PREDICANDO EN EL DESIERTO

Fernando González Ferreras

Catedrático


Cataluña, otra vez

El Gobierno de Cataluña (una mezcla de derecha corrupta, independentistas de toda la vida y una extrema izquierda antisistema y follonera) lleva años echando un pulso al Gobierno de España, jugando a la provocación constante ante la pasividad del gobierno estatal. Hace pocos días el Tribunal Supremo publicó la sentencia del juicio a los implicados en los actos del 1 de octubre de 2017. En Cataluña ha sido recibida como una actuación de venganza y escarmiento, considerando que no es justicia, que es un castigo para amedrentar a millones de personas que durante años han defendido pacíficamente el derecho a la autodeterminación y la independencia. Aparecen nuevos mantras para mover los sentimientos de la sociedad catalana tales como «España es un estado fascista» ignorando que estamos en un estado con elecciones libres y con unas autonomías con elevadísimo grado de descentralización, o «los jueces españoles son autoritarios, torturadores, etc» porque no les ha gustado el resultado (cuando pedimos justicia lo que pedimos es que nos den la razón) o «desprecio a la sociedad catalana» como si los condenados representaran a toda Cataluña o «la sentencia no arregla nada» (las sentencias no se hacen para arreglar, se hacen para sancionar comportamientos delictivos e «impedir que los que los han hecho los vuelvan a repetir y desanimar a los que estuvieran pensando hacerlos» como dijo Cesare Beccaria).
Mención aparte merece el presidente Torra (más activista que político; sólo hay que recordar alguna de sus publicaciones: «Evidentemente, vivimos ocupados por los españoles desde 1714». [Los españoles] «son bestias carroñeras, víboras, hienas con una tara en el ADN») afirmando que la sentencia es un «insulto a la democracia» y una «herencia de la dictadura», defendiendo el «derecho a decidir» (defendido como un privilegio excluyente al crear un ámbito privado de decisión) y que «hacer un referéndum no es delito» (se le olvida añadir «si es legal») y pidiendo la presencia del pueblo en la calle de forma «democrática y pacifica». Y ya sabemos que entienden los independentistas por acciones pacificas: ataques a las personas que llevan la bandera de España, ciudades colapsadas durante horas, agresiones a los Mosos d´Escuadra y Policía Nacional, cortes de carreteras, bloqueo de estaciones del AVE, destrozos en vías de cercanías, violencia en la universidad obligando a no impartir clase e intento de asalto al aeropuerto del Prat (con vaciado de extintores y lunas rotas). Todo en poco más de dos horas de la publicación de la sentencia; nada espontáneo, actos de violencia explícita, perfectamente planificados y orientados a través de las redes sociales.
El sentimiento nacionalista catalán no es nuevo, pero en los últimos años ha logrado seducir a una parte de la población catalana con la idea de que se viviría mejor en una Cataluña sin España. Dos pilares ha tenido, a mi juicio, este cambio: el adoctrinamiento educativo (que ha hecho avanzar el separatismo y el odio hacia España) y la actuación de TV3 (con la constante aparición de misioneros del credo separatista para conseguir que los intereses de los menos decidan sobre los de los demás). Creo que en las próximas elecciones crecerán las diferencias entre los extremos. Aumentará el independentismo motivado por la solidaridad, la pena y la irritación por unas penas que les parecen exageradas y mejorarán los opuestos a que la situación siga igual.


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