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Loli Escribano

SIN RED

Loli Escribano

Periodista


En la vida siempre se gana

20/05/2022

Cuando leo un libro que me gusta mucho, me entran ganas de escribir. Cuando voy al circo, me deslumbran las acrobacias y salgo de la carpa con ganas de ser trapecista. Cuando voy al teatro, me identifico tanto con los artistas que a los cinco minutos de empezar la función ya quiero ser actriz. Actriz de teatro, por supuesto. Si ese mismo sentimiento se despierta en la butaca del cine, pues quiero ser actriz de cine. En las exposiciones de pintura también he sentido cómo de repente me entra necesidad de ir a comprarme un lienzo, pinceles y óleos o acuarelas o témperas. Me ocurre lo mismo cuando en algún reportaje he visto trabajar a un buen modista: quiero salir pitando a coser. O cuando en la peluquería me quedo embobada viendo cómo manejan las tijeras y el cepillo, yo quiero aprender a cortar, peinar y marcar. Se me antoja todo lo que me agita el alma. Mitad antojo, mitad vocaciones. O mitad antojo, mitad pasiones. Puede que mitad antojo, mitad curiosidad. Pasiones que son profesiones. Ahora que la chavalería que está acabando segundo de bachillerato tiene que decidir qué carrera elige, yo tengo claro que si mil veces naciera, mil veces volvería a estudiar periodismo. Porque me encanta. Porque lo amo. Porque me ha dado mucho de lo que soy y mucho de lo que poseo tanto intelectual, emocional e incluso material. Porque soy como soy porque soy periodista. Porque me encanta decir que soy periodista. Porque desde que tengo uso de razón, solo quise ser periodista. 
Ahora que tengo cerca a varios de esos inminentes universitarios, constato que algunos, los menos, son de vocación clara y temprana como me ocurrió a mí. La mayoría no tiene ni idea de qué derroteros tomar. Algunos, por inercia, sin convencimiento, se matriculan en la carrera que uno de sus progenitores ejerce. Otros, en la que más les ha llamado la atención en la habitual charla en el instituto. También hay jóvenes que eligen por descarte, es decir, eliminan aquellas en las que nunca jamás se matricularían y valoran pros y contras de las que quedan. Hay más criterios de elección: los que bajo ningún concepto se quieren ir de Soria con la consecuente limitación de titulaciones y los que no se quedarían en Soria ni por todas las matrículas de honor del mundo. La elección de la carrera también está condicionada por el corte de nota. A todos los indecisos hay que animarles y ayudarles a que relajen los nervios ya de por sí acentuados con los exámenes finales y la inminente llegada de la temida EBAU. Pero sobre todo, hay que advertirles que no tener vocación clara a los dieciocho años no es un drama. Que la vida es eso: elegir, acertar y equivocarse. Que tienen todo el derecho a errar en la elección de una carrera como en cualquier decisión que tomen. Que no pasa nada si no aciertan y abandonan a los pocos meses. No es un fracaso. No es perder un año. La vida nunca se pierde. La vida siempre se gana.