«La política no lo es todo en la vida: hay vida después»

Javier D. Bazaga (SPC)
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«La política no lo es todo en la vida: hay vida después» - Foto: JUAN LAZARO

José Bono culmina la trilogía de experiencias que comenzó con Les voy a contar, y siguió con Diario de un ministro. En Se levanta la sesión, el expresidente del Congreso de los Diputados en la IX Legislatura pretende desvelar al lector «cómo somos los políticos cuando no estamos delante de un periodista», a través de un diario «sincero y transparente». Un ejercicio con el que busca descubrir cuánto tiene el Congreso de templo de la política y cuánto de teatro.


Es un hombre que no suele morderse la lengua ni delante de la prensa ni delante de los políticos. ¿Por qué este libro?
Porque quienes nacimos comunicativos nos agrada dejar testimonio de nuestra efímera existencia. Y como dice Amin Maalouf, «mi vida no es nada de otro mundo, pero es mi vida, y si yo considerase que solo merece olvido, sería porque no me he merecido vivirla». Tomaba notas cada día: por eso pude escribir este libro, que es un diario no inventado. Hay memorias que se inventan, pero un diario fechado y preciso no puede inventarse.


Hacer ese diario requiere disciplina y constancia, pero también tiempo. ¿De dónde lo sacaba?
Se lo quitaba a mi espacio de ocio y de sueño. Calculo que me llevaba unas dos horas diarias tomar las notas, dictarlas y transcribirlas al ordenador. El 11 de diciembre de 2011, me hice un buen regalo de cumpleaños: no volver a tomar notas.


¿Qué se puede encontrar en ese diario no inventado?
Lo primero que va a ver el lector es que el estilo delata al hombre. Quien lo lea creerá que me está escuchando. Es mi estilo, directo. No tengo pretensiones literarias ni podría tenerlas, pero es un libro sincero y transparente. He intentado fijar la realidad, perpetuar momentos y fotografiar el tiempo. El lector se va encontrar cómo somos los políticos cuando no estamos delante de un periodista o en una tribuna, cómo somos cuando no tenemos que poner cara de listos.


¿Y cambian mucho los políticos cuando no están delante de un periodista?
Léalo y verá.


Ya tenía algún que otro detractor en su vida pública. ¿Con esta obra cree que surgirán enemigos?
No. En este texto no hago ataques ni ajustes de cuentas. Creo que no voy a encontrar personas que quieran corregir lo que digo en sus páginas porque es la verdad, y nadie se va a sentir ofendido, excepto mis particulares sicofantes que no llegan a ser ni cinco. Los puedo contar con los dedos de una mano. Es más, los tengo descontados ya.


En el libro recoge anécdotas y conversaciones, pero también sentimientos y vivencias. ¿Cómo las recuerda?
En la obra, más que interpretar lo que hago es relatar, pero también doy cuenta de mis emociones y mis sentimientos. Trato de descubrir a los lectores que el Congreso de los Diputados, el epicentro de la política en España, tiene una parte de templo y otra de teatro.


¿Y en qué proporción hay más de uno que de otro?
Depende de los días y de las circunstancias. Hay jornadas especialmente dominadas por el teatro y otras en las que la verdad vibra de modo más potente y con mayor fuerza.


Hay una frase de Pablo Iglesias que dice compartir, cuando mantiene que un diputado manda menos que un banquero.
Hay parte de verdad en esa afirmación porque sus señorías mandan poco. Yo fui presidente de los diputados, y daba la palabra al presidente del Gobierno y la quitaba, pero mandar no mandaba casi nada.
Los representantes de los ciudadanos, por el modo en que son elegidos, se ven muy impulsados a no ser críticos con el jefe del partido que les nombró, si es que aspiran a seguir siendo diputados. La complacencia y la mansedumbre les resta mucha fuerza personal y les convierte a veces más en autómatas que en autónomos. En este sentido, la política la hacen los mandamases de los partidos, pero no los diputados.


Pero, cualquiera que esté leyendo esta entrevista se preguntará entonces por qué votamos.
Votar es esencial. Hay que cambiar la Ley Electoral y lo vengo diciendo desde hace más de 30 años, pero con escaso éxito. Mantengo que los ciudadanos, cuando votan, básicamente deciden cuántos diputados tiene cada partido, pero no cuáles. Eso es algo que depende de los jefes de las formaciones.


¿Cree que veremos materializada esa reforma de la Ley Electoral algún día?
No he perdido la esperanza, pero no lo veo cercano, porque los que la pueden llevar a cabo quizá no les interese renunciar a su actual posición. Las cúpulas de los distintos grupos deberían hacer un ejercicio de descentralización de su poder y no veo indicios en esa dirección.


El libro refleja conversaciones con el Rey, con el expresidente Zapatero y otras personalidades de la política... ¿Se considera memoria viva de la España moderna?
El texto puede ser fuente para los historiadores, en la medida que cuanto digo está respaldado por la verdad. Y, además, he hecho 351 llamadas y mandados muchos e-mails que son un soporte documental importante. No he querido traicionar la confianza de quien hablaba conmigo en una conversación privada. Por eso, he pedido permiso a muchos, a todos no. A mis particulares adversarios no se lo he dicho. Y a la Casa Real tampoco, porque no es su costumbre autorizar textos de esta índole.


Se lo dedica a Alfredo Pérez Rubalcaba.
Su muerte tan temprana y repentina me sobrecogió, y aún mis ojos se humedecen al evocarlo. Nos dejó un político inteligente y honrado, reconocido por propios y adversarios.


En la obra lamenta que cada vez tenemos un país menos cohesionado. ¿Se le ha dado alas al independentismo en Cataluña?
Los errores cometidos por los constitucionalistas son más que evidentes. Las discrepancias con las que los partidarios de la unidad de España nos manifestamos frente a la entrenada cohesión de los secesionistas es una baza que han sabido aprovechar. Pero más que hacer balance de los errores, creo que debemos caminar hacia la convicción de que tenemos que entendernos en el marco de la legalidad constitucional y buscar soluciones.


¿Cuáles son esas soluciones?
Mi personal respuesta es que un acuerdo con ERC precisaría que dejasen de reclamar el referéndum secesionista y la independencia durante un tiempo. 


¿Es Cataluña el principal reto al que se enfrenta el futuro Gobierno?
El gran problema es la voluntad decidida de un número considerable de ciudadanos que no se sienten españoles y que desean un Estado independiente. Es lo más grave que nos ocurre. Cataluña representa el 18 por ciento del PIB nacional.


Ese desafío lo tendrá que asumir el nuevo Ejecutivo que se está gestando. ¿Considera el acuerdo de coalición entre el PSOE y Podemos un mal menor?
A mí me gustaría contar con mayoría absoluta para no tener que pactar ni con Podemos ni con ERC, pero como no es así no veo más alternativa que la que ha propuesto Pedro Sánchez: un acuerdo con Iglesias y una abstención de ERC.


¿Y le ve futuro a esa coalición? En Castilla-La Mancha no funcionó.
El caso de Castilla-La Mancha me ha dado tranquilidad. Cuando Emiliano García-Page les introdujo en el Gobierno, me quedé muy preocupado y así se lo transmití. Pero hoy la inquietud ha pasado, porque Podemos en la región ya no tiene representación, lo que pone de manifiesto, entre otras cosas, la inteligencia de García-Page.


¿Tendrá Podemos ese mismo destino a nivel nacional?
Ahora estamos negociando y no vamos a poner piedras en el camino. Pero me gustaría que la izquierda democrática estuviese unida bajo unas mismas siglas. Que la izquierda comunista más intransigente y más estalinista fuese residual.


¿Ve a Emiliano García-Page como futuro presidente de este país?
A mí me gustaría, y cualidades tiene. Ojalá que ocurra, si es que él lo deseara claro.


El mes que viene cumplirá 69 años y 50 de militancia en el PSOE. ¿Ha cambiado mucho el partido al que se afilió entonces?
Claro. La familia socialista a la que yo me integré en 1969 tenía que vivir en la clandestinidad, y hoy está en el Ejecutivo. Pero en este medio siglo he visto liderazgos potentísimos y cargados de una fuerza extraordinaria, como el de Felipe González, y también situaciones más precarias. Hemos pasado de tener 202 diputados a 85. Sin embargo, siempre me he sentido miembro de la misma familia socialista y cuanto peor hemos estado, más ha aflorado en mí la solidaridad con mi partido.


Ha sido diputado a Cortes, presidente de Comunidad Autónoma 21 años, ministro de Defensa, presidente del Congreso. ¿Ha tocado techo o le queda aún algo por hacer?
Me queda vivir, si Dios quiere, muchos años más lejos de la primera línea de la política. Ahora espero poder hacer muchas cosas porque la política no es todo en la vida y hay mucha vida después de la política.