El corazón soriano de Cataluña, encogido

Nuria Zaragoza
-

El presidente de la Casa de Soria en Barcelona relata el clima que se vive en la ciudad tras las revueltas. Allí viven más de 12.000 sorianos

El corazón soriano de Cataluña, encogido

Más de 13.600 sorianos viven en Cataluña, según el último censo de 1 de enero de 2019. Barcelona es, de hecho, la tercera provincia donde más sorianos de la diáspora residen, por detrás solo de Madrid (18.400) y Zaragoza (13.300). En concreto, según las estimaciones del INE, en la Ciudad Condal viven 12.089 sorianos, 737 lo hacen en Tarragona, 488 en Gerona y 326 en Lérida. Así las cosas, un trocito de Soria tiene el corazón encogido estos días con los múltiples disturbios registrados en Cataluña tras la sentencia del ‘procés’.  
«Yo vivo justo detrás de la Jefatura Superior de Policía y anoche [por el miércoles] lo pasamos realmente mal, muy mal. A las dos de la mañana empezaron a traer los contenedores... y tuvimos que bajar las persianas porque nos llegaban hasta el balcón las botellas que tiraban. Quemaron contenedores, y hasta algunos árboles y coches, y ardieron las infraestructuras de comunicaciones, de manera que hoy no hemos tenido internet en el distrito. Nos encontramos en el centro, donde está sucediendo todo, y lo vivimos en vivo y en directo y la verdad es que lo estamos pasando bastante fastidiado», relata el presidente de la Casa de Soria en Barcelona, César Pozo, quien reconoce que ha recibido varias llamadas estos días desde Soria preocupándose por la situación de los paisanos que viven allí.
Asegura que las imágenes que se ven en los informativos son «un fiel reflejo» de la «dura realidad» que están viviendo. Eso sí, matiza, ese clima de tensión se focaliza en la zona centro, de manera que otras áreas más alejadas, como donde se localiza la sede de la Casa de Soria en Barcelona, están «más tranquilas».   
La actividad en la casa regional, de hecho, se mantiene con normalidad y este mismo jueves se reunieron los socios como hacen habitualmente para desarrollar las actividades programadas. «En la fachada tenemos cuatro banderas, la de Castilla y León, la deSoria, la de España y la de Cataluña. Me comentaron que las quitara porque igual nos las quemaban, pero no tengo ninguna intención. Si las quito creo que es un signo de cobardía. Si las queman, que las quemen», sentencia Pozo, «orgulloso» de «ser castellano». Evita entrar en polémicas pero insiste en su sentimiento nacional. Mantenerse firme en sus creencias, reconoce, le ha costado ya «muchos amigos» e, incluso, discrepancias familiares. «Tenemos un problema enorme aquí», asume. «La convivencia se ha roto», añade. «No puedes hablar el tema ni con los hijos, porque ellos ya son nacidos aquí y sus ideas ya cambian», asume con voz quebrada. 
A nivel de Casa de Soria, reconoce, el tema Catalán se habló «hace dos años» [coincidiendo con el referéndum ilegal] pero ahora se ha quedado en pequeñas «pinceladas». «Eso no quiere decir que a partir de la próxima semana trataremos el tema de forma más seria», anuncia.
¿qué sensación se vive? «Ahora mismo aquí hay sensación de intranquilidad e incluso un poco de miedo», indica sobre el clima que se respira. Miedo, especifica, porque «sales a la calle y ves vallas y policía con metralletas, y tienes que explicar que vas a tu portal para que te dejen pasar y, depende de quien sea el policía, te acompaña o te apañas tú solo». «Estamos muy mal pero no queda más remedio que aguantar», sentencia, consciente de que, después de más de 60 años allí, (llegó con siete y tiene 70), su vida está en Barcelona. Eso sí, asegura, tanto él como otros sorianos cada vez miran con más anhelo a Soria. «Muchos sorianos me han comentado que valoran volver a Soria por el clima que se vive aquí y, de hecho, la gente cada vez alarga más sus estancias allí. Ahora prolongan la estancia hasta finales de noviembre», indica. De hecho, este año hubo que retrasar la festividad de San Saturio unos días, porque «el 30 de septiembre aún no habían llegado muchos», añade. Este sábado tienen prevista una excursión a Tarragona, en duda por el clima que se vive.