#EstadodeAlarma, Excusas para evadir la multa

EDS
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Los sorianos han tirado de perspicacia, picaresca e, incluso, de sentido del humor para tratar de evitar la denuncia cuando han sido sorprendidos en la calle fuera del horario o de los límites permitidos. Entre las excusas cabe hasta el romanticismo

#EstadodeAlarma, Excusas para evadir la multa - Foto: Eugenio Gutiérrez

Decir que vas al supermercado cuando es festivo y está todo cerrado, alegar que vas al pueblo a atender a un familiar que ni existe, llevar pienso de perro en el maletero para que los agentes crean que debes desplazarte a atender a tus mascotas, ir de paseo lejos de casa y echar a correr al ver a la policía para poder asegurar que hacías deporte e, incluso, alegar como razón «de fuerza mayor» el desplazamiento para adquirir pastillas para mantener relaciones sexuales. Porque... «¿ya no se puede ni hacer el amor en estado de alarma?».
Tras más de dos meses con la movilidad restringida, los ciudadanos se las han ingeniado para tratar de burlar el estado de alarma. Hay quien tira de picaresca, quien opta por la perspicacia, o quien recurre al sentido del humor. También, quien reacciona de forma violenta. E, incluso, quien admite sin tapujos que «ya no podía más». Las excusas que han tenido -y tienen- que escuchar los agentes de la autoridad son de lo más variopinto y, algunas, incluso sacan una sonrisa. 
Las fuerzas del orden hicieron inicialmente una labor más informativa pero, pasados los días, hay quien no les ha dejado opción. Por reincidencia -hay quien ha sido sorprendido hasta en seis ocasiones incumpliendo la norma-, por desobediencia, por mostrarse desafiante… incluso por llegar a agredirles al ser notificada la denuncia que, cabe advertir, puede acarrear multa de 601 a 30.000 euros, hasta 60.000 euros y prisión de hasta cuatro años en caso de agresión o si la situación sanitaria es más grave. 
En lo que va de estado de alarma, los agentes han puesto más de 1.800 denuncias en la provincia por infracciones al Real Decreto 463/2020. Unas 25 al día. «Los casos más comunes son por incumplimiento de las medidas de movilidad. Al principio, la gente que se movía sin causa justificada, sobre todo en vehículos. Desde primeros de mayo, con las medidas de alivio, es gente que sale fuera del horario, que se extralimita de la zona permitida, por exceso grupal o por el uso de espacios no permitidos (parques, canchas deportivas...). Y en cuanto a las detenciones, casi todas tienen que ver con la reincidencia. Se pone a la persona a disposición judicial y, en la mayoría de los casos, se acuerda la libertad sin medidas cautelares», resume el subdelegado del Gobierno en Soria, Miguel Latorre, quien destaca que en Soria «la tónica general» ha sido «el respeto y cumplimiento».   

cuando los vecinos son la ’policía’
de fiesta o cumpleaños
El grupo de amigos de Covaleda que recreó un encierro de San Fermín fue el caso más sonado en Soria. Ahí no hubo excusa posible y se les multó con 3.001 euros a cada uno de los participantes, que «no han pagado en el plazo de 15 días, por lo que se notificará la sanción definitiva», indica Latorre, quien recuerda que a partir de ahí ellos pueden alegar. Tampoco han buscado excusa alguna los ocho participantes de la fiesta de cumpleaños celebrada en abril en San Esteban de Gormaz, ni los ocho jóvenes denunciados en Almazán cuando salían de una fiesta en un domicilio.
En este, y en varios casos, advierte el subdelegado, han sido los propios vecinos los que han levantado la voz de alarma. «Se han recibido muchísimas llamadas tanto en el 062 como directamente en la Subdelegación», asegura. «Todas se han comprobado», añade, al tiempo que concreta que «muchas han sido en pueblos pequeños donde se ha denunciado que se habían desplazado personas de otras provincias a vivir. Al comprobarlo, se ha visto que en la mayoría de los casos son personas empadronadas o que tienen su segunda residencia ahí», relata Latorre.
La ‘policía’ ciudadana, no obstante, ha ayudado en ocasiones a sacar a la luz delitos incluso más graves. En los móviles de los sorianos circuló un vídeo donde dos jóvenes se intercambiaban algo en plena calle cuando solo se podía salir para comprar comida o ir a trabajar. La investigación policial llevó a la detención de una persona por un delito contra la salud pública, recuerda Latorre. También fue denunciado, gracias a la colaboración ciudadana, un bar que se resistía a cerrar a pesar de la prohibición.  

