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Loli Escribano

SIN RED

Loli Escribano

Periodista


La prima Teodora

04/11/2022

En estos días de muertos y difuntos, en estos días de memoria histórica que la Asociación Recuerdo y Dignidad rescata y encaja en el presente para devolver su dignidad a las víctimas del fascismo y el franquismo; no puedo dejar de pensar en los vivos. En las viudas y en los vástagos que quedaron desamparados en lo emocional y en lo físico. En las madres que perdieron a sus hijos y que nunca pudieron darles la despedida que hubieran querido. En las mujeres que nunca pudieron llevar a los hombres de su familia una flor o una oración o un pensamiento en el Día de los Santos, porque nunca supieron en qué cuneta o en qué fosa común los abandonaron con un tiro en la cabeza o en el corazón. Pienso también en los hombres a los que arrebataron una madre, una hija, una hermana, una tía.
Ya quedan pocos vivos. Quedan pocos testigos de aquel tiempo, porque ya han transcurrido 86 años del golpe de Estado contra el gobierno de la República Española que dio comienzo a la Guerra Civil y después, al franquismo. Pienso en algunos de esos supervivientes, en la prima Teodora y sus 106 años. Teodora Rubio Romero, nacida en Covaleda, es prima de mi padre. La guerra le pilló con 20 años. La democracia, con 47 y la pandemia, con 104. Ha sobrevivido a todo, a la dictadura, a la democracia y al coronavirus. Es breta. Como dice mi hijo ante cualquier vicisitud que se nos presenta: «Somos bretos». Parece que ese supuesto origen breto de los covaledenses es lo que nos hace fuertes. 
Cuando yo era pequeña, mi padre nos llevaba a visitarla a su casa del pueblo. La recuerdo pizpireta. Siempre riendo. Hace mucho tiempo que no la veo, pero constato en las fotos que publica la prensa, celebrando su cumpleaños, que sigue siendo pizpireta; le delata la mirada. Y también le delata la confesión de sus secretos de longevidad: "Cuidar por igual mente, cuerpo y estómago. Y no beber agua, porque oxida el cuerpo". Ante esta última frase, los médicos se echarán las manos a la cabeza y los escritores las frotarán y después la apuntarán para utilizarla en alguna de sus tramas (yo, mismamente). Supongo que los genes también habrán contribuido a esa longevidad lúcida. Me pregunto si parte de esa genética que Teodora y yo compartimos también me hará pasar de los cien años. Nos separa una generación y media. Las dos somos Romero, las dos somos mujeres y las dos somos madres. Es una apasionada de la lectura y la música. Yo, también. Poco más tenemos en común. Esta generación y media que nos separa nos hace muy diferentes y también muy iguales, aunque suene a paradoja. La prima Teodora, y tantas Teodoras que han llegado a superar el centenario, es un espejo en el que mirarnos para no olvidar lo que las mujeres fueron y somos. Para seguir adelante por lo que seremos y serán las que nos sucedan.