LA LÍNEA GRIS

Javier Santamarina


Ciudadano Kane

La gravedad de la situación no se puede negar ante el anuncio de Michael Bloomberg de presentarse a las primarias de su partido; el Partido Demócrata. Podríamos decir que fue un exitoso alcalde de Nueva York durante tres legislaturas al sustituir a Rudy Giuliani, presentándose primero como republicano y después como independiente. Sustituir a Rudy no era fácil, porque aunque nos parezca sorprendente ahora, era un hombre con inteligencia y olfato político; todas estas cualidades parecen haberse evaporado desde su cercanía a Trump.

Otros resaltarán el dato de que Michael es el octavo en el ranking estadounidense de millonarios, puesto que deja a Donald Trump en un estatus casi de indigente. Tanto es así que ha decidido gastarse 37 millones de dólares en una semana en televisión para calentar el ambiente, superando la plusmarca anterior de gasto de Barack Obama. Esta capacidad financiera ha irritado al establishment del partido que pensaba que el tema estaba ya definido y que las primarias iban a ser una competición por saber quién es más de izquierdas.

Al distanciarse del enfrentamiento, lo primero que uno percibe es que el Partido Demócrata tiene un problema agudo de banquillo. Recuerda a la antigua Unión Soviética de la época de Andropov y Chernenko que era una tierna gerontocracia. No olvidemos que Michael Bloomberg tiene 77 primaveras, Bernie Sanders 78 años, la joven Elizabeth Pocahontas Warren solo 70 y la líder del partido, Nancy Pelosi cumplirá el 26 de marzo 80 años.

Los demócratas cuando encuentran a alguien menor de 50 años, les aparecen las arritmias de la emoción. Cuando uno llega a los setenta años puede aportar experiencia y sabiduría, pero es un error creer que se es apto para liderar plenamente un colectivo, empresa y desde luego un país. No significa que te vayas a morir mañana, sino que tus energías y capacidades están elegantemente de retirada. Si se es inteligente, se canaliza el conocimiento en la siguiente generación que debe liderar y construir proyectos.

Desgraciadamente, los demócratas parecen empeñados en obviar el país en que viven. Las universidades se han convertido en un microcosmos ficticio de la realidad de la nación y desean la supuesta seguridad del sistema europeo. Por su parte, Europa ha perdido el dinamismo económico, cultural y político al prescindir de la responsabilidad personal que aporta la iniciativa individual. Los americanos siempre han preferido ser dueños de su destino para ser libres. Es una vida dura pero plena y ahora cuestionada por muchos.