Carlos Lafuente

Trabajador de la Función Pública


Gente de blanco

30/05/2020

Estos días he pasado por la experiencia de observar de cerca las salas de urgencias de nuestro hospital y he descubierto que aquello es todo un mundo. He comprendido de qué están hechas las mujeres y hombres que allí trabajan como médicos, enfermeras, celadoras, limpiadoras y resto del equipo (porque son un verdadero equipo). Y he entendido como se han implicado de manera absoluta en los protocolos para parar la expansión del COVID19, en paliar los efectos de la enfermedad y en acompañar hasta sus últimos minutos a todos aquellos que por desgracia murieron. En el corto espacio de tiempo que pasamos en los boxes de urgencias nos hacemos familia de ellos y les contamos nuestra vida: de dónde venimos, si tenemos hijos o nietos, en qué estudian o trabajan. Buscamos conocidos comunes que fortalezcan esos nexos de unión coyunturales. Una vez que entramos, nos encontramos solos. Bueno solos no, con ellos. Que nos escuchan y ponen el interés como si allí nos fuéramos a quedar a convivir una larga temporada cuando la realidad es que allí pasaremos no más de 24 horas. Separadas solo por una leve cortinilla unas camas de otras, puede uno entretenerse en ‘cotillear’ las conversaciones de nuestros vecinos y observar que es un micro mundo en el que también se representan las mezquindades y grandezas del ser humano. Los hay que sufren en silencio, los que no hacen más que quejarse para reclamar la atención del personal sanitario, los que desatienden todas las indicaciones e incluso los que después de una estoica espera para ser atendidos se quieren marchar a su casa «porque aquí no aguanto». Como en una breve obra de teatro, en ese espacio de tiempo metemos varios actos: presentarnos, conocernos, hacerles sabedores de nuestras disfunciones sanitarias, recibir el diagnóstico y o pasar al ingreso, o a casa con el alta. Y mientras todo eso ocurre, creamos un vínculo que no por durar un corto espacio de tiempo no es fuerte y basado en la confianza. Y para aguantar todo eso, hay que tener una pasta especial. De la que están hechos nuestros sanitarios y personal auxiliar que consiguen hacer llevaderas estas experiencias nada gratas de por sí. Es por ello, que no puedo por menos que darles a todos las gracias.



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