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Eligen Soria para dar batalla al SARS-CoV-2

Ana I. Pérez Marina
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José Antonio Panera lleva poco más de una semana trabajando en el hospital Santa Bárbara. Este leonés, residente en Salamanca, hace un año que se graduó en Medicina y acaba de aprobar el examen MIR

Eligen Soria para dar batalla al SARS-CoV-2 - Foto: eugeniogutierrez.com

Cuántas veces ha sido noticia que en Soria faltan médicos, que no es atractivo un hospital pequeño, ni una ciudad pequeña, ni la provincia menos poblada de España. Ríos de tinta para contar que cuesta Dios y ayuda cubrir las vacantes en determinadas especialidades. Capítulo aparte [que, evidentemente, El Día de Soria no obvia en esta edición] merece la situación que atraviesa la sanidad soriana herida por el coronavirus.  

Pero es justo poner en el lugar que corresponde a aquellos sanitarios que eligen Soria para desarrollar su formación y carrera profesional. Y hay que resaltarlo aún más cuando lo hacen en estas circunstancias, cuando se incorporan a filas para dar la batalla al virus SARS-CoV-2. José Antonio Panera tiene 27 años, se graduó en Medicina hace un año y acaba de aprobar el examen MIR (Médico Interno Residente). Leonés, pero residente en Salamanca donde estudió la carrera, no se lo pensó cuando tuvo conocimiento de la demanda de sanitarios que lanzaba el hospital Santa Bárbara. Ofrecían trabajo, alojamiento y comida. Así que el miércoles 25 de marzo se incorporó y se aloja en la residencia juvenil Antonio Machado, habilitada por la Junta de Castilla y León a través del Cecopi (Centro de Coordinación Integrada de la provincia de Soria) para dar cobertura a empleados de la Gerencia de Asistencia Sanitaria de Soria y de la Gerencia Territorial de Servicios Sociales que, por su trabajo diario, han decidido mantener un aislamiento de sus entornos familiares (aquellos que conviven con personas de riesgo por padecer enfermedades crónicas o alguna de las patologías estipuladas por Sanidad) y, en otros casos, como el del doctor Panera han llegado a Soria como refuerzo. Al cierre de esta edición, la residencia acogía a 23 trabajadores de Sacyl y siete de Servicios Sociales.

«Estoy bastante cómodo en el hospital de Soria, en la quinta planta, con pacientes de coronavirus. En la facultad tenemos prácticas durante más de un año, así que tenemos experiencia hospitalaria, aunque hay que acostumbrarse a los protocolos y a las nuevas formas de trabajar. Aquí me han recibido muy bien. Estoy con una neumóloga, la doctora Lorena Martínez, que me explica todo lo que necesito y lo voy haciendo», resume el médico.

Aunque como dice ya conoce lo que es la dinámica de una hospital por la parte práctica de su formación universitaria, esta situación, absolutamente excepcional, le ayudará a forjarse en esta nueva forma de entender la medicina que, con seguridad, marcará el futuro de la sanidad. En sus planes de especialización, una vez aprobado el MIR, barajaba cardiología, pediatría y ginecología, aunque reconoce que, quizás, después de esta experiencia también es posible que puedan variar sus preferencias.

«Todo el mundo tiene miedo a este virus, yo le tengo respeto. He llegado a Soria con una mezcla de sensaciones, entre ese respeto y las ganas de volcar mis conocimientos y sentirme útil, que puedo valer para esto, para lo que he estudiado tanto tiempo», confiesa. 

José Antonio Panera atiende a El Día de Soria al finalizar su jornada laboral, después de haber pasado consulta a los pacientes y de dar cuenta de los «evolutivos», es decir, de dejar constancia por escrito de lo que se ha visto en las pruebas y análisis de cada  uno de los enfermos.

Los médicos recién graduados sirven de «apoyo» a los galenos del hospital de Soria, «no hacemos nada que salga fuera de nuestros conocimientos y experiencia», y las labores están supervisadas. «A medida que nos vamos soltando, asumimos más carga. Los médicos que tratamos a pacientes positivos en coronavirus vamos de dos en dos para ayudarnos, para vigilar que los EPIs estén bien puestos y controlar todos los movimientos», cuenta.

la jornada. Los facultativos que se han incorporado para apoyar hacen jornadas de 8.00 a 15.00 horas, aunque el doctor Panera admite que son intensas, la actividad no para un minuto. «En la planta en la que estoy yo va cada día mejor. Soy optimista», puntualiza.

Finalizada la jornada laboral, ya en la residencia Antonio Machado, aunque hay que guardar las distancias de seguridad y, por ejemplo, tienen que comer en mesas separadas, los sanitarios que conviven estos días comparten las experiencias vividas en sus respectivos puestos de trabajo.

En cuanto a las herramientas de protección, el doctor Panera señala que cuentan con guantes, mascarillas, geles y productos de desinfección que han puesto a su disposición en la residencia Antonio Machado, incluso tienen carros de limpieza para aquellos que prefieren que nadie más entre a las habitaciones que ocupan. «A pesar de todo, de cómo nos ha pillado a todos esto, creo que se está reaccionando bastante bien», añade.

antes y después. José Antonio Panera tiene un vínculo especial con Soria. Cursó Bachillerato en el Instituto Castilla y se quedó un año más, matriculado en Psicología en la UNED. El motivo de esta estancia en Soria fue el CAEP (Centro de Alto Entrenamiento y Promoción deportiva), donde entrenó junto a Enrique Márquez, desde 2010 a 2012. «Le tengo mucho cariño a Soria, estuve tres años entrenando en el CAEP y entonces vivía en la residencia Gaya Nuño. Soria me aportó mucho para decidirme a hacer Medicina y todo lo que me había dado Soria quería devolvérselo», subraya.

No sabe hasta cuándo se prolongará su contrato y si, esta estancia y su vínculo con la ciudad, le llevará a elegir después el hospital Santa Bárbara. Soria necesita médicos, no solo ahora para lidiar con el coronavirus, los necesita siempre. Y, sobre todo, profesionales con ganas de trabajar por los sorianos.