Jesús de Lózar


Libros

17/04/2021

En mi casa no había libros. Mi padre era lanero, tenía su oficina en la gloria y mi madre atendía la tienda. Había libros de cuentas, pero no de contabilidad. Fui el primero en traer un libro a casa. Con las propinas compré contra reembolso 'La carabina de Ambrosio'. Leía el Reader´s Digest que nos pasaba una vecina que era maestra. Para leer algo más tenía que ir por las tardes a la biblioteca municipal donde me aficioné a la novela histórica con Ivanhoe de Walter Scott. Este afán por la historia nos llevó a organizar su archivo. Encontramos un pergamino de 1254 donde el rey Alfonso X confirma un privilegio a los pobladores del Concejo: “Connosçuda cosa sea a todos los omnes que esta carta uieren. Cuemo yo don Alfonso por la gracia de dios Rey de Castiella (…)”. Entusiasmados con el descubrimiento quisimos organizar una exposición, negándose el Ayuntamiento porque la luz perjudicaría al pergamino. Era mejor que permaneciera arrumbado en un rincón. Y ahí se quedó.

En una pequeña estantería de un pasillo oscuro, detrás de la lavadora, hubo después algunos libros, pero muy pocos, los de estudiar, diccionarios y poco más. No vi nunca a mi abuelo Félix con un libro, pero recuerdo al abuelo Paco en la butaca de mimbre en la cocina leyendo libros de la biblioteca municipal. Mis tíos sí tenían muchos libros y leían, los que habían estudiado carrera y algunos que no como el tío Chepe que llevaba las cuentas del coche de línea y del carbón. En la farmacia de mi tía trabajaba en el verano sustituyendo al mancebo y descubrí en Mystery Magazine a Ellery Queen, Dashiell Hammet y Raymond Chandler.

Cuando llego a Soria mi referencia es Antonio Ruiz, en la trastienda de la librería Gar, al que la ciudad está todavía a tiempo de hacerle un homenaje en vida. En la calle principal, Las Heras, barrunto al hombre de la guerra del pan. Poco después y más escondida, Piccolo, que con el paso de los nuevos tiempos ha conseguido vender libros a la nueva cárcel, ser proveedor de la SIEPSE.

Sin librerías-papelerías en los pueblos de la provincia, y en la capital, sin la Biblioteca Pública, sin el bibliobús de la Diputación, no habría libros, no leeríamos. La verdad os hará libres, dice la Biblia. Y la verdad está en los libros. Papel, pergamino, Kindel o ebook. En mi casa ahora hay muchos, cientos, miles. Apretujados en doble fila, han requerido otra casa. Porque todo está en los libros.


 



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