DESDE EL ALA OESTE

Fernando Aller

Periodista


Riesgo de suicidio

16/04/2021

La progresiva vacunación contra el Covid 19, aunque sea a trompicones y con notable confusión en torno a los criterios de rangos de edad para su aplicación, y el anuncio de un nuevo tiempo económico auspiciado por la siembra millonaria de la Unión Europea, provoca afortunadamente un contagioso espíritu de optimismo y superación, solamente quebrado por el comportamiento de los políticos, enfrentados por sus intereses particulares y divididos entre agoreros del mal fario, vendedores de humo o cizañeros de la convivencia. La permanente campaña electoral que se ha instalado en España no parece tampoco que propicie el sosiego necesario para sumar objetivos y aunar esfuerzos.
El presidente del Gobierno anunció esta semana el programa de inversiones con cargo al plan de ayudas de la Unión Europea, dotado con 70.000 millones a fondo perdido hasta el año 2023. El mismo día la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) daba a conocer un informe sobre las deficiencias estructurales que presenta la economía española, nada nuevo y, por reiterado, una invitación al pesimismo. El informe denuncia falta de coordinación entre las administraciones públicas, escasa adaptación al tejido productivo, disparidad entre regiones, falta de formación y precariedad laboral. Ojalá se haya aprendido algo del pasado y, por ejemplo, el dinero previsto para la mejora de la calidad de la mano de obra no se vaya en el otrora fraude sistémico de patronales, sindicatos y organizaciones varias en competencia por presentar cursos de baja calidad o que simplemente nunca se impartían.
No sería un mal punto de partida haber aprendido también que el dinero ha de servir para crear y fortalecer el sistema productivo, para impulsar una sociedad en equilibrio económico entre sus miembros como base de fortaleza y crecimiento. Por muy rica que sea una élite social, su propio consumo nunca sostendrá un país. Como inviable será también una nación en permanente sangría por la compra de bienes extranjeros en lugar de atender a la producción propia. Podemos seguir pagando alegremente el desarrollo de Alemania y China, por ejemplo, pero nos costará caro. Las naciones también eligen su forma de suicidio.



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