«tengo que ir a coger la matanza»
correr... cuando viene la poli
Aunque los desplazamientos están prohibidos (salvo en circunstancias excepcionales), hay quien no ha querido resistirse a algunos placeres que están a kilómetros de casa. «Se han puesto bastantes denuncias por desplazamientos no autorizados o no justificados a segundas residencias y, por ejemplo en la festividad de San Isidro, había cierto temor a que lo madrileños se desplazaran a sus segundas residencias de Aragón y Pirineo, por lo que se intensificaron los controles en la A-2 a su paso por Soria. Se levantaron más de 50 actas de infracción por incumplir las medidas establecidas e, incluso, en varios casos se hizo a las personas regresar a Madrid», asegura. 
Pero el movimiento dentro de la provincia ha sido también intenso. A los agentes les ha tocado escuchar en varias ocasiones «problemas familiares» para justificar desplazamientos a los pueblos. «En estos casos, se informaba de la existencia del grupo de ayuda social del CECOPI y de los Ceas para atender a las personas que necesitan ayuda. Ellos se encargan de esa atención y no es una causa justificada», avisa Latorre, que reconoce que hay quien ha utilizado reiteradamente esta excusa, incluso sin tener ningún familiar al que atender. Y algo similar ha ocurrido con los animales. «Hay quien ha llegado a meterse un saco de comida de perro en el maletero para decir que iba al pueblo a dar de comer a los animales pero ni llevaba guía, ni cartilla ganadera ni ningún documento que pudiera acreditar que tenía animales que atender», recrimina Latorre. 
Cuando no estaban aún autorizados los desplazamientos a huertos, hubo «varios casos de gente que alegaba que tenía que ir». E incluso llegó a haber ayuntamientos (que Latorre prefiere no desvelar) que «justificaron que en sus municipios había muchas familias que necesitaba ir a los huertos para subsistir». Latorre no entra en el detalle pero, avisa, «de darse estas situaciones, quizá lo que hay que hacer es ponerlas en conocimiento de los Servicios Sociales». 
Un caso «bastante común» ha sido también el de personas que han justificado un desplazamiento al pueblo alegando que «tenían que dar vuelta a la matanza». Obviamente, no es un motivo justificado, repara Latorre. 
Los desplazamientos están limitados pero, también, el número de personas que pueden viajar. Los agentes sorprendieron a dos personas en un coche cuando «una le enseñaba su pueblo al otro, un amigo que había acudido de visita». Su claridad obligó a multarle por partida doble, por ir dos y porque uno de ellos se había desplazado a un lugar que no era su residencia habitual. A estos se suman «numerosos casos» de «gente que iban varios en el vehículo y alegaban que iban a trabajar» pero no respetaban ni el número máximo permitido, ni las posiciones ni el uso de mascarillas; parejas que alegaban motivos diversos para ir juntos en el coche, familias enteras sin causa justificada… 

el amor como «fuerza mayor»
...o la urgencia de pastillas
Dicen que el amor mueve montañas y, en ocasiones, ‘obliga’ hasta a saltarse las normas. En lo que le ocurrió a una pareja de jóvenes que fueron sorprendido en el coche en un camino. Alegaron que «iban a fumar un cigarro». También, a un hombre que fue sorprendido cuando iba a su vehículo. Arguyó que «iba a por una pastilla para hacer el amor, que necesitaba esa medicación para tener relaciones sexuales con su pareja». Ante la sorpresa de los agentes les cuestionó si «no se podía ya ni hacer el amor en estado de alarma». Y es que las relaciones afectivas han sido muy recurrentes. En más de una ocasión el denunciado ha afirmado que venía de ver a su pareja, como si eso fuera «fuerza mayor». 
Hay también quien, bajo el pretexto de actuaciones permitidas, intentaba hacer la trampa. Quienes sacaban al perro hasta diez veces al día, a tres manzanas de su casa, «personas que salían tres, cuatro y hasta cinco veces a comprar pan, leche...», gente que iba a la farmacia «en fases», a comprar «en la otra punta de la ciudad», a adquirir cervezas como producto básico o, incluso, «decían que iban a comprar pero no mostraban ticket de compra, ni bolsas ni nada» y, a veces, incluso iban sin dinero. 
Pero también se han dado situaciones dudosas. Los agentes creyeron inicialmente que debían sancionarle a una persona que paseaba a su gato pero, al revisar la normativa, aclararon que esta no especifica que deban ser perros, sino que pone explícitamente «mascotas». Esta persona alegó además que «lo hacía habitualmente, incluso antes del estado de alarma». 
 Y entre excusa y excusa, hay también hueco para la sinceridad. «Mucha gente directamente ha reconocido que «ya no podía más», alegando «impotencia por permanecer en casa». El último detenido, alegó que era «libre». La verdad, no obstante, no ha evitado la denuncia.