizar cómo va a ser tu vida después, y eso no es igual en un pueblo que en una capital, no es igual en Soria que en Madrid… Además, la despoblación hace que el entorno rural sea diferente a la hora de tener una alternativa económica si dependes de tu marido. Eso puede complicar más, pero hay 19 puestos de la Guardia Civil, los Ceas están repartidos por toda la provincia… y a nivel social y policial está muy cubierto.

La única vacuna es la educación, ¿por dónde debemos trabajar?

En eso, en educación. Ahora viene el Congreso de Educación y Género que organiza la UVa, Carolina Hamodi y Laura Álvaro, y es un foro estupendo. Yo creo que la base es la educación contra el machismo, contra los estereotipos de género, apostando por la coeducación, por la educación en igualdad de forma transversal. Es necesario que la igualdad llegue a todos los libros de texto, a todas las asignaturas, a todos los docentes, a los equipos de orientación. Creo también que hay que dotar los centros educativos con especialistas de la salud mental. Y no solo por la violencia de género, también por la autoestima de la juventud, por trastornos de la conducta alimentaria, por tendencia suicidas, adicción a las redes, a los videojuegos… Es tal el bombardeo que reciben los jóvenes, que creo que hay que echar la carga en los centros educativos [...] Tenemos tanto tóxico a nivel mental, que hace falta un refuerzo. Los Colegios de Psicología están hartos de ponerlo encima de la mesa y hay que tomarlo en serio. 

¿Qué mensaje le gustaría que llegara a la población?

A mí me gustaría que los hombres no agresivos, no agresores, no violentos, no se sientan interpelados cuando se hable de los hombres violentos, de agresores. 'No todos los hombres'. Existimos muchos tipos de hombres. 

Este discurso negacionista del que estamos hablando intenta interpelar a todos los hombres, pero las campañas contra la violencia de género no interpelan a todos, interpelan a esos hombres que se comportan de forma violenta con las mujeres, que no respetan a las mujeres, que son controladores, obsesivos y posesivos con las mujeres, o incluso esos hombres que hacen consumo de prostitución, desde mi punto de vista abolicionista. 

Los hombres nos tenemos que unir para luchar contra la violencia y la discriminación de las mujeres. Los hombres tenemos que luchar por esa igualdad real y efectiva, y luchar en contra de la violencia de género.