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Fernando González Ferreras

PREDICANDO EN EL DESIERTO

Fernando González Ferreras

Catedrático


Momentos históricos

21/05/2022

La propaganda trata de influir y cambiar la actitud de la audiencia respecto a alguna posición, presentando solamente un aspecto de la situación de forma esquemática, parcial o sesgada. Se presentan los hechos que interesan, omitiendo la totalidad, para provocar reacciones emocionales, no racionales, que faciliten convencer, a favor o en contra, de lo que interesa al ponente. Se trata de conseguir adhesiones o repulsas. La propaganda se ha vuelto más sofisticada: emplea la afabilidad del entrevistador, las ruedas de prensa sin posibilidad de preguntar y repreguntar cuando se ha hurtado la respuesta, la sonrisa apreciativa cuando habla el entrevistado, etc. Todo vale para evitar el debate de ideas.
El uso inteligente, no siempre ético, de la propaganda permite fabricar «momentos históricos» que muchas veces son irrelevantes. La prensa deportiva señala cada año muchos «partidos del siglo» o varias «bodas del año» en el mundo del famoseo. Esta técnica la ha aprendido muy bien el presidente Sánchez: vendió la reforma laboral como un gran éxito (se aprobó gracias al voto erróneo de un diputado); ha afirmado rotundamente que España será uno de los «motores de crecimiento en 2022 y 2023 en Europa» poco antes de que Bruselas rebajara las expectativas del gobierno sobre el crecimiento del PIB, retrasando la recuperación de la economía española hasta finales del 2023. Solo 30 segundos al lado del presidente Biden se vendió como un encuentro bilateral en el que se trataron multitud de temas. Cuando Sánchez presume de la subida de las pensiones, a pesar de no llegar ni a la mitad del alza del IPC, afirmando que «el sistema público de pensiones es sostenible, tiene presente y sobre todo futuro» tiene que oír que Paolo Gentiloni, comisario europeo de asuntos económicos, dice que «evaluaremos con las autoridades españolas la sostenibilidad de su sistema de pensiones en 2023» porque los países endeudados «no pueden acometer gastos que se vuelvan permanentes, como la revalorización de las pensiones». También ha vendido como un éxito conseguir de Europa el estudio de medidas para topar el precio de la luz, ocultando que Bruselas ya lo había ofrecido dos semanas antes a todos los países. Y no olvidemos las declaraciones contradictorias en la pandemia o las decisiones publicitadas a bombo y platillo, como la bajada de los 20 céntimos en los carburantes, que han sido ineficaces.
Cuando la situación se complica y no basta con la propaganda, se recurre al eufemismo. Si hay que apagar el fuego de las escuchas telefónicas y obedecer a los socios separatistas, no se cesa a la directora del CNI, se la «sustituye». El uso de eufemismos («palabras o expresiones para suavizar o hacer más aceptable una información que reflejada de una manera más directa pudiera causar rechazo en la audiencia») es una actitud habitual del presidente: llama «nuevo sistema de tarificación» a los peajes que pagaremos en las autovías o «crecimiento negativo» para no hablar de crisis económica. El toque de queda en la pandemia se llamó «restricción de movilidad nocturna».
La situación económica es complicada, las dificultades de un gobierno dividido y las amenazas de sus aliados no presagian nada bueno. Al presidente le quedan dos oportunidades para vender su trayectoria: la reunión de la OTAN en Madrid (sobre las que hay amenazas de cyberterrorismo) y la presidencia de la UE (que nos toca por turno). Veremos como acaba esto.