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Lubia, mirando al monte y nueva urbanización

Ana Pilar Latorre
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Rosario nos cuenta que viven en verano allí y que también pasaron allí el confinamiento. Les visitan con frecuencia sus hijos y su nieta y tienen «muy buena relación» con los vecinos

Lubia, mirando al monte y nueva urbanización - Foto: Eugenio Gutierrez Martinez

A camino entre Soria y Almazán, en la A-15, Lubia alberga mucho más que el Centro de Desarrollo de Energías Renovables (Ceder-Ciemat) y una de las nueve Brigadas de Refuerzo en Incendios Forestales (BRIF) del país. El Día de Soria se acerca allí en una tarde de junio, en plena primera ola de calor de la temporada, y a la hora de la siesta. Pero eso no impide que los vecinos nos atiendan y nos hablen de su pueblo, del antes y el ahora.

En la entrada, vemos a Juan Carlos Martínez trabajando en su empresa de carpintería y hace bastantes encargos (puertas, cocinas, baños, armarios empotrados, suelos laminados, entarimandos, tejados de madera...) «para toda la zona». La instaló allí hace 20 años porque es el pueblo de su mujer y al haber precios más bajos que en la capital, además ahora con la autovía es más cómodo, «se baja en un momento». Tienen allí casa y van todos los fines de semana y en vacaciones, cuando aprovechan para hacer rutas en bici. De Lubia le gusta, sobre todo, la tranquilidad. 

Nos acercamos a ver a sus suegros, Luctoldo Dorado y Rosario Lafuente. Por el camino comprobamos lo cuidado que está el pueblo y que las casas están arregladas, con sus jardines, sus rosales y enredaderas. En una vivienda hay cartel de 'Se vende'. El paseo a la fuente está arreglado y hay en la zona de la iglesia merenderos (uno en la antigua fragua, donde se metía el toro) y zonas de juego infantiles. Con padres de Lubia aunque nacida como sus hermanos en Soliedra porque el cabeza de familia era pastor (después regresaron al pueblo), Rosario nos cuenta que viven en verano allí y que también pasaron allí el confinamiento. Les visitan con frecuencia sus hijos y su nieta y tienen «muy buena relación» con los vecinos. Cuando era pequeña «todas las casas estaban abiertas, pero cuando faltó el trabajo en el monte se marcharon a Barcelona, la mayoría». Recuerda las fiestas, «bailábamos y teníamos que estar en casa a las diez de la noche y ahora es a las diez de la mañana...», bromea la vecina. 

Su marido, a quien llaman Leo, es el último carbonero del pueblo y hasta hace poco mantuvo una carbonera y un chozo en recuerdo de su oficio, que aprendió de su padre en su localidad natal, Valdefuentes (Cáceres). Con los años se fueron trasladando por distintas zonas y en Soria conoció a Rosario. «De joven se lleva todo bien, pero ser carbonero era duro. Trabajábamos de sol a sol y cortábamos con hacha, aunque después llegaron las motosierras», recuerda. Por aquel entonces el carbón valía mucho, apunta Rubén Lafuente, el alcalde desde hace nada menos que 25 años, quien se une a la conversación, «porque se usaba como gasógeno para los coches». Aprovecha para contarnos una anécdota porque los vecinos quisieron comprar la finca privada en la que ahora está el Ceder y reunieron 1.000 pesetas, aunque costaba 50.000. Tiburcio, un vecino, propuso adquirirla con lo que se sacara de la venta del carbón, aunque finalmente no se compó pero se sacó una cantidad muy superior. También comentan cuando se hacía cisco y se cortaba leña. «Se cuidaba mucho el monte, nunca había un incendio».

de robles a pinos MEJORAS EN LAS CALLES

Rubén nació en Soria pero ha vivido en el pueblo hasta los 26 años y baja «casi todos los días». Además, este profesor de la Escuela de Hostelería de Soria tiene en Lubia una empresa de agricultura y ganadería con sus hermanos, dando continuidad a la labor ganadera de su padre, aunque han cambiado las vacas de leche por las limusín de carne. 

Comenta que hace 50 años tristemente se roturó el monte y se cambiaron los robles por los pinos, pensando en que la resina aportaría grandes beneficios por la colofonia, algo que no se consiguió. Sin embargo, el monte (2.000 hectáreas de propiedad municipal) aporta muchos beneficios al pueblo, como la caza mayor, y también hace que la micología, con los níscalos a la cabeza, sea un valioso recurso en la zona, con cuatro puntos de venta en temporada de otoño. Y es que la venta de madera supone ingresos de 200.000 euros y también se reparte leña a los vecinos que lo necesiten, como se puede ver en las puertas de las casas. También hay zona de pastos (se dejó un 10% tras la roturación). Así que Rubén explica que se han podido realizar muchas obras de mejora en el pueblo. «No levantamos el hormigón, ponemos el adoquín encima», explica mostrando también las mejoras que se han realizado en los alrededores de la iglesia, entre otras muchas que se han realizado (consultorio, ayuntamiento, depósito de agua con placas solares, almacén y salón municipal con juegos...). El Ayuntamiento tiene ahora un peón contratado a media jornada. Nos muestra cómo el frontón aprovecha la pared del templo, con las campanas protegidas de los pelotazos; el nido de cigüeña que instalaron en una farola; y el saúco que ha salido en el tronco de una acacia.

En invierno viven allí una veintena de vecinos, de los 60 empadronados, mientras que en verano la población llega fácilmente a los 200. Además de la carpintería, hay agricultores y ganderos, un desguace, dos casas rurales y un bar. En Lubia se ubicaron dos granjas de visones, por las bajas temperaturas; una de ellas cerró hace 20 años y otra hace cuatro. El alcalde recuerda que de una de ella un grupo de animalistas soltó 13.000 en una acción coordinada a nivel nacional, provocando daños ambientales, principalmente en la fauna del río. En Lubia hay también torretas de vigilancia contra incendios, en una situación estratégica y fundamental. 

El médico acude al consultorio dos veces en semana y, en cuanto a alimentación, el panadero está dos días y también va la pescatera. Ahora hay un bar, porque el otro tuvo que cerrar al abrirse la autovía. Fue una de las consecuencias negativas, aunque han ganado en seguridad porque si se produjeron al menos tres atropellos. Tienen wi-fi en todo el pueblo, con tres repetidores, lo que viene muy bien a los chavales y chavalas. «Hay una cuadrilla de jóvenes importante», destaca el alcalde, añadiendo que las fiestas son el 15 de julio y que el último fin de semana de mayo se ha celebrado de nuevo la romería a la finca de valverde. Allí funciona la asociación cultural, con un centenar de socios.

Nos acercamos a ver a Hilario Lafuente y Anunciación Fuentelsaz, que se resguardan en casa del calor. Ella estudió y desapués trabajó para Telefónica en Barcelona, pero como ya había conocido a Hilario en Lubia decidió regresar y ayudarle a cuidar el ganado. Ambos recuerdan que por aquel entonces, el pueblo estaba «al completo», con todas las casas abiertas todo el año y con familias muy numerosas. Se trabajaba en el monte y tenían ganadería. Hilario rememora que había dos escuelas, de chicos y chicas, y que tenían baile todos los domingos e incluso bajaba gente de Soria. Cerca está la casa de Siro Martín. Natural de Carabias (Segovia), ha vivido en Madrid y Soria y decidió comprar un terreno en Lubia, por donde pasaba habitualmente como conductor de la Continental y que ya conocía por el padre de Rubén.Se entreniene en el huerto y también tiene gallinas, comenta animado.

CASAS ALQUILADAS LA URBANIZACIÓN CRECE

De camino a la nueva urbanización, vemos a Jesús García, trabajador de la BRIFde Béjar (Salamanca) y que en esos momentos está de guardia. Vive en una de las dos casas que alquila el Ayuntamiento en las antiguas escuelas (en la otra hay una trabajadora del Ceder) y también otro bombero forestal tiene una móvil home muy cerca. Decidió instalarse allí «por comodidad y cercanía» pero, sobre todo, por «la calidad de vida». Están a punto de iniciar la campaña de verano, la temporada más difícil en la lucha contra incendios, mientras que en invierno hacen tratamientos silvícolas. El alcalde comenta que si hubiera más viviendas, «muchas más se alquilarían» porque vivir en el campo y en la naturaleza es una opción para muchos.

Así que nos dirigimos a la urbanización Los Oteros (allí se proyectó un campo de golf), con parcelas disponibles a precio de coste (57 euros el metro cuadrado y con suelo disponible). Allí está Dani Gutiérrez, el primer vecino de la misma, que se construyó una casa climática contando con empresas de Soria. Se trasladó desde Almazán (donde trabaja en la papelera) por muchas razones (hace un gesto para que miremos el paisaje de alrededor y el monte), «buscando tranquilidad» y a un sitio a mitad de camino entre Soria y la citada localidad. Al lado, se está haciendo otra vivienda pasiva, como la de Dani, que solo con leña tiene la casa a 28 grados en invierno. Eso sí, de ayudas para que la gente viva en el medio rural nada de nada, insiste. Nos acercamos a la casa forestal, donde estuvo Felipe González cuando fue presidente y los refugiados palestinos de la Basílica de Belén.Cuando se construya la nueva BRIF, el Ayuntamiento planea que sea un centro de turismo.