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Porcino: el poder de la integración

Vidal Maté
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El sector logra el liderazgo en la UE, encabeza las exportaciones mundiales solo por detrás de EEUU y es clave para la actividad en el territorio rural

Porcino: el poder de la integración

E n los años del ingreso y la incorporación progresiva de España en la Unión Europea el porcino español era un sector que sobrevivía con el cartel a cuestas de la peste porcina africana de la que todo el mundo trataba de alejarse y que permanecía encerrado entre el Mediterráneo, la raya de Portugal y los Pirineos. Hoy, unas décadas más tarde, el sector acaba de despedir su segundo puesto en el mapa de la producción comunitaria superando ya a Alemania y se consolida como una pieza clave para la cadena industrial ganadero-cárnica española, además de ser fundamental para el sostenimiento de la actividad y el territorio rural.

Esta posición de liderazgo en la Unión Europea no se ha alcanzado de la noche a la mañana, sino que ha sido el resultado de un proceso de cambio a lo largo de las últimas décadas que dio la bienvenida al sistema de integración. Esto supuso pasar de más de 200.000 pequeñas y medianas granjas al desarrollo de grandes grupos con explotaciones integradas que tienen a la eficiencia entre sus principales objetivos para poder optar a una posición de competitividad en todos los mercados.

Desde la perspectiva de la producción española, el porcino ha mantenido una permanente línea de crecimiento en los últimos años basada fundamentalmente en la exportación, a pesar de situaciones cambiantes en algunos mercados que van desde compras masivas al cierre de algunos canales. En la actualidad la producción ya es superior a los cinco millones de toneladas gracias a una cabaña que ha ido en aumento hasta superar los 32 millones de cabezas, lo que supone el sacrificio de unos 56 millones de animales, entre los que se hallan miles de ellos importados desde otros países comunitarios para su sacrificio en España. La actividad implica una facturación anual de unos 18.000 millones de euros que representan casi el 40% de la producción final ganadera y el 14% del total de la producción final agraria.

Con una venta interior estabilizada, el exterior ha constituido y se mantiene como una salida indispensable para mantener el actual ritmo de crecimiento. Sale fuera un volumen de unos 2,2 millones de toneladas de carnes, que llega casi a los tres millones si se suman otros productos como lo despojos. Del conjunto de los mercados destaca por su volumen de compras China, con más de 1,7 millones de toneladas que fueron más cuando el país en 2019 se vio obligado a sacrificar una gran parte de su cabaña por la peste porcina, problema actualmente solventado en el país asiático. Al margen de China, por su capacidad competitiva, el porcino español es importante en otros mercados asiáticos y también en algunos países miembros de la UE como Portugal, Francia, Alemania o los Países Bajos, a pesar de ser éstos últimos grandes productores.

Hoy, los incrementos de los costes de producción, como en los demás sectores, han puesto en peligro la rentabilidad de la actividad ante las dificultades para trasladar esos incrementos al valor final del producto para el consumidor. Superada la crisis de precios sufrida en el pasado, cuando se estabilizaron en el euro, las cifras actuales de 1,50-1,60 euros por kilo vivo se sitúan ahora en el límite de la rentabilidad por la subida en los gastos fijos de las explotaciones. Además con el riesgo añadido que representa la peste porcina, que afecta a varios importantes países productores de la Unión Europea como son Polonia o Alemania y también a otros no tan potentes como Italia.

El hecho de que se detecte en un país esta enfermedad supone la imposibilidad para sus ganaderos de exportar carne fuera de los límites de la Unión Europea, aunque sí es posible hacerlo entre los países miembros. Ello supone que esa cantidad de carnes libres de la peste se están quedando en el mercado comunitario, lo cual puede provocar una situación de exceso de oferta con el consiguiente efecto sobre todo el sector. En España, de momento se están manteniendo los precios tras las medidas de compra en intervención aplicadas por los organismos comunitarios a lo largo de las últimas semanas.

 

Clave para el territorio.

El porcino es una pieza clave para el comercio exterior y más concretamente en el sector de la carne y de los productos elaborados. Sobre unas ventas totales por unos 9.000 millones de euros, solamente la carne y los elaborados del porcino supusieron en 2021 7.700 millones, lo que supone el segundo lugar solo por detrás del potente comercio exterior de las frutas y las hortalizas.

El sector del porcino, además de por su liderazgo en la producción comunitaria y su peso en el conjunto de la economía española, es pieza fundamental como una actividad resiliente ante las crisis y, sobre todo, «residente» para el sostenimiento del territorio rural. Estimaciones hechas desde la Asociación Nacional de Productores de Ganado Porcino (ANPROGAPOR) sitúan en unos 415.000 los empleos en el conjunto de la actividad del porcino que incluyen desde los trabajadores de las 86.000 explotaciones a todos los trabajos que se desarrollan a su alrededor. Sobresalen las fábricas de piensos, el transporte y, muy especialmente, las más de 3.000 instalaciones industriales de diferente tamaño, entre las que destacan los mataderos. También hay que tener en cuenta a empresas de pequeño tamaño ligadas a la transformación del producto, como las plantas de embutidos, que mantienen las tradiciones y constituyen una fuente de empleo para el medio rural.

Por un lado están los datos positivos que aporta a la actividad económica o a la creación de empleo en una España vaciada, pero el sector del porcino intensivo no es ajeno a los debates sobre el impacto de su actividad en el medio ambiente. Vertidos y contaminación en general son objetivo de críticas desde organizaciones ecologistas, medioambientalistas o simplemente desde movimientos del propio mundo rural en contra de que en su territorio haya un predominio de estas explotaciones ganaderas y no de otras actividades de industrias teóricamente más limpias.

Al margen de situaciones e incumplimientos puntuales de la normativa en vigor sobre estas cuestiones que se puedan producir, cabe señalar que se trata de una rama ganadera en la que está todo absolutamente regulado, desde el número de animales por explotación hasta la gestión de los subproductos para no provocar problemas en las tierras por abuso de purines y evitar así su llegada a las aguas subterráneas o corrientes de ríos. Hay que recordar que, actualmente, existe un alto grado de utilización de los residuos para la producción de energía en la propia explotación. En cualquier caso, la gestión de los purines es una asignatura pendiente que, aunque sea por una mezcla de acciones puntuales y desconocimiento de la población, sigue ensuciando la imagen del sector.