El maestro del viento

Henar Macho
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Adrián Postigo, maestro e intérprete, ha profesionalizado un taller de mantenimiento y reparación de artilugios musicales de viento, que es único en la provincia y donde contabiliza más de 2.000 piezas

El maestro del viento - Foto: Eugenio Gutierrez Martinez

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El maestro del viento

Parece que lleva el oficio en el nombre. Adrián Postigo Marín, de 36 años, ha puesto en marcha en Almazán, donde nació y aprendió a amar la música, un taller de mantenimiento y restauración de instrumentos de viento (tanto en madera como en metal) y percusión al que ha denominado ‘Marim Lutier’. Solo el cambio de una consonante en su apellido bastó para darle nombre al proyecto. No obstante, reconoce que la expresión lutier, que hace referencia a los artesanos de la construcción y reparación de instrumentos de cuerda, viene utilizándose incorrectamente en el gremio y está muy extendida, por lo que prefiere definirse como técnico de reparación de instrumentos musicales de viento. Con la cuerda aún no se atreve, pero no descarta aprender en un futuro, ya que son muchos los que le preguntan. Además, Adrián fabrica piezas a medida cuando el instrumento lo requiere.
Conocido en Almazán por llevar 25 años en la Banda -siguiendo los pasos de su padre, que tocaba en una orquesta y ahora también está en la formación adnamantina- continuó sus estudios de Magisterio por Música en Zaragoza tras comenzarlos en Soria. Su espíritu curioso, combinado con un tiempo trabajando en el taller de restauración de antigüedades de su tío, le abrió las puertas de lo que hoy es su profesión. «Me parecía fascinante que llegase algo muy estropeado y poder darle una nueva vida», comenta Postigo. 
Siempre en contacto con las herramientas en la ferretería de su padre, un buen día su saxofón precisaba un arreglo y fue entonces cuando se aventuró a destriparlo y recomponerlo de nuevo. «Me dije, esto tampoco tiene que ser muy difícil. Me puse a desmontarlo, me compré unas zapatillas, las más malas que había por internet, un juego que luego ni me valía porque eran distintas medidas…», puntualiza entre risas. «Y lo hice. Me quedé sorprendido porque sonaba». Aunque con aquella reparación, como era de esperar y visto con la perspectiva del tiempo y la preparación, no logró que aquel saxofón estuviera en sus mejores condiciones, a él le sirvió como inspiración para iniciar su andadura profesional. «Me llevé la satisfacción de haber podido desmontar tantas piezas como lleva un saxofón, y luego volverlas a montar, y que encima sonase», cuenta. Por el método de ‘ensayo y error’, fue probando con más artilugios musicales, lo que le fue motivando a formarse como técnico.
 Aprendió el oficio en Castellón, el único lugar donde encontró un pequeño taller en el que impartían clases y donde obtuvo una formación muy práctica y personalizada. «Era un trato muy personal, un curso de un año con tres alumnos. El profesor estaba contigo, veías el trabajo de tus compañeros, te explicaba los problemas in situ...», recuerda. Fueron unos meses que rememora con ilusión y tras los que poco a poco fue ganando confianza, la misma que le prestaron sus compañeros de la banda dejándole trastear con sus instrumentos. 
Afortunadamente, hoy es más fácil encontrar formación especializada en Madrid, Valencia o La Coruña a través de centros tecnológicos que colaboran con la Confederación Española de Sociedades Musicales, conscientes de la creciente demanda de profesionales del sector. «Hay mucha demanda de lutieres. En el mundo hay tantos instrumentos que habría trabajo para los que estamos y para el doble», comenta. Una profesión, asegura Postigo, que se ha caracterizado tradicionalmente por su hermetismo. «Los técnicos han aprendido en casas o talleres y después han montado el suyo propio. Al no haber enseñanzas regladas, los conocimientos de esa gente no se han transmitido o no se quieren transmitir. En otros países como Francia o Inglaterra sí existen estudios reglados que abarcan tanto la construcción como la reparación de instrumentos musicales.
DEMANDA. Adrián Postigo recibe a El Día de Soria en su taller en plena ampliación, en el que ultima varias salas de lacado y barnizado, y donde encontramos muchas herramientas distintas «porque cada fallo precisa de una diferentes, no hay una que valga para todo». Llama la atención, nada más entrar, una exposición de instrumentos restaurados. Él se encarga de rescatarlos en subastas y el mercado online de segunda mano y darlos funcionalidad. «Sobre todo para los niños pequeños con su primer instrumento, ya que los padres son muy reacios a comprar uno nuevo que te vale un dinero considerable para que luego a lo mejor el niño no quiera seguir o que se le caiga». Los precios pueden ser la mitad.
En toda la provincia, asegura Postigo, no existe otro taller como el suyo. «Hay tiendas de música que hacen reparaciones de urgencia o pequeñas, pero no fuertes o que lleven cierta complejidad y ciertas técnicas. Donde más se concentran los técnicos es en la Comunidad Valenciana porque allí hay muchos músicos y bandas». Tras participar en el Semillero de Proyectos, ha logrado dar visibilidad a nivel nacional a su negocio inédito en Soria a través de su página web y redes sociales. 
Por todo ello, cree que su negocio puede ser rentable en Soria y en el medio rural. «Somos poquitos pero tenemos ocho bandas de música, una veintena de charangas, grupos de dulzaineros por toda la provincia, a lo que se suman las escuelas de música, el conservatorio…», detalla. Según sus cálculos, puede haber hasta 2.500 instrumentos musicales en Soria, teniendo en cuenta que los intérpretes suelen tener dos, al menos. «Cuesta mucho mandarlos a arreglar a Valencia, País Vasco, Madrid… porque conlleva costes y estar 15 o 20 sin él», sostiene. A pesar de su novedosa propuesta, lamenta que no haya mucha conciencia sobre la importancia de hacer un mantenimiento regular.  «Hasta que no es clamoroso el fallo, no se lleva a arreglar y al final se convierte en una reparación más costosa. Sin uso casi se estropean todavía más», advierte. 
La ausencia de eventos musicales estos meses ha paralizado el sector, por lo que confía en una recuperación progresiva gracias al comienzo de curso en las escuelas de música y la vuelta a los ensayos de las bandas. Sus aspiraciones prosiguen y en un futuro quiere ofrecer sus servicios en tiendas de la periferia soriana y colaborar con otros talleres en pulido y lacado. No descarta tampoco abrir una sede en Soria como escaparate de instrumentos recuperados.