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Ucrania, "campo de batalla geopolítico"

A.P.L.
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Cada día cuando se levanta Iryna Kysil, ucraniana residente en Soria desde hace varios años, escucha con gran preocupación las noticias de «medios oficiales, politólogos y blogueros» de su país pero también las informaciones de España «para tener un

Ucrania, "campo de batalla geopolítico" - Foto: Eugenio Gutierrez Martinez

Cada día cuando se levanta Iryna Kysil, ucraniana residente en Soria desde hace varios años, escucha con gran preocupación las noticias de «medios oficiales, politólogos y blogueros» de su país pero también las informaciones de España «para tener un punto medio y poder valorar lo que realmente está pasando». En Kiev, la capital, viven su hermano con su familia, sus primos y muchas amistades, y cerca de la zona fronteriza de conflicto, en Dnipro, la familia de una amiga. Les pregunta constantemente cómo se encuentran y qué piensan, «lo importante es que no tienen miedo y se está trabajando en eso para no sembrar el pánico».

«El Gobierno, los militares y las mismas empresas tienen psicólogos para preparar a la gente. En Kiev siguen haciendo vida normal, trabajan, van a los colegios… No se están arrasando los supermercados, porque hay alimentos, hay de todo. Están alarmados, porque nadie sabe qué le pasará por la cabeza mañana a ese señor», explica haciendo referencia al presidente de Rusia, Vladimir Putin. «Puede pasar cualquier cosa. Lo que sí me han dicho es que tienen el depósito lleno, por si acaso tuvieran que trasladarse a la parte oeste de país», añade.

Desde 2014, cuando Ucrania solicitó entrar en la UE y en la OTAN y a Rusia «no le gustó» porque quería que siguiera siendo de su influencia y recuperar la URSS, «han estado alerta, aunque también en cierto modo acostumbrados, a la presencia de tropas rusas en la frontera». Pero este año están «más preocupados» porque «consideran que la amenaza es real, según les llega desde Occidente». Sobre la posibilidad de la invasión, Iryna apunta que sus familiares y amigos «están sobre el 50/50», pero todos confían en que no llegue a ocurrir nunca. «Queremos que nos dejen en paz, que no se utilice a Ucrania como campo de batalla geopolítica», asegura. Y deja claro que Ucrania «sí existía antes» que Rusia, recordando Rus de Kiev, la federación de tribus eslavas orientales desde el siglo IX al XIII.  De sus conocidos y familiares, «los chicos piensan que en el caso de que entren irán a defender su país y su ciudad. No me lo puedo ni imaginar...».

Lleva 20 años en España pero no ha perdido los lazos con su país y lo ha visitado frecuentemente, aunque con la pandemia no han podido. Putin «quiere satisfacer sus ambiciones imperialistas para reconstruir la URSS y Ucrania es uno de los países que no quieren que sea libre, independiente ni de la UE». 

manipulación. «Hacen todo lo posible para desestabilizar la situación. Invadieron Crimea y han manipulado el conflicto en Donbass, porque yo soy ucraniana pero rusoparlante. Yo en la vida he sufrido ni la más mínima amenaza por hablar ruso en mi país. Todo es geopolítica y la gente está sufriendo por eso», reflexiona apesadumbrada. Más que sentimiento prorruso en Ucrania, es más prosoviético, «hay gente soviética aún, diría que un 30%. Cada vez menos porque hay una nueva generación que no quiere saber nada de Rusia y de la URSS. Quieren otras posibilidades y libertades, que nadie tenga que decir cómo vivir». 

Espera que la diplomacia consiga evitar la guerra, «lo que ha conseguido Putin es unir a todo Occidente en apoyo a Ucrania. Espero que no cruce la línea». Si hubiera conflicto finalmente, desearía que sus amigos y familiares vinieran a España. Quiere que deje de utilizarse a Ucrania en un conflicto geopolítico con Estados Unidos, la OTAN y la Unión Europea. «Ya sabemos el ultimátum que han dado los rusos, que la OTAN no se acerque a sus fronteras, se sienten amenazados cuando ocupan Ucrania y atacaron Georgia en 2008 ¿Quién está amenazado y quién es agresor? Ucrania se está usando como un campo de batalla…», concluye agradeciendo la ayuda de España, que sin embargo se esperaba desde 2014.