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Personajes con historia - Fray Junípero Serra

El fundador de las misiones californianas


Antonio Pérez Henares - 20/06/2022

Cuando rebrotó el sarpullido recurrente de derribar estatuas hispanas por América, jaleada, ¿cómo no?, por la cada vez más trastornada izquierda española, y le tocó el turno a Junípero Serra, hubo algo que descolló incluso por encima de esa rabia de horda inútil, cebona y cebada, cuyo cuerpo de doctrina es un tuit y su objetivo grabar y compartir su estupidez por el móvil: su ignorancia.

No sabían a quien vejaban ni la absoluta injusticia de sus actos. Aunque aquel día completaran su hazaña, allá en EEUU, con una vandalización de la estatua de Cervantes y sus Quijote y Sancho Panza y en España, en el suelo natal del fraile, Mallorca, los podemitas, para no quedarse atrás, contribuyeron con pintadas y variados insultos a su memoria en su monumento.

Siempre me ha sorprendido, y no solo ahora sino cuando ya hace tiempo comencé a recorrer tanto Iberoamérica como el inmenso sur hispano de Estados Unidos de América, ya no el desprecio en cierta manera entendible de la población de origen anglófilo a esas raíces sino el que una parte nada desdeñable de la población hispana lo secunde con entusiasmo y hasta lo encabece. 

El fundador de las misiones californianasEl fundador de las misiones californianas

Ese acusar de todos sus males colectivos y personales que en el centro y sur de América, las élites criollas de antaño y los populismos extremos de ahora, a España, cuando resulta que en aquel 1800 fecha del comienzo de sus independencias, aquella región de la tierra era la más próspera, avanzada y esplendorosa del continente. Sus ciudades, sus universidades, su comercio y desarrollo lo demuestran. La capital mexicana o cualquiera de las urbes señeras de los virreinatos florecían cuando en el norte ni siquiera casi había nacido. Y las que sí, habían sido fundadas por españoles.

Hoy mismo, el único patrimonio que en verdad puede considerarse histórico, amén del precolombino, por supuesto, es y se debe casi en su totalidad a lo heredado de España. 

Ello al margen de la prueba más contundente y clamorosa. Mientras que al norte de la frontera a la que llegó el Imperio Español hay que buscar con lupa para encontrar un indígena, pues la población es más que residual y la causa solo es una: fueron exterminados. Al sur, y precisamente por ese dominio y leyes de la Corona hispana, indígenas y mestizos de todas las mezclas posibles son mayoría y en ocasiones ya en Centroamérica mucho más que absoluta.

Imagen del santo en una lámina del siglo XV.Imagen del santo en una lámina del siglo XV.

En la enorme nómina de personajes que hicieron y jalonaron aquella historia comenzada por Cristóbal Colón en 1492 los hay de muy variados pelajes, de héroes a canallas, de admirables a infames. Sin que el juicio a su figura se haga desde el delirante presentismo actual y atendiendo a su propia y entonces normalizada escala de valores, algunos son en verdad deleznables. Y de hecho los hubo que por ello dieron con sus huesos en las mazmorras juzgados por sus crímenes, como fue el caso de Nuño Beltrán de Guzmán, fundador de Guadalajara. Pero negar gesta, valor, audacia y epopeya al conjunto es llanamente tan miserable como estúpido. Y sin duda, fruto del prejuicio, el sectarismo ideológico y la ignorancia. Y solo desde esos parámetros puede ponerse alguien a derribar una estatua de Fray Junípero, beato (Juan Pablo II, 1988) y ahora ya santo para la religión católica, (Francisco I, 2015). 

De muy humilde familia

Miguel José Serra Ferrer, conocido tradicionalmente como Fray Junípero, fue un fraile franciscano nacido en Petra (Mallorca) en 1713 en el seno de una muy humilde familia de labradores que se convirtió y es historia y leyenda de América, en particular a lo largo de aquel fabuloso Real Camino de Santa Fe en el que fundó las famosas misiones californianas.

Sus padres, analfabetos, quisieron que el niño no lo fuera y consiguieron ingresarlo en el vecino convento franciscano. Aprovechó la oportunidad y decidió convertirse en religioso tomando los hábitos a los 16 años con el nombre de uno de los primeros acompañantes del fundador de la orden, San Francisco de Asís, Junípero, por el que ya sería para siempre conocido y por quien se bautizarían incluso hasta plantas que hoy llevan su nombre científico.

Fue aplicado en el estudio y alcanzó los doctorados en Teología y Filosofía, teniendo en esta disciplina muy presente siempre la figura de su paisano Ramón Llul.

Tras haber pasado por diferentes centros franciscanos, sobre todo en las propias Islas Baleares, donde comenzó a ejercer una labor docente y ganó pronta fama entre sus alumnos, no fue hasta 1749, ya cerca de los 40 años cuando embarcó para América, aventura pastoral en la que participaron un buen puñado de frailes a quienes él mismo había formado. Veinte en total le acompañaron en una larga y complicada travesía que les llevó a Veracruz. Allí, mientras que sus acompañantes viajaron en carruaje hacia la capital mexicana, él decidió con un fraile andaluz, era pequeño de estatura pero muy animoso, hacer los 500 kilómetros andando. Lo consiguió pero le costó una lesión de por vida en una pierna. Ello no le impediría el que jamás quisiera hacer uso de caballería alguna a lo largo de los más de 10.000 kilómetros que recorrería después y siempre a pie por América. Su dolencia y crónica cojera la asumió como pago de lo mucho aprendido en aquel periplo que le serviría ya para empezar a comprender aquella Nueva España donde iba a desarrollar su labor hasta su muerte.

Su primera misión tuvo como destino Sierra Gorda, actual estado de Querétaro, en la que estuvo nueve años de convivencia, evangelización y enseñanzas con los indios pames a quienes amén de cristianizar ayudó en cuanto pudo a mejorar su vida introduciéndoles en las labores agrícolas y ganaderas que aquellas poblaciones desconocían. 

Primeros emplazamientos

El territorio apache iba a ser su siguiente cometido pero el Virrey freno su salida y hubo de permanecer en México DF varios años hasta que se produjo un acontecimiento de enorme repercusión en el Nuevo Mundo, la expulsión de los jesuitas, por Orden real de Carlos III, la Pragmática Sanción de 1767 de todos los territorios españoles y por la que estos fueron obligados también a abandonar sus misiones desde las selvas amazónicas hasta California. A este último lugar fue donde al frente de 16 franciscanos se dirigió Fray Junípero para sustituirlos.? El 14 de julio de aquel año y tras llegar desde la capital al puerto de San Blas, en el Pacífico, donde estaba la comandancia de marina española, a cuyo frente estuvo un ilustre explorador, José María Bodega y Quadra, quien paró la penetración rusa desde Alaska y antepasado de otro de buena y reciente memoria, Miguel de la Quadra Salcedo. Desde San Blas llegaron a la Península de Baja California y allí establecieron su base en la misión de Loreto. Que se convertiría en la madre de todas la misiones que iban abriendo en los siguientes años tanto en la Baja como en la Alta California.

Fray Junípero comenzó una labor tanto de exploración, recopilación de datos geográficos, étnicos y de formas de vida de los indígenas que le llevó a entender que amén de llevarles la fe de Cristo podía ayudarles a mejorar su vida pues, al igual que en las montañas de Sierra Gorda, subsistían tan solo a base de caza de animales salvajes y recolección de plantas, frutos, bayas y raíces silvestres. Tampoco habían alcanzado conocimientos para poder fabricar vasijas por lo que la enseñanza de los hornos para la arcilla supuso una importante mejora.

Fue un Gálvez, José de nombre, Visitador General entonces del Virrey, tío de quien luego sería elemento decisivo en la victoria de los norteamericanos en su Guerra de la Independencia contra los ingleses, Bernardo de Gálvez, quien con Fray Junípero proyectaron conjuntamente las expediciones para controlar aquel extenso territorio, asegurar la soberanía de España y para el clérigo proceder a la evangelización del mismo. Las primeras fueron esencialmente marítimas mientras que en la cuarta por tierra firme acompañaría personalmente al jefe de la expedición, Gaspar de Portolá con quien mantuvo una fructífera y amistosa colaboración. Esta inicio su marcha rumbo a Monterrey a finales de marzo llevando con ella vacas, cerdos y caballos y fue a encontrarse ya bien entrado julio en la bahía de San Diego con los navíos San Carlos y San Antonio, que ya estaban en ella fondeados tras haber salido a principios de año de San Blas. Allí fue fundada una primera misión, la de San Diego, a la que siguiendo camino hacia el norte se unirían luego las de San Carlos, San Antonio y San Gabriel, esta situada donde se encuentra ubicada actualmente la populosa urbe de Los Ángeles. Por cierto la fundación de la ciudad contiene una lección increíble y que debiera ser mucho más conocida. Del grupo de parejas de vecinos que fueron sus primeros pobladores, tan solo dos estaban compuestas exclusivamente por españoles mientras que las otras eran parejas de estos con indígenas o de indígenas de diversas etnias y otros mestizajes. Toda una enseñanza de la que no quieren saber nada los estauicidas que gritan y acusan de racismo a quienes muchos siglos antes que ellos en absoluto lo practicaban. 

Las sucesivas misiones iban estableciéndose y cumpliendo los objetivos previstos pero a poco se truncó la relación con el nuevo jefe, Pedro Fages, que había sustituido a Portolá como Gobernador de los asentamientos californianos. Harto Fray Junípero de sus imposiciones sobre los misioneros y sus tratos cada vez más duros y vejatorios para con los indígenas decidió, sabedor de que Fages controlaba el correo, emprender el camino a pie hasta Ciudad de México para darle cuenta de viva voz y en persona al Virrey Bucareli. Logró llegar tras mucha fatiga y postración en el año 1773 y en el convento de San Fernando redactó su Representación sobre la conquista temporal y espiritual de la Alta California, que ha sido reconocido desde entonces como una encendida defensa de los indígenas, la Carta de Derechos de los Indios. 

Pidió y consiguió la sustitución de Pages por José Francisco Ortega, a quien debido a su bajo rango, era tan solo un sargento, no se le concedió el cargo, quedando el puesto vacante, pero que a la llegada del ya nombrado, Fernando Rivera Moncada, en 1774 fue ascendido a teniente y alcaide del Presidio (fuerte) de San Diego.

Desde San Diego a San Francisco

Cumplida su misión, aquel año regresó de nuevo desde la capital a sus misiones Fray Junípero y llegó a la misión de San Gabriel alguien que sería trascendental para su defensa y mantenimiento de todo el peligroso territorio, ahora atacado por los indios comanches que se lanzaban contra los indígenas, incluidos los apaches convertidos a cristianos y transmutados algunas de sus tribus en agricultores: el entonces capitán, Juan Bautista Anza, impulsor y luego jefe de los míticos Dragones de Cuera. El joven capitán abrió con aquella primera marcha con su compañía la ruta terrestre entre Sonora y California.

A pesar de los ataques indios, que llegaron a arrasar la misión de san Diego matando a algunos frailes y con el apoyo de los Dragones se fue estableciendo un rosario de misiones unidas todas ellas por una ruta que hasta hoy resuena como una de las mayores gestas, el Camino Real, cuyo destino final era quien después le dio el apellido de Santa Fe. En 1776 sería la de San Francisco, luego la de San Juan y luego la de San Buenaventura. Al final y en total llegarían a las 24. Las normas de actuación eran muy simples. Los frailes levantaban una capilla para colocar la cruz y celebrar el culto y una cabaña para ellos. Los soldados un pequeño fuerte para defenderse y alojamiento dentro. Invitaban a los indios a establecerse en los alrededores y al tiempo que comenzaban a catequizarlos les enseñaban a cultivar y pastorear proporcionándoles semillas y algunos animales domésticos. También les enseñaban albañilería y hasta a forjar metales. Las mujeres eran adiestradas en hilado, tejido y cocina, amén de fabricar artesanías con arcilla. 

A ello entregó su vida, hasta el final de sus días, este mallorquín que falleció en una de aquellas misiones por el mismo fundada y en la que hoy siguen reposando sus restos, la de San Carlos Borromeo, Monterrey-California el 28 de agosto de 1784 a la edad de 71 años y cuya efigie es la única de un español en el Salón Nacional de las Estatuas del Capitolio de Estados Unidos de América, símbolo de su soberanía y donde reside el poder legislativo.

Cada uno de los Estados federados tuvo derecho a proponer tan solo dos nombres para inmortalizarlo allí. El de Fray Junípero fue propuesto por California y se encuentra en el pasillo principal del recinto. No solo hay pues, tanto en EEUU como en España, ignaros y vándalos que odian la Historia que desconocen e insultan lo que les dio vida y futuro a quienes les precedieron sino también quienes si quieren saber de ellos y los respetan

Incluso dándole su nombre a la denominación científica de toda una familia de plantas, coníferas, arbustivas, los juníperos, o sea, los enebros y sabinas, multitud de cuyas subespecies fueron descubiertas en aquellas exploraciones suyas por las Californias.