Ricardo de Apraiz, director en tiempos difíciles

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Su inicial vocación docente le permitió ver el museo Numantino desde otra perspectiva

Ricardo de Apraiz, director en tiempos difíciles

Ricardo de Apraiz nació en  Vitoria el 24 de Marzo de 1899 y tras obtener la licenciatura en Filosofía y Letras dedicó  una parte importante de su vida a la docencia. Al obtener por oposición una plaza en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, sección de Museos, fue destinado al Museo Numantino como director asumiendo con ello también la dirección del Museo Celtibérico de Soria, museos que, física y legalmente separados, el primero se hallaba en el Paseo del Espolón y el Celtibérico en  el espacio que el Numantino había abandonado en el Palacio de la Diputación.
La toma de posesión se produjo en 1944. Al poco tiempo Ricardo de Apraiz apreció que al Museo Numantino acudían visitantes muy heterogéneos. La causa de esta impresión se hallaba en que estos museos, de acuerdo a la museografía incipiente entonces, mantenían una exposición erudita de modo que los visitantes ya introducidos en la materia histórica podían comprender mejor la narración del proceso histórico presentado. Al público no erudito le fascinaban los objetos allí expuestos por su numero, su variedad y su riqueza de significados aunque incomprensibles para ellos. El museo tenía un horario de visitas establecido ya  por Blas Taracena, sin embargo  aun en los años cuarenta el Museo no tenía instalación eléctrica ni calefacción, el despacho de dirección estaba equipado con una estufa y el taller de restauración con un brasero. En sus primeros informes no dudo en definir como «un estado de total abandono» la situación en que se hallaba el Numantino.
A diferencia de Taracena, Apraiz no era arqueólogo. Es muy probable que su inicial vocación docente le permitiera ver el Museo desde esta perspectiva. Podemos asegurar que en ello fue innovador, en un momento en que esta visión aun era más teórica que practica en la teoría museológica.
El impulso social y político que habían motivado la creación del Museo Numantino y el Museo Celtibérico, se habían diluido. Culturalmente la posguerra fue un desierto para los museos sorianos y Apraiz un incansable defensor de ellos, profundamente consciente de la responsabilidad que había adquirido de conservar la memoria de la provincia de Soria través de los objetos conservados en ambos museos.Sus informes, sus solicitudes, a veces reclamaciones, la valoración final que hizo de su trabajo cuando se hallaba próximo a morir, resultan conmovedoras.  
Acometió la ordenación de la documentación administrativa, que, aunque no muy profusa,  necesitaba de una separación de los diferentes tipos de documentos. El resultado fue una clasificación en cinco secciones: biblioteca, fondos, inmueble, personal y régimen del establecimiento.
Una de los cambios en los que más empeño manifestó fue el ampliar la difusión del Museo de modo que dirigió, con convicción, parte de su esfuerzo a incrementar las  visitas escolares al Museo entendiendo a este como un recurso educativo. Igualmente, señaló que los Museos podían ser el destino del tiempo libre  de los sorianos y visitantes ocasionales de otras procedencias.  Para ello quiso enfocar los contenidos del Museo haciéndolos accesibles a distintos tipos de visitantes según su formación.
Para que la visita fuera más agradable, y ampliar el horario, proyectó instalar luz en las vitrinas y en las salas; propuso también instalar calefacción, extrañado de que hubiera visitantes en los meses de diciembre, enero y febrero, «a pesar de lo desapacible de la estancia en las salas», en donde la temperatura podía ser de  0º, comprobando que el ambiente «durante siete meses al año no permite permanecer en ellas sentado más de media hora».
Igualmente quiso que el Museo Numantino tuviera un almacén que permitiera que  la exposición no fuera una acumulación de objetos sino una cuidada selección de objetos significativos para trazar el relato histórico. También en ello tuvo una visión museológica anticipada su época.
En el año 1946 consiguió la demandada instalación de luz. Este hecho fue excepcional puesto que la precariedad de medios era cada vez más acusada tal como  Apraiz lo ponía de manifiesto al elaborar las memorias anuales en las que, con una reiteración colmada de paciencia, reclamaba un aumento en la consignación presupuestaria año tras año, algo que no se produjo.
En 1947 concluyó la documentación en fichas de inventario y catálogo,  trabajo iniciado siguiendo la Orden Ministerial de 16 de mayo de 1942. Esta documentación  era imprescindible para la identificación de las piezas y la descripción de los procesos de restauración abordados así como su signatura topográfica.  
Publicó la primera información de mano sobre el Museo Numantino así como artículos acerca del Museo Numantino y algunas de sus piezas. Hubo de sortear junto con M. Fraga Iribarne, el intento de traslado del Numantino al Palacio de los Condes de Gómara y, en solitario, intentar que por el recorte de la parcela del Museo en el lado de la Calle Sagunto, el Ayuntamiento junto con otras instituciones financiaran la construcción de una nave trasversal que uniera las tres naves iniciales en su lado norte. No lo logró.
Conocimos mejor a Ricardo de Apraiz gracias al trabajo minucioso de investigación de E. Terés Navarro, director del Museo Numantino entre los años 1999 y 2018, investigaciones publicadas en diversas obras. De ahí procede la información acertada contenida en esta breve reseña.
 R. de Apraiz falleció en Soria el 16 de septiembre de 1968 a los 69 años de edad. Una calle de la ciudad de Soria le recuerda.