"Las residencias tendrían que haber cerrado 15 días antes"

Ana I. Pérez Marina
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El presidente de la Asociación Soriana de  Atención a la Dependencia aboga por que el replanteamiento que pueda hacerse del modelo de los centros residenciales en cada una de las comunidades autónomas se aborde una vez superada la crisis sanitaria

"Las residencias tendrían que haber cerrado 15 días antes" - Foto: Eugenio Gutiérrez MartÁ­nez

Las residencias de mayores atraviesan el peor momento. El COVID-19 se ha ensañado con muchos centros, públicos y privados, tanto con los usuarios como con una parte importante del personal trabajador. El presidente de la Asociación Soriana de  Atención a la Dependencia (ASAD), Francisco Javier Sanz, defiende que las medidas se deberían haber adoptado antes.
El coronavirus se ha cebado con las residencias de mayores y centros sociosanarios. ¿En qué se ha fallado?
No soy partidario, en estos momentos, de buscar los fallos. Lo que se haya hecho bien y mal se tendrá que analizar cuando pase todo. El virus se ha cebado en todo el mundo, en todo el país y, obviamente, en los centros de mayores, que son centros de mayores no válidos, porque la gente mayor está en su casa. En estos centros hay gente de mucha edad, con muchas pluripatologías y con unos estados físicos o psíquicos que les impiden estar en casa. Si entra un positivo en una residencia es más fácil que se cebe que si entra en nuestra casa. 
Lo que hemos dicho en todo momento los centros de mayores es que las medidas que se han tomado son las correctas, pero deberían haberse tomado antes. Los centros de mayores llevábamos 10-12 días, casi 15, diciendo en todos los sitios, a nivel provincial, regional y nacional, que teníamos que cerrar. Yo entiendo que prohibir las salidas y las visitas no está bien visto, porque se interpretaba como ocultismo, cuando ya estábamos viendo el peligro en otros países. Tendríamos que haber cerrado las residencias 10-15 días antes y se sabía. Pero era un medida poco popular en ese momento. Ahora dices que una residencia está cerrada y todo el mundo te aplaude. A partir de ahí, ¿quién estaba preparado para esto? Nadie.
El presidente de la Sociedad Española de Epidemiología, Pere Godoy, declaraba que, cuando la crisis del COVID-19 pase, «debe reformularse por completo» el modelo de las residencias. Visto lo que está ocurriendo, ¿urge ese replanteamiento?
Yo no le voy a llevar la contraria, habrá que verlo. Lo que es cierto es que en España hay 17 modelos residenciales distintos o cincuenta y tantos, depende. Castilla y León, en su día, apostó por el modelo ‘En mi casa’ y la atención centrada en la persona, que copió toda España. ¿Es el acertado? ¿Deberíamos ser centros sociosanitarios y no modelos de atención para que sean hogares? Pues no lo sé. ¿Cuál es el bueno? Habrá que sentarse y valorarlo. ¿Un modelo único en toda España? No lo sé. Puede que haya centros sociosanitarios, otros más dedicados a alzheimer, otros a rehabilitaciones y recuperaciones hospitalarias... todo se puede analizar.  
¿En un centro pequeño si entra un virus como el de ahora puede ser más letal que en un centro más grande bien estructurado físicamente? Tampoco lo sé. Igual hay que revisar cómo tienen que ser cuando se hagan los nuevos. Lo que está claro es que es fácil para algunos cargar contra los centros residenciales: ni hace 20 años, ni diez, ni hace un mes éramos centros hospitalarios ni UCIs. No sé lo que seremos pasado mañana, pero ahora somos residencias de mayores. 
Llevamos varias órdenes en Castilla y León y a nivel nacional, pero en ninguna de las que van destinadas a combatir el COVID-19 en las residencias se ha contactado con el sector. Luego lees algunas cosas de cómo nos tenemos que estructurar y lloras de pena. ¿Conocen la realidad de estos centros?
En la provincia recibimos apoyo. A diario me llama la delegada territorial de la Junta [Yolanda de Gregorio] para ver cómo vamos y qué necesitamos, y nos mandan el material que pueden, aunque claro que necesitamos mucho más. Los que tienen positivos gastan EPIs a mansalva. Pero estamos recibiendo ese apoyo y un poco de aire.
ASAD y FOES han creado una bolsa de empleo para trabajar en residencias, sobre todo el medio rural. ¿Cuál está siendo la respuesta?
Sabemos que puede ser más útil para los centros que estén en la ciudad o cerca de Soria que para el medio rural, que tiene sus limitaciones. También, a través de FOES, hemos contactado con una empresa de trabajo temporal. Ahora nos deja la administración contratar a las personas de atención directa sin el certificado de profesionalidad para esta situación puntual, pero ¿meteremos a alguien de la calle sin hacerle el test del COVID-19? Tenemos que poder hacerles los test a nuestros trabajadores que están en cuarentena por prevención.
¿En qué medida se ha reducido la plantilla en los centros residenciales por estas cuarentenas?
Nos está afectando prácticamente a todos. Obviamente, más en los que ha habido positivos, hay centros que se quedan sin el personal sanitario, plantillas de 30 personas con seis de baja... está haciendo mella. Además de la bolsa de empleo, hicimos un grupo de todas las residencias de Soria y nos mandamos ideas, resoluciones, protocolos para contrastar...
En diciembre de 2019, en una entrevista concedida a El Día de Soria, apuntaba a la conveniencia de que Servicios Sociales estableciera un nuevo mapa de necesidades. ¿De qué forma ha podido condicionar en esta crisis no contar con el mismo?
En esta crisis el condicionamiento ha sido la propia pandemia, nos habría pillado igualmente fuera de juego. Cuando pase todo esto será un momento de análisis y para prepararnos   por si ocurre otra vez.
¿Y cómo ha influido la falta de mano de obra cualificada?
El personal tiene que ser profesional, pero el problema es que no ha habido formación académica para ello. Por eso decimos que durante un periodo las empresas tienen que estar haciendo formación interna para habilitar a nuestro personal, pero tampoco lo podemos hacer. Pero si cuando vas a una bolsa de empleo, encuentras poca gente con la titulación. ¿Y en el medio rural? No hay gente para trabajar y la gente que hay no está formada. El perfil tiene que ir cambiando igual que el de nuestros usuarios. Hay que buscar una fórmula para la formación continua de nuestro personal.
La reconstrucción económica requerirá un gran esfuerzo. ¿En qué situación quedarán las residencias de mayores y la ayuda a domicilio?
Llevamos muchos años diciendo que este sector es uno de los motores del país, porque estamos marcados por ley por ratios de personal. En España trabajan 200.000 personas en residencias de mayores, pero en ayuda a domicilio la cifra es inmensamente superior. El papel que va a jugar nuestro sector va a ser prioritario porque no puede parar, no sé si cambiará el modelo, pero lo que está claro es que no puede parar. No podemos abandonar a los usuarios. El caos que se nos viene encima es importante.
Por el contacto que tienen con usuarios, ¿cómo están viviendo esta situación crítica?
Por un lado, no tienen ningún miedo, han pasado de todo en esta vida. Una residente nuestra que es centenaria, que ahora está haciendo mascarillas con su máquina de coser, nos contaba: «Yo ya he oído silbar las balas por encima de mi cabeza. Esto no me da miedo. Sufro por los míos». Y tienen esa cosa de que no están viendo a sus familias y tratamos de que los vean a través de videoconferencias. Por otro lado, están colaborando en todo y están intentando transmitir tranquilidad a sus familiares y a todos.