CARTA DEL DIRECTOR

Iván Juarez


¿Dónde estabas entonces?

21/03/2020

Inmersos de lleno en la crisis del Coronavirus, más desde que se decretara el estado de alarma que confina o lo intenta a los españoles en la lucha contra el Covid19, es difícil imaginar una crisis que haya involucrado a tantas personas, a la totalidad de los pobladores del territorio por donde el virus está haciendo estragos. Cuando alguien nos pregunte, si salimos de esta, aquello de «¿dónde estabas entonces?», diremos que luchando, cada uno a su manera (desde el sofá también vale), contra el coronavirus. Un desafío que nos ha puesto en el mismo ejército, en el mismo lado de la trinchera, cada cual con las armas que tiene a mano.
En tiempos de pomposas intervenciones políticas, es momento de otorgar todo el protagonismo a los héroes anónimos, empezando por usted que lee esto y al que se le cae la casa encima, o usted que se esfuerza por entretener a los críos que no entienden de virus, más que los propios de su edad, y están deseando pisar la calle. Pero hay muchos más, un ritmo de vida vertiginoso les condena a la invisibilidad. Mención aparte merecen los sanitarios, los que está combatiendo el virus en el punto más expuesto del frente. Tabla de salvación, su moral está puesta a prueba pero su entrega habla de la calidad profesional y humana de unos profesionales entregados sin cortapisas, denostados en otros momentos, víctimas de un sistema penalizado por el déficit de efectivos, que está mostrando sus fisuras y que tendrá que ser objeto de debate una vez superada la crisis. Tal vez vaya siendo hora de fijar prioridades, desde la normalidad post-crisis, y atender en qué cesta ir poniendo los huevos, y lograr una sanidad vigorosa ha de ser uno de los retos. Con los nervios a flor de piel, no se entienden amenazas de denuncias por divulgar un vídeo en el que unas sanitarias de la UCI mostraban sus condiciones laborales y la falta de medios para atajar y protegerse del virus. Poca sensibilidad de los responsables sanitarios ante unas profesionales que están, con riesgos personales, mitigando los efectos de la crisis.
Pero hay más héroes de la normalidad cotidiana que han pasado a erigirse en merecidos protagonistas en un estado de alarma que ha cambiado el rol de la población. Sin seguramente entender los beneficios o las grietas de las medidas económicas implantadas por el Gobierno siguen en su puesto de trabajo. Cajeras de supermercado, víctimas colaterales de la histeria social. Cuando alguien se acordó de estas personas, que parecen invisibles, ya habían tenido que sufrir las aglomeraciones, comportamientos incívicos y despliegue de virus de diversa índoles de la población, entre ellos el del miedo y la desconfianza que de vez en cuando aflora y que nos lleva a actuar en contra de las recomendaciones.
Más héroes; pequeñas empresas y autónomos que pisando la calle luchan por no ver cómo se desvanecen sus conquistas fruto del esfuerzo; pequeño comercio amenazado durante todo el año y que sube la persiana cada día para que tengamos a mano productos de primera necesidad; servicios de limpieza y desinfección, fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, en tiempos de democracia más para proteger que para censurar y que, en época de toque de queda, se ven obligados a sacar su perfil más coercitivo. En definitiva, héroes todos aquellos que trabajan por aportar cierta dosis de cordura y normalidad a momentos excepcionales. Y aunque me salto la norma al hablar de lo que a uno le toca más de cerca, si me preguntan «¿dónde estabas entonces?», les diré que ejerciendo un derecho constitucional como es el de la información, separando el grano de la paja desde la responsabilidad que tiene que primar en un medio de comunicación, en épocas donde la verdad está comprometida. Arropado por un equipo de profesionales, me detengo en La 8 Soria, pegado a la calle para llevar hasta sus hogares una programación cercana, más necesaria que nunca, con un enfoque crítico pero responsable, alejado del recurrente sensacionalismo.Héroes que se expresan, desde la vocación periodística y el compromiso, con una cámara en e hombro y un micrófono en la mano.¡Gracias, compañeros!



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