Cantimploras celtibéricas y romanas

Diego Díez Corral
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Los acueductos de Tiermes y Uxama son verdaderas obras de ingeniería para captar el agua directamente de los manantiales, conducirla y elevarla a la ciudad en donde se suministraba en fuentes

Cantimploras celtibéricas y romanas

El agua es imprescindible para la vida.  El hombre siempre ha buscado la proximidad de los cauces de agua para el asentamiento de aldeas, granjas y poblados.  El agua posibilita además la agricultura, los pastos para el ganado y sus cursos atraen a los animales que pueden ser cazados. Los mejores asentamientos, aquellos que finalmente se convirtieron en ciudades, lo fueron porque pudieron obtener agua para un número más o menos elevado de población. Los acueductos de Tiermes o Uxama Argaela, verdaderas obras de ingeniería para captar el agua directamente de los manantiales, conducirla y elevarla a la ciudad en donde se suministraba en fuentes, o se disfrutaba en los baños públicos, son un buen ejemplo de como el agua contribuyó a la distribución territorial del poblamiento y a su jerarquía política. 
En recorridos cortos, o no tanto, de pastores trashumantes o transterminantes, en partidas de caza o en los viajes en que se desconocía como sería el abastecimiento de agua para uso personal, se utilizaron odres realizados con piel y más tarde incluso cantimploras elaboradas en cerámica. Es cierto que los ejemplares conocidos, ya de la cultura celtibérica, no son muy numerosos. De Numancia proceden los que aquí se reproducen fotográficamente y también la realizada en Terra Sigillata ya romana.
Estas piezas celtibéricas, de gran delicadeza y compleja factura técnica, se decoraron, como la que se muestra, con pintura. La pared de la cantimplora tiene una sección gruesa que le daba mayor consistencia frente a golpes ligeros y, aún más importante, para conseguir mantener o propiciar la refrigeración del líquido contenido.
Cantimploras celtibéricas y romanasCantimploras celtibéricas y romanas - Foto: De forma circular, como las actuales, posee un tubo o boca por donde se introduce y vierte el líquido que se cerraba con un tapón de material perecedero, probablemente madera. Al lado del cuello se disponían dos anillas adosadas por las que se cruzaba el cordel o cuerda que servía para colgar la cantimplora. 
La cronología de las cantimploras celtibéricas de Numancia, siglos III – II a.C., corresponde a un momento en que en Numancia, como en otras ciudades celtibéricas, cambiaron los hábitos de almacenaje y sobre todo la manera de servir los alimentos y bebidas,  comer y beber. Ello se tradujo es una rica variedad tipológica de formas de platos, fuentes, cazuelas, jarras, vasos, copas, tazas… y cantimploras.
La pieza elaborada en Terra Sigillata, así denominada porque se producía en talleres industriales que estampaban el sello del taller alfarero sobre cada una de las múltiples piezas producidas, fue realizada molde. Este tipo de cerámica es considerada cerámica de lujo y fue encargada y utilizada por las clases adineradas. Se realizaba en molde dándole después el acabado de barniz brillante que la hacía muy resistente. Las primeras producciones de Terra Sigillata halladas en España procedían de Italia, con posterioridad se instalaron talleres en la Galia y en Hispania y desde ellos los encargos viajaban largas distancias. Además de este ejemplar numantino se conocen pocos más ejemplares pudiéndose citar las cantimploras halladas en ejemplos en yacimientos como, Tossal de Cal Montblanc en Albesa, Lerida o Liédana (Navarra).