El eco de un siglo

Javier Villahizán (spc)
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Mario Benedetti fue un hombre polifacético en la escritura y en la vida, por eso su prosa y su verso sencillo y cotidiano fue tan popular y leído por millones de personas en todo el mundo

El eco de un siglo

Citar a Mario Benedetti es reconocer a uno de los escritores contemporáneos más importantes en lengua española. Con más de 80 libros traducidos a 20 idiomas, el poeta, escritor, dramaturgo, cuentista y crítico es uno de los autores modernos más reconocidos en todo el mundo.
El literato, de cuyo nacimiento se cumplen mañana 100 años, es uno de los grandes nombres del boom de la literatura hispanoamericana. El autor de La tregua (1960) o Gracias por el fuego (1965), adaptadas a la gran pantalla, cosechó todo tipo de géneros y en todos ellos alcanzó altas cotas de admiración gracias a una prosa cercana y común. Además, muchos de sus poemas y cuentos fueron musicalizados o adaptados, un acontecimiento que sigue inspirando a numerosos músicos y directores actuales.
De origen humilde, Benedetti nació un 14 de septiembre de 1920 en Paso de los Toros (Uruguay). Debido a problemas económicos se cambió varias veces de escuela y no pudo terminar sus estudios secundarios.
Para ayudar a su familia, a los 16 años comenzó a trabajar en una tienda de repuestos de automóviles. Más tarde opositó y consiguió plaza en la Contaduría General de la Nación, al tiempo que se integró en la redacción del semanario Marcha, caracterizado por su carácter político y cultural. Fue entonces cuando empezó a tomar conciencia de lo que pasaba en su país y en toda latinoamérica.
Pasó buena parte de su vida en los barrios de su amada Montevideo, cuyos distritos fueron retratados de manera magistral en muchos de sus libros. A través de sus páginas se puede caminar por el vaivén cotidiano de la urbe y mezclarse con sus gentes. Pero también adoró a la ciudad en la distancia, hasta llegar a idealizarla, cuando sufrió el exilio político durante la dictadura (1973-1985).
El gran éxito de sus libros poéticos y narrativos, desde los versos de Poemas de la oficina (1956) hasta los cuentos sobre la vida funcionarial de Montevideanos (1959), se debió al reconocimiento de los lectores por el retrato social y la crítica, sobre todo ética, que realizaba. Su consagración literaria llegó con La tregua, historia amorosa de fin trágico entre dos oficinistas.
Pasada esta primera etapa costumbrista, el uruguayo evoluciona a finales de los años 60 hacia posiciones más políticas, con la esperanza de encontrar una salida socialista a una Latinoamérica subyugada por distintas represiones militares.
Durante más de 10 años, Benedetti vivió en Cuba, Perú y España como consecuencia de esa represión en su país. Su literatura se hizo formalmente más audaz. Escribió una novela en verso, El cumpleaños de Juan Ángel (1971), así como cuentos fantásticos como los de La muerte y otras sorpresas (1968). Trató el tema del exilio en Primavera con una esquina rota (1982) y se basó en su infancia y juventud para la autobiográfica La borra del café (1993).


el exilio poético

Su obra en verso está igualmente marcada por las circunstancias políticas y vivenciales del exilio uruguayo y el regreso a casa: La casa y el ladrillo (1977), Vientos del exilio (1982), Geografías (1984) y Las soledades de Babel (1991). 
En teatro, el escritor denunció la tortura con Pedro y el capitán (1979), y en el ensayo comentó diversos aspectos de la literatura contemporánea en libros como Crítica cómplice (1988), además de reflexionar sobre problemas culturales y políticos en El desexilio y otras conjeturas (1984), obra que recoge su labor periodística desplegada en Madrid.
Pero este fecundo autor también fue un escritor prolijo en relatos breves, siguiendo la estela de José Luis Borges o Julio Cortázar. Tal era su estructura literaria en estos cortos escritos que los expertos de la obra de Benedetti consideran que hay como una especie de hilo conductor en todos los relatos, como si existiese un protagonista que da forma a todos los textos, pero sin haberlo. Incluso, algunos estudiosos se han atrevido a definir a este denominador común como una especie de onda telúrica que abarca toda su obra corta. En 1986 se publicó Cuentos completos, un ejemplar en donde se recopiló y ordenó sus numerosos relatos breves; posteriormente, la colección fue ampliada en 1994. 


Las cosas sencillas

Si hay algo por lo que es recordado Mario Benedetti es por su prosa libre, fácil y sencilla, aquella que narra las cosas rutinarias y comunes, como sucede en La Tregua. Fue esta segunda novela la que le consagró como escritor, un relato que narra la vida de Martín Santomé, un viudo cerca de la jubilación que encuentra de nuevo el amor.
Benedetti mezcla con apasionamiento realidad y ficción en esta obra impecable, en la que se sirvió de su jefe, viudo como Santomé, para tomar prestados caracteres y trazar a un personaje que deambula por la Ciudad Vieja de Montevideo.
Pero no solo echa mano de terceros para conformar la arquitectura de La Tregua. El autor recurre a sí mismo para terminar de perfilar al protagonista. Así, Santomé, como Benedetti, se sentaba en los bancos de la Plaza Matriz, que el autor describió así: «Estuve un buen rato contemplando el alma agresivamente sólida del Cabildo, el rostro hipócritamente lavado de la Catedral, el desalentado cabeceo de los árboles».
El poeta escribía «en una misma mesa» del Café Sorocabana, también en el casco histórico montevideano, a la hora del almuerzo porque solo tenía «dos horas al mediodía» y no podía «volver en el 142» a su casa de Malvín. En ese bar acristalado de la calle 25 de Mayo, Laura Avellaneda, protagonista de La tregua, solía pasar sus ratos libres antes de entrar en la vida de Santomé.
Y también Benedetti pasaba a menudo por el Palacio Salvo, el coloso que marca el inicio de la avenida 18 de Julio y que fue hasta 1935 la torre más alta de Latinoamérica. Y de nuevo incluyó una mención en su novela más famosa: «He aprendido a querer ese monstruo folclórico que es el Palacio Salvo. Es tan, pero tan feo, que lo pone a uno de buen humor».