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Mitxel Girón

Mitxel Girón


Benidorm Fest, lo que pudo ser y no fue

05/02/2022

Por fin, después de un montón de años, me había vuelto a ilusionar con Eurovisión. Las últimas ediciones que recuerdo con especial cariño fueron la de Rosa de España con su Europe´s living a celebration y la del Chiquilicuatre con aquella broma que se les fue de las manos. Del resto de participantes, ni idea. Para mí, Eurovisión era algo casposo y hortera, una herramienta para que los países afianzaran sus relaciones internacionales. Tenía mucho más de política que de expresión cultural. Pero el año pasado ganaron Måneskin, unos chavales italianos que rockean de lo lindo y consiguieron despertar mi curiosidad. Y cuando me enteré que este año nuestro representante se iba a elegir en un festival con el voto del público, consiguieron captar mi atención. Iba a ser 'la fiesta de la democracia' aplicada a la canción popular, el Benidorm Fest se iba a celebrar como aquel certamen veraniego que desde 1959 nos deleitaba con lo mejorcito de la música ligera. De las casi 900 propuestas presentadas, se seleccionaron 14 artistas para defender sus canciones en dos semifinales y una gran final. Dentro de los elegidos se encontraban pesos pesados como las míticas Azúcar Moreno, el elegante rapero Rayden, los indies y festivaleros Varry Brava, la cantautora chilena Javiera Mena y unos cuantos más que por suerte o por desgracia, yo desconocía. Llegó la gran final. Os prometo que hasta hice palomitas y allí estaba yo, pegado al televisor, emocionado y haciendo mis cábalas para que ganase mi elegida. Dos grandes favoritas, Tanxugueiras apostando por una canción con reminiscencias folklóricas cantada en gallego y Rigoberta Bandini con un tema pop cantando a la maternidad. Dos grandes canciones que nos hablan de libertad, cuya puesta en escena y estética difiere de los cánones habituales de este tipo de certámenes. Se creó tanta espectación y tanto hype que todos dábamos por hecho que la guerra era únicamente entre ellas dos. Las dos Españas, esta vez no estaban divididas por la política, ni por el fútbol, sino por ver quién era más auténtica. Reconozco que yo iba con Rigoberta, desde que sacó In Spain we call it soledad me tiene ganado y Ay mamá me parece un auténtico himno. No hay más que ver cómo coreaba el estribillo todo el público asistente. Pero Tanxugueiras también me gustaba y eran las favoritas de la gran mayoría. Era como una batalla entre Sabina y Serrat, ganara quien ganase, el elegido iba a ser un justo vencedor. Por fin íbamos a llevar a Eurovisión a alguien de calidad, tanto musical como intelectual. Y esto es lo que hacía que yo, y muchos escépticos como yo, nos interesasemos por el Benidorm Fest.
Llegó la votación y con ella, la sorpresa. Los cinco miembros del jurado 'profesional' (lo pongo entre comillas porque no tengo ni idea de quiénes eran) echaron cuentas y posicionaron a una artista llamada Chanel en la primera posición para que los votos del público no consiguieran aupar a Tanxugueiras ni a Rigoberta. La polémica estaba servida. Chanel canta bien, es monísimia (¿se puede decir esto?) y baila mejor aún, pero es más de lo mismo. Y la letra de su canción es penosa: «Si tengo un problema, no es monetary. Yo vuelvo loquito a todos los daddies. Yo siempre primera, nunca secondary». Vaya imagen que vamos a exportar. Y que todavía haya periodistas que a eso lo llamen «empoderamiento». Las redes están que arden, incluso hay gañanes que están atacando a Chanel. Señores, que Chanel no tiene la culpa de que no hayan ganado vuestras favoritas, ella ha hecho un trabajo inmaculado y ha ganado porque el jurado (con tongo o no, quién sabe) así lo ha dictaminado. Yo soy el primero que se llevó una gran decepción, pero no por ello voy a atacar a la cantante, hay que saber perder con elegancia. Ole por Chanel y BMG por colocar su producto/canción en Europa. Les deseo lo mejor, pero eso sí, a mí se me han quitado las ganas de ver la gala de Eurovisión de este año.