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«Estamos intentando cerrar una historia familiar»

Ana Pilar Latorre
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Los sobrinos de Silverio Lumbreras quieren enterrarlo junto a sus padres y hermanos en el cementerio de la capital

«Estamos intentando cerrar una historia familiar»

Cuando Manuel Olave Lumbreras y sus primos se enteraron de que la asociación Recuerdo y Dignidad buscaba en la Riba de Escalote los restos de su tío Silverio y otras tres personas desaparecidas en la represión del alzamiento militar de 1936, decidieron implicarse directamente para poder «cerrar una historia familiar». Son muchos primos y, mientras los mayores lo vivieron de una manera distinta por sentir más de cerca el «dolor intenso» de sus padres tras la guerra, a Manuel, el más joven, le llegó todo lo sucedido «de una forma más suavizada». 

Sin embargo, él siempre ha sido consciente de que en la familia «había una gran pena guardada y un inmenso dolor» por haber perdido a Silverio en aquellas circunstancias y no haberlo podido enterrar y despedir... Es una situación que, desgraciadamente, se repite en muchas familias. Así que Manuel, el único de los primos que vive en Soria, se encargó de realizar las gestiones más directas del proceso judicial y participó en la exhumación de los restos el 8 de octubre de 2019, lo que le le ha marcado profundamente, al tratarse de un hermano de su madre y a pesar de que haya pasado tanto tiempo.

 «Siempre hemos sabido que a nuestros padres les hubiera gustado que su hermano estuviera enterrado con los suyos. Es algo que ellos no pudieron hacer en vida y nosotros nos sentimos un poco como los continuadores de ese deseo familiar de reunirlos. Es lo único que nos mueve», explica.  A Silverio, electricista de 25 años y afiliado a Juventudes Socialistas, lo detuvieron en julio de 1936 y estuvo encarcelado en Berlanga y Almazán, desde donde envió una carta a sus familiares que todavía conservan. Eran ocho hermanos y la pequeña, Rosalía (la madre de Manuel), tenía por aquel entonces 13 años, «por lo que no le contaron todo para que lo pasara mal». Pero la herida siempre ha estado ahí por «haber perdido a un hermano en la flor de la vida y de aquella manera». «En ningún momento percibí que mi familia tuviera esperanza de poder recuperar los restos, por eso ahora tenemos esa satisfacción, entre comillas, de que las gestiones de Recuerdo y Dignidad lleguen a buen puerto. o hacemos por nuestros padres», añade.    

«Estamos intentando cerrar una historia familiar» «Estamos intentando cerrar una historia familiar» cuestión de voluntad. Manuel reconoce que «durante la exhumación las cosas estaban bastante claras. Los hechos apuntan a una dirección pero ahora hace falta la confirmación científica para poder estar seguros. Es una cuestión de voluntad, de que se quiera finalmente concluir el proceso». Así que confían en poder recuperar los restos y trasladarlos a la tumba familiar del cementerio de Soria. Tanto a Manuel como a un primo suyo que vive en Madrid les han tomado ya muestras de ADN para cotejarlas con las de los restos encontrados en La Riba de Escalote.

Esta experiencia también les ha unido a familiares de los otros tres desaparecidos. «Algunos ya eran amigos nuestros porque compartíamos la misma situación. Mi tío y Adolfo Morales Ruiz eran amigos y murieron juntos, por lo que con este proceso hemos establecido un vínculo adicional al tener la oportunidad de cerrar el círculo a la vez», detalla. 

Manuel agradece la implicación de Recuerdo y Dignidad, «todo esto es gracias a ellos. Trabajan por estas causas desinteresadamente». Es la sexta vez que la asociación consigue que la justicia atienda sus reclamaciones en relación a las víctimas. Este proceso judicial sigue adelante tras aceptarse el recurso de apelación contra el auto que sorbeseía y archivaba la causa por asesinato, aunque tras la identificación ordenada por el juez antes de archivar la causa de los restos hallados no hay esperanzas de que pueda continuar. Silverio Lumbreras Pérez, Adolfo Morales Ruiz, Gregorio Valdenebro Moreno y Alberto Rodrigo León tenían en común su pertenencia a grupos de izquierdas (Juventudes Socialistas y Unión Republicana) y fueron las primeras personas asesinadas que salieron de la cárcel de Berlanga.