La vida después de la política

Nuria Zaragoza
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Fueron representantes políticos hasta mayo. Ahora, asumen el paso de la vida pública a la privada. Sin traumas. Porque, coinciden, la experiencia fue positiva pero hay vida después de la política, y es «más tranquila»

La vida después de la política

Ya no son los que cortan la cinta en las inauguraciones ni quienes protagonizan los Plenos, las ruedas de prensa, las presentaciones... Ya no forman parte de la vida pública. Por elección personal. 
El pasado mes de mayo dijeron adiós a la política tras cuatro, ocho... o más de 30 años dedicados a la gestión de lo público. Y decidieron emprender un nuevo camino. O, quizá, ‘simplemente’ retomar el que dejaron. Porque hay vida después de la política. Mucha vida. Y es además «mucho más tranquila». 
Lo confirma Reyes Oliva, la que fuera alcaldesa de Berlanga. También, Constantino de Pablo, de Langa, y José Antonio de Miguel, de Covaleda. Y Marta Cáceres, concejala en el Ayuntamiento de la capital durante la pasada legislatura. Ninguno de ellos tenía dedicación exclusiva en su respectivo ayuntamiento -solo De Miguel tenía dedicación parcial- y los cuatro tenían su ocupación al margen de la política. Así las cosas, su salida de la actividad pública no ha sido en ningún caso un «ahora qué», sino más bien un reequilibrio de sus tiempos. El tiempo que un día les ‘robó’ o, mejor dicho, cedieron a la política, ahora es tiempo profesional, personal... suyo. 
 Cuando se habla de la vida política se tiende a hablar mucho de sus mieles. Pero también tiene sus hieles.  Sus sinsabores. Sus tiempos robados.  Su lucha interna entre lo particular y lo público. Sus esfuerzos invisibles. Sus miedos. Incluso sus fracasos. Sobre todo en la política más cercana, en la política local, donde en numerosas ocasiones es mucho más lo que se entrega que lo que se recibe. Sirva un dato, relativo a retribuciones económicas:de los 183 alcaldes de la provincia, 149 no cobraron percepción alguna en la pasada legislatura. Y de los 21 ediles que integraban el Ayuntamiento de la capital, solo cuatro tenían dedicación. 
La motivación, por tanto, no suele ser económica. La vocación pública, el amor al territorio, aprendizaje, experiencia, disfrutar de una visión más amplia de la sociedad... suelen estar detrás de su incursión en la política activa. Quizá por ello, los cuatro hacen una lectura provechosa de la experiencia. 
«Animo a entrar a cualquier ciudadano que tenga inquietud por hacer algo por su pueblo», invita el exalcalde de Covaleda, quien asegura que la experiencia es «totalmente positiva», aludiendo a los «logros» conseguidos para el pueblo. Eso sí, reconoce, hay que armarse de paciencia porque la burocracia es a veces larga «y decirle a un vecino que tienes solucionado su problema y ver que pasa y pasa el tiempo... es desesperante». 
También Oliva anima y cree que, de hecho, todo ciudadano debería pasar por ello para valorar el «trabajo en equipo», el compromiso general, el «sentido de comunidad». 
¿volverá? El refranero popular es muy socorrido en este caso. «Nunca digas de este agua no beberé», aluden Oliva y De Miguel, si bien ambos coinciden en que ahora no está entre sus opciones. Tampoco para De Pablo, quien, tras 32 años dedicado a la política, reconoce que estaba ya «saturado»y necesitaba «un poco de tranquilidad». Después de descubrir la «buena vida», ni se plantea regresar.  «En este momento tan convulso me da cierta paz estar con un paso a un lado. Me resultaría difícil explicar desde un cargo público ahora mismo (con la convulsión pública, la confusión y el descrédito) la utilidad de la política. Pero yo sí que creo en la utilidad de la política y sí que creo que es la manera de cambiar las cosas, de trabajar por lo común y no lo descarto a largo plazo. Creo que es un aprendizaje duro pero útil», indica por su parte Cáceres sobre la posibilidad de un regreso. «No lo descarta» pero reconoce que ahora da cierto «pudor» explicar algunas actitudes y posiciones desde la bancada política.

Reyes Oliva. Exalcaldesa de Berlanga

«He recuperado mi vida, mis aficiones, mi tiempo...». «He vuelto a mi rutina, a mi trabajo con normalidad, a mis aficiones, que las había dejado a un lado por falta de tiempo, a mi tiempo en familia...», apunta cuando le preguntamos cómo ha cambiado su vida desde que se ha alejado de la política. Admite que su incursión en la vida pública fue casi una «anécdota», ya que no se siente política en el sentido más estricto de la palabra. Por ello, insiste, regresar a su día a día ha sido sencillo, y feliz. «Antes, desde que me levantaba, estaban sucediendo cosas continuamente, y siempre había cosas que resolver, y siempre había cosas nuevas. En cuanto salías a la calle, los vecinos te comentaban. Yo además trabajo en un centro de salud y continuamente tenía que decir, eso lo hablamos luego fuera», recuerda entre risas. Ahora ha recuperado su tiempo y, con ello, sus paseos por el campo con su perro, su vida familiar -«que la dejas también un poco desatendida mientras estás en política»-... su «normalidad». Aunque, como todo en la vida, su experiencia política ha tenido sus luces y sombras, ella se queda con lo «positivo» y considera que ha sido una «experiencia personal favorable». Además, destaca, su presencia supuso cierto «revulsivo» para el pueblo ya que fue la «primera mujer alcaldesa», cambió los protocolos de participación en actos religiosos, fue un «cambio de rumbo» respecto de épocas anteriores, abrió nuevas líneas de trabajo (como «movilizar el tema del turismo») y supuso un «aliento nuevo» para Berlanga.

La vida después de la políticaLa vida después de la política - Foto: Eugenio Gutiérrez MartÁ­nez

José Antonio de Miguel. Exalcalde de Covaleda

«Antes tenía 60 llamadas al día. Ahora, media docena» Hasta mayo era alcalde de Covaleda y su vida dependía de un teléfono móvil que sonaba una media de 60 veces al día. Hoy apenas suena «media docena de veces». Traducido a tiempo... supone un regalo para su vida personal y profesional. «Yo compatibilizaba mi explotación de ganado ovino con la política, ahora estoy de lleno dedicado a la ganadería. De tratar solo con personas, a tratar solo con ovejas», resume de forma simpática José Antonio de Miguel sobre lo que ha supuesto dejar a un lado la política, donde estuvo durante ocho años (no continuados). Su vida ahora es «mucho más tranquila», reconoce. «Ya no estoy siempre pendiente del móvil, ni pendiente del boletín oficial, ni pendiente de las ayudas... cuando te dedicas a ti y tu familia no es como cuando te dedicas a todo un pueblo», sintetiza. Eso sí, no se «arrepiente» del «compromiso» y «esfuerzo» que asumió y asegura que la experiencia ha sido «muy positiva». Él se queda con «lo bueno» y con la sensación de haber ayudado a mejorar su pueblo: «El centro de salud, las piscinas de verano, la rehabilitación del cuartel como albergue, la pavimentación de San Matías, la reactivación del campamento...», enumera sus logros. Se queda con el «gusanillo», reconoce, de haber «conseguido una residencia para los mayores y algo para los pequeños, un centro joven o algo así». Es una «espinita clavada», admite. ¿Volverá para quitársela? De momento no se lo plantea regresar a la «guerra», pero no cierra ninguna puerta. 

Marta Cáceres. Exconcejala de Soria

La vida después de la políticaLa vida después de la política - Foto: Javier Ródenas Pipó

«Mi tiempo personal y laboral está ahora más equilibrado» Siempre tuvo interés «académico, intelectual y social» por la política, entendida como «la manera de cambiar las cosas, de trabajar por lo común». De hecho, se formó en Sociología y Ciencias Políticas. Pero su paso a la política activa no fue por iniciativa propia, sino una propuesta del anterior equipo de Gobierno. Aceptó el reto, pero siempre con la idea clara de que la política no es una «profesión en sí» ni una «forma de vida». Por ello, y por no perder la conexión con el mundo ‘real’, nunca abandonó su profesión, de modo que al dejar la política nunca sintió «el miedo al vacío». Ahora, ‘simplemente’, se centra más en su carrera laboral, «que ha sufrido en estos años que competía con los deberes públicos», y en su vida personal, ya que ha sido madre. Asegura que ha sido una «experiencia de vida interesante», también una«cura de humildad». Eso sí, una vez experimentada la experiencia, reconoce cierto sabor «agridulce», en el sentido de que «la política es un poco una hipérbole, una exageración de los fallos que tiene el sistema laboral normal». Alude a cuestiones como «el presencialismo» -«deberíamos ser evaluados por la eficacia, no por estar presente»-; al equilibrio entre «tiempo personal/tiempo laboral» -ya que la política es «muy poco conciliadora»-;y a lo especialmente duro que es para la mujer, ya que «no respeta ni los ciclos naturales de un embarazo, de un parto, de una baja...» (recuerda los casos de Villacís o Montero). «La política debería ser modelo de comportamiento social», considera. ¿Lo es? «La reflexión» queda ahí...

Constantino de Pablo. Exalcalde de Langa

«Mi vida particular prácticamente no existía» Estuvo 32 años vinculado a la política, a nivel municipal (como concejal y alcalde) y a nivel provincial (como diputado provincial), así que su paso atrás en la vida pública ha supuesto un cambio de vida radical. «Mi vida particular prácticamente no existía», reconoce al recordar su día a día antes del pasado mes de mayo. «Podía estar en casa pero, si había cualquier circunstancia, había que ir volando. Siempre pendiente del móvil, del coche... disponible las 24 horas del día. Casi con una preocupación constante. Porque yo la política la he entendido siempre como un compromiso, una motivación, no estar por estar. Ahora todo eso no se da y estoy tranquilamente en mi casa, en mi jardín, con mis gallinas, la huerta... viendo el castillo, el puente medieval, la iglesia desde mi ventana... haciendo mis chapucillas de albañilería», relata sobre su vida actual. El suyo ha sido un cambio total, básicamente por dos motivos. Porque desde hace dos años está prejubilado y, por tanto, dejar la política ha supuesto acceder a una vida «mucho más tranquila» que prácticamente desconocía. El segundo, porque su salida de la política supuso también su salida de la Diputación y eso implica reducir muchas horas de viaje (90 kilómetros separan Langa de Soria). ¿Lo echa de menos? Lo piensa un segundo y la respuesta es clara: «Ahora no puedo vivir mejor». Eso sí, en su historia queda un «mal sabor»:«Llegué con 1.050 habitantes y lo dejé con 750». A cambio, destaca los servicios mantenidos y las obras realizadas. 

La vida después de la políticaLa vida después de la política - Foto: Eugenio Gutiérrez