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Somaén, un refugio en la ladera al que se desea regresar

A.P.L.
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Aparcamos junto al pilón y la antigua N-II, a la entrada del pueblo situado en una ladera del Cañón del Jalón y junto al río. Ya contemplamos una imagen ideal para una postal, que se decía antes, o para Instagram, que se dice ahora

Un refugio en la ladera al que se desea regresar - Foto: E.G.M

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Somaén

Los alcaldes suelen decirnos que es mejor visitar los pueblos en verano, cuando están llenos a rebosar y los niños corretean por las calles, pero lo cierto es que hay que reconocer a aquellos que se han mantenido en el municipio o incluso a los que nunca perdieron la relación y han regresado. La nueva parada de esta sección es Somaén, un pueblecito al sur de Soria que sorprende por su singular belleza y donde nos cuentan innumerables historias sobre cómo se vivía allí y cómo ha cambiado en los últimos años. 

Aparcamos junto al pilón y la antigua N-II, a la entrada del pueblo situado en una ladera del Cañón del Jalón y junto al río. Ya contemplamos una imagen ideal para una postal, que se decía antes, o para Instagram, que se dice ahora. «Se ha notado mucho que ya no pase por aquí la carretera de Madrid a Barcelona... Teníamos tres restaurantes en los que paraba muchísima gente a comer y uno de ellos con camas», recuerda el alcalde pedáneo (Somaén es uno de los 12 barrios de Arcos de Jalón), Jesús Esteban, que lleva ya varias legislaturas en el cargo (en dos etapas). Sin embargo, el pueblo vive desde hace años un renacer en cuanto a turismo y segundas residencias gracias a Manuel de la Torre, arquitecto y empresario que comenzó comprando el castillo por 13.000 pesetas hace 40 años para restaurarlo y después propició la construcción de varias viviendas de estilo castellano y de lujo en la parte alta, con impresionantes vistas. Él mismo ha escrito dos libros sobre el tema y prepara otro.

Nos acercamos al puente y vemos que el único bar que funciona ahora, el teleclub, está cerrado por vacaciones. «En verano está a tope, porque hay unas 500 personas en el pueblo. En invierno hay 15 casas abiertas y unos 27 vecinos», explica el edil. Junto al río contemplamos las esculturas «didácticas» realizadas con materiales y herramientas reciclados (guadañas, palas, canasta de baloncesto, tubos de escape, ventanas...) por «el gran artista del pueblo», Alfonso Fernández Arauzo, conocido como 'Arauzo', que también nos acompaña en el recorrido mostrándonos su talento creativo inigualable. Es un museo al aire libre que quiere ampliar «porque está teniendo mucho éxito». Además de pinturas y esculturas, debemos destacar que ha construido una casa con sus propias manos y ha recreado una biblioteca del siglo XIX. Nacido en Santa María del Campo (Burgos), se trasladó con su familia a Somaén cuando era pequeño porque su madre era maestra y este pueblo fue su último destino, «y aquí nos quedamos». Estudió FP en Arcos de Jalón y trabajó de técnico de mantenimiento en Iberia, pero después hizo Bellas Artes y se dedicó a la enseñanza, regresando a vivir a Somaén a temporadas cuando se jubiló. 

También acude allí Nati Lorrio, una gran enamorada de su pueblo. Aunque vivió en Madrid cuando su familia se trasladó a buscar mejores oportunidades, nunca dejó de ir y ahora ha regresado y es una gran dinamizadora de actividades, como Alfonso y Jesús. Además, sus hijas van en vacaciones y «todos los fines de semana». Su casita, comenta, está en la misma plaza, junto al original frontón en el que hubo importantes partidos de pelota a mano. También allí se juntan para cenar en fiestas (en San Roque y Santa Quiteria por lo menos hay 320 personas) y los aficionados al teatro estrenan sus obras (de 15 a 20 «buenos actores» dirigidos por Javier Esteban y, antes, por Carlos Mazón). A la pregunta de con qué se queda de su pueblo responde: «Cuando salgo al patio de casa y veo el cielo azul soy otra persona». «Antes había de todo en Somaén y ahora no queda nada...», lamenta haciendo referencia al abandono de los pueblos pequeños.   

la posada y el castillo UN LUGAR PARA DESCONECTAR

Según vamos avanzando por el pueblo en tan buena compañía, nos enseñan las casas en las que desde la pandemia se han instalado familias con niños, lo que les alegra especialmente. El Ayuntamiento tiene una casa municipal alquilada a una nueva vecina. Además, hay pobladores que teletrabajan. 

El alcalde es el único agricultor que queda, aunque ahora toman el relevo sus hijos, que viven en Zaragoza y «van y vienen». Su gran orgullo son sus cuatro nietos, de los que nos muestra fotos en el móvil. «Estamos justo en la mitad, a 164 kilómetros de Madrid y de Zaragoza», comentan los vecinos. Esa cercanía a las grandes ciudades ha sido también lo que ha atraído a tantos vecinos «flotantes», que compran o alquilan las lujosas casas de la parte de arriba. «Es impresionante lo que se ha hecho aquí. Antes nos comían los bichos y ahora mirad qué casas tan espectaculares», comenta Nati admirada. «Si mi abuelo y mi padre levantaran la cabeza se asombrarían», afirma. «Eran chozos y corrales de adobe, muchos derruidos, y Manuel de la Torre los fue comprando y construyendo viviendas siguiendo la arquitectura castellana clásica», detallan los vecinos. El alcalde reconoce que eso ha revalorizado las casas de la parte de abajo (vemos algún cartel de 'se vende' en alguna), aunque no se venden tan bien como las de arriba (también alguna de ellas están disponibles).

Iniciamos el ascenso a la parte alta por la calle empedrada, junto a los callejones del Galgo y del Horno y hacia el castillo restaurado. «Viene muchísima gente a ver el pueblo, parejas y grupos, porque ha salido mucho en revistas», comentan. Alfonso y Jesús nos muestran el alto donde iban a tomar chocolate y ver salir el sol la noche de San Juan, y los buitres que vuelan en los alrededores y anidan en las rocas rojizas que dan cobijo al pueblo. Hay parajes impresionantes, por lo que hay mucha afición al senderismo. 

En la calle encontramos a unos obreros trabajando, uno de ellos antes vivía en Somaén pero se ha trasladado a Arcos, aunque sigue pasando allí todo el día. La Posada, que regenta Manuel de la Torre, es uno de los edificios reconstruidos más relevantes del pueblo y, sin duda, llama la atención por su estilo, decoración y espacios verdes con piscina y mirador colgantes (desde el que se ve el Pozo de los Peces, donde los jóvenes se bañan en verano). Allí hay celebraciones de todo tipo y se dan cita importantes de políticos y empresarios del país. Es, sin duda, un lugar único para la contemplación del paisaje y la desconexión. La visitamos con el permiso del empresario y, sin duda, nos quedaríamos a vivir allí para siempre, coincidimos todos.

muchas curiosidades HISTORIAS EN CADA RINCÓN 

Seguimos paseando por el pueblo admirando las edificaciones y escuchando las curiosidades que nos cuentan los vecinos, pero nos queda mucho por descubrir en otros rincones de Somaén. De pronto, vemos circular un tren de mercancías. «Pasan muchos al día», apuntan. Y nos dirigimos a la ermita de Santa Quiteria (se celebraron unas bodas de oro en julio) y la iglesia de la Visitación (que atiende cariñosamente Nati y donde se prepara una boda de una hija del pueblo para noviembre), dignas de visitar y, la segunda, con un llamativo artesonado. 

Cerca encontramos a más vecinos, como Miguel Ángel Laguna, que regresa a su pueblo desde Badalona en la temporada de verano. Reclama el arreglo de la cuesta de su casa, en lo que ya está trabajando el alcalde (llama en ese mismo momento al Ayuntamiento de Arcos para solucionarlo). «Aunque allí vivo mejor, esto me gusta y lo disfruto mucho», apunta. En el recorrido vemos las antiguas escuelas de chicos, donde hacían guateques. Uno de los parques infantiles se va a arreglar ahora y los vecinos aprovechan para reclamar a la CHE la limpieza de la maleza del río. «De cobertura andamos regular, aunque se ha mejorado», dicen.

CASAS QUE SON MUSEOSSENSIBILIDAD ARTÍSTICA

Ya en la parte baja de nuevo, conocemos a Charo Casado, que muestra fotografías antiguas a Nati reconociendo a la gente y los lugares que en ellos salen. Esta vecina reconoce que de su pueblo le sigue gustando «todo», aunque esté cambiado y haya menos gente de continuo.

Y llegamos a una de las casas de Alfonso, la que se ha hecho él mismo aprovechando la orografía del terreno. Un sinfín de curiosidades nos sorprenden, desde el taller en el que trabaja hasta la variedad de sabores de chupitos, pasando por sus obras de escultura y pintura, los muebles y todo tipo de objetos que ha encontrado en puntos limpios y que allí guarda. Ahora está preparando el jardín, con pozo natural incluido. Nos preguntamos de dónde sacará el tiempo para crear lo que también puede considerarse un museo etnográfico. Las vistas también son impresionantes. Ymás maravillados nos deja aún cuando nos enseña, en su otra vivienda, una biblioteca de nominada 'Rincón del pasado' que permite viajar en el tiempo y llena de interesantes volúmenes (unos 10.000) y mobiliario. El lugar ideal para el rodaje de una película...

Y, para finalizar, la visita a la cascada y la Cueva Grajera, muy frecuentada últimamente por los escaladores. También hay un yacimiento con fósiles. Sin duda, un pueblo espectacular a la par de querido y cuidado por sus vecinos.