DE SIETE EN SIETE

Rafael Monje

Periodista


Pregoneros

07/04/2020

No son pocas las lecciones de ejemplaridad que el prolongado estado de alarma y el confinamiento nos dan cada día. Por mucho que lo digamos, no será lo suficiente en el caso de muchos colectivos que, a buen seguro, todos tenemos en mente. Pero también nos desvela sórdidos comportamientos que no debemos enjuiciar de soslayo, a pesar de que ahora lo único y realmente importante y, sobre todo, preocupante, es poner freno cuanto antes a la pérdida de tantas vidas humanas. Y, aunque como dicen los clásicos, todo será sometido al riguroso debate a su debido tiempo para que nada ni nadie con voz y mando quede impune. Para que la memoria de tantas víctimas y el dolor de miles de familias no acaben estampadas en la pared del olvido y la desidia.

Frente a esas incontables muestras de ejemplaridad afloran, en cambio, actitudes y una retahíla de dudosos gestos camuflados en espontáneas e hiperventiladas acciones de colaboración. No, no digo que no sea deseable ese inopinado anhelo por ayudar al prójimo o que deba ser motivo de una burda crítica, pero todos somos conscientes del casual renacer de una parte, mínima por suerte, de personas y entidades que, impelidas por una extraña pulsión, se convierten de la noche a la mañana en los mayores embajadores de la solidaridad y el buen hacer. A muchos de ellos les falta tiempo para pregonarlo a los cuatro vientos por si tales acciones fueran, ¡mecachis!, a pasar desapercibidas hasta para el vecino más cercano. Las redes sociales son un perfecto altavoz en el que esta nueva y rara avis se prodiga de forma impía, dejando inconscientemente un sinfín de huellas indelebles que algún día renacerán para sonroja y quizá remordimiento. Mientras, centrémonos en lo verdaderamente preocupante, en esos cientos de miles de personas que, de manera callada y abnegada, se juegan la vida cada día por todos nosotros y tantos otros miles que están en las llamadas tareas esenciales para que nada o casi nada nos falte.



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