LA RAYUELA

Óscar del Hoyo

Periodista. Director de Servicios de Prensa Comunes (SPC) y Revista Osaca


Ellas

07/03/2021

Hace un año que un maldito virus procedente de China se propagó por el planeta para trastocar los hábitos, las costumbres y la forma de vida de una sociedad que vivía ajena a la posibilidad, más propia de un guion cinematográfico que de la cruda realidad, de que algo que en un principio parecía una nimiedad fuera a marcar el paso de una humanidad, castigada de manera constante con una funesta montaña rusa de sufrimiento, muerte y desesperación. Entre todo ese caos, en el que ahora aparece luz al final del túnel con las campañas de vacunación masiva, surge con fuerza la figura anónima de todas esas mujeres que, teniendo que afrontar su labor en unas condiciones infames durante mucho tiempo, han estado al pie del cañón en la lucha contra la COVID, haciendo suyo el dolor que han visto prácticamente a diario, acompañando en la soledad más absoluta y sintiendo una enorme impotencia ante una tragedia que las marcará de por vida. 
 Médicas, enfermeras, auxiliares, limpiadoras, conductoras de ambulancia, policías, cuidadoras de personas dependientes, periodistas, dependientas, madres... La lista de las protagonistas que han permanecido en la sombra durante la pandemia es interminable. Mujeres sin rostro, pero con un corazón enorme, que en muchas ocasiones, una vez acababan de llevar a cabo su labor profesional, saturadas física y mentalmente, tenían que regresar a sus casas para poner su mejor cara, cambiar el chip y, con muy poca ayuda, sacar a sus familias adelante. 
La mujer se ha erigido este año como la verdadera protagonista de la lucha contra el coronavirus. Ellas han sufrido una doble penalización por una situación que, con el confinamiento, provocó que muchas tuvieran que compaginar el teletrabajo con el cuidado y la educación de sus hijos, convirtiendo el día a día en una desquiciante rutina, como si se tratase de una cárcel de la que no podían salir, pero que, sin embargo, afrontaban con la paciencia y, sobre todo, la fuerza mental innata que las hace diferentes a la hora de afrontar las adversidades.
La pandemia y sus derivadas no han afectado a todos de la misma forma. Es patente que la crisis sanitaria ha propiciado que las antiguas patentes de género, que parecían superadas y que sobrecargaban a las mujeres con las responsabilidades del hogar, surjan de nuevo con fuerza y se hayan vuelto visibles. Una problemática a la que se suma el peligro del retroceso en términos de derechos que acompaña a estas etapas cambiantes.
En este sentido, la Organización de Naciones Unidas (ONU) presentó un informe en el que refleja que la COVID-19 podría revertir los limitados avances que se han logrado en materia de igualdad de género y derechos de las mujeres, al mismo tiempo que se recomiendan métodos para que el liderazgo y las contribuciones de las féminas se sitúen en el punto central de la resiliencia y la recuperación.
El estudio recoge que alrededor del 60% de las mujeres de todo el mundo trabajan en la denominada economía informal, tienen menores salarios, su capacidad de ahorro es más limitada y corren un mayor riesgo de caer en la pobreza. Asimismo, a medida que el consumo se ha desplomado y echan la persiana más empresas, han ido desapareciendo millones de puestos de trabajo que han afectado proporcionalmente mucho más al colectivo femenino. 
Sin embargo, mientras son muchas las afectadas por el desempleo, el trabajo de cuidados no remunerado ha aumentado de forma exponencial debido al cierre de los centros escolares y a la mayor necesidad que demandan las personas mayores. La situación se asemeja a la pescadilla que se muerde la cola.
Otro de los problemas que ha derivado del confinamiento y los diferentes toques de queda que se han ido produciendo ha sido el repunte de los casos de violencia de género, una lacra que, pese a las campañas de concienciación y a los distintos programas de prevención que se han impulsado, no cesa. No obstante, las cifras reflejan que el pasado ejercicio fue el año en el que menos muertas a manos de sus parejas se registraron -un total de 45-, aunque el objetivo es que ninguna mujer sufra malos tratos que, en demasiadas ocasiones, acaban por arrebatarles la vida. Desde 2003, se han notificado 1.081 asesinatos relacionados con este tipo de violencia. La realidad es que queda un largo camino para acabar con este mal endémico a través de la educación en valores de los más jóvenes.
Mañana se celebra el Día Internacional de la Mujer, en el que se conmemoran los ingentes esfuerzos que realizan adultas y niñas de todo el mundo para tratar de forjar un futuro más igualitario. Es indudable que la crisis sanitaria que se vive ha puesto de manifiesto su liderazgo y empoderamiento para superar la pandemia, pese a las cargas desproporcionadas y a la discriminación que hoy todavía soportan. Todos perdemos si, en vez de defender los derechos, se opta por ese fanatismo teñido de morado que apuesta por una guerra de sexos.



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