Óscar Gálvez

Periodista. Director editorial Castilla y León Promecal


Segunda vuelta del 28-A... y del 26-M

El retorno a las urnas el próximo 10 de noviembre no será en balde. Puede que en cuanto a la configuración de bloques izquierda-derecha los electores dejen las cosas de manera parecida a como están, pero los resultados tendrán consecuencias. Por un lado, como ya ocurrió en la repetición de 2016, al menos uno de los líderes que no ha movido ficha en estos casi cinco meses deberá hacerlo sí o sí para favorecer una investidura y evitar una tercera cita con las urnas, independientemente del nombre del candidato. Es decir, si se da este posible escenario alguien tendrá que asumir el papel que entonces tuvo que desempeñar el PSOE y quién sabe si, además, causando otro cisma interno en quien deba jugarlo como el que vivieron los socialistas, con destitución incluida de su secretario general.
El 10-N tiene una segunda clave que puede afectar más de lo que se piensa a los territorios, especialmente a la política regional. Si las urnas reflejan lo que indican los sondeos en relación a Ciudadanos, su pinchazo puede tener repercusión en aquellos ayuntamientos y comunidades en las que gobierna con el Partido Popular. La presión y la tensión que hoy ejercen los de Albert Rivera en esos ejecutivos puede verse debilitada. La autoridad moral de la que presume al amparo de sus espléndidos resultados del 26-M tendría que dejar paso a una nueva lectura del escenario político y de su posición en el mismo. Lo normal en ese caso sería más autocrítica y menos dictado a los demás de lo que tienen que hacer. Otra cosa es que llegado el caso lo hagan, porque no se recuerda en el propio Rivera el más mínimo atisbo de reconocimiento de errores.
La negación de la evidencia suele ser la huida hacia delante más frecuente, pero al mismo tiempo un bálsamo para los adversarios, socios en este caso. Si Ciudadanos fracasa el 10-N en Castilla y León y a partir de entonces se enroca en el 26-M como su único referente sé de muchos que se pasarán tres años aplaudiendo a rabiar, solo será cuestión de paciencia. Y muchos han demostrado estar sobrados de ella.


